Breve esquema delictivo para evitar manipulaciones inmorales

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Me resulta sorprendente que en pleno siglo XXI haya que explicar a determinadas personas, a las que se les presupone cierto nivel de cultura, que no de inteligencia, la tipología criminal para que dejen de sembrar dudas y rencores que por otro lado es lo que desean para justificar según qué determinadas posiciones, actitudes y decisiones.

Partiendo de la base de que cualquier asesinato es execrable y nadie, en ningún momento ni condición, independiente de su figura física o jurídica tiene derecho a disponer de la vida de otra persona a su antojo, cabe destacar las motivaciones por las que se cometen y que hacen que su diferenciación y su forma de ser percibidos por la sociedad difieran y creen posiciones muchas veces encontradas.

Se entiende por crimen político aquel que se realiza para hacer desaparecer a una persona con algún cargo público bien para ocupar su lugar bien con el ánimo de influir en la línea política; también se consideran crímenes políticos los denominados crímenes de lesa humanidad recogidos en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y que se definen como cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque general izado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, tortura, encarcelación contrarias al derecho internacional, violación, prostitución forzada, desaparición forzada de personas… Ejemplos, desgraciadamente, hay muchos fuera y dentro de nuestras fronteras: las muertes de Aldo Moro y Mahatma Gandhi, las dictaduras de Pol Pot, Pinochet y Videla, la limpieza étnica en la antigua Yugoslavia, Ruanda o Sudán del Sur, la política de exterminio nazi, los actos terroristas de Al Qaeda, IRA o ETA, o el más del millón de españoles que sufrieron la represión franquista, ejecutados, encarcelados, exiliados o en permanente vigilancia por las autoridades.

Delitos de odio son los que tienen lugar cuando una persona o grupo de personas ataca a otra(s) en función de su pertenencia a un determinado grupo social, por su edad, raza, género, religión, etnia, nacionalidad, ideología política, discapacidad u orientación sexual. También está recogido en el Estatuto de Roma en su artículo 7, párrafo h: Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género (…). Hipatía de Alejandría, Lucrecia Pérez, Matthew Sheppard, Daniel Zamudio, las agresiones a indigentes, las diatribas contra lgbt, las ofensas físicas y verbales a inmigrantes (pobres, a los ricos se les perdona todo), el desprecio manifiesto al otro, sigue y sigue…

El feminicidio es el asesinato evitable de mujeres por razones de género: aborto selectivo, infanticidio femenino en países donde se prefiere a los varones, asesinatos por honor, tráfico de mujeres, falta de comida o atención médica que se desvía a los miembros masculinos de la familia, violencia doméstica… las decisiones políticas en China o India, los asesinatos en Ciudad Juárez o Ciudad de Guatemala, la Comisión para la Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio de Arabia Saudí, el secuestro de las estudiantes en Nigeria o las 24 mujeres muertas a manos de sus parejas en nuestro país en lo que va de año.

Es una tipología frugal pero que nos sirve para distinguir los homicidios, asesinatos y tentativas motivados por dinero, celos y venganza.

El resultado es el mismo, la muerte, pero las motivaciones para llevarlo a cabo no, no debemos dejarnos llevar (ni que nos lleven) por caminos que justifiquen decisiones represivas y reprimidas basadas en justificaciones falsas y oportunistas.

Todo ello sin dejar de condenar todos y cada uno de los asesinatos y delitos sea cual sea la motivación y provengan de quien provengan.

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Modificado por última vez en Martes, 03 Junio 2014 11:49
Ruth Alvarado Sánchez

Doctora en Sociología, especializada en desviación social y género.

Especialista en Investigación Criminal.

Apasionada de la justicia y la igualdad.

Intentando continuar la estela de las grandes mujeres y excepcionales penalistas Doña Concepción Arenal y Doña Victoria Kent en la creencia de que el delincuente (y la delincuente) es una persona y por ello su comportamiento y sus necesidades deben ser estudiados, conocidos y de ser posible (en la medida de lo posible) dar una respuesta y solución.