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Arkham Asylum: Psych Profile. Una reflexión psico-criminológica de Batman y Joker
Fotografía de Pixabay.com

Arkham Asylum: Psych Profile. Una reflexión psico-criminológica de Batman y Joker

En memoria de Steve Dillon (1962-2016)

RESUMEN

En las últimas décadas, Batman se ha erigido como el héroe más popular de la historia del cómic, y Joker como el villano más conocido. Mucho se ha especulado sobre los dos personajes, sus motivaciones y si, realmente, su comportamiento es fruto de una o más enfermedades mentales. Este artículo pretende racionalizar la existencia de Batman como alter ego terapéutico de Bruce Wayne mediante la psicología existencialista, y a Joker como la respuesta a un cúmulo de factores altamente estresantes según la Teoría General de la Tensión.

 

INTRODUCCIÓN

No es casualidad que la popularización de los cómics en los Estados Unidos sucediera durante los años de la Gran Depresión, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial (Comic Vine, 2014). En un período de incertidumbre política y de la consumada desaparición de las colonias alrededor del mundo, los aventureros locales daban paso a grandes redescubridores del pasado de la mano de grandes autores europeos (casi todos franco-belgas, como Tintín (de Hergé), Astérix (Goscinny & Dargaud) o Spirou y Fantasio (De Velter).

Mientras Europa reivindica su pasado descubridor –en el que el viejo continente se reconoce, irónicamente, como baluarte de la modernidad con un extraño regustillo a explorador cuando vemos a sus héroes viajar a África, el Amazonas, a China o a islas misteriosas, todos ellos lugares repletos de indígenas de facciones exageradas y graciosas–, los Estados Unidos venden otra clase de ciudadano ideal: el superhéroe, una figura cuya superioridad no solo es moral –defenderá los valores capitalistas y democráticos–, sino también física.

Ambos héroes –los aventureros europeos y los superhombres norteamericanos– representan dos ideas, dos valores con los que contrarrestar los regímenes totalitarios que brotan en el mundo tras una crisis social y económica sin precedentes:

  • El nacionalismo: el bueno, el fetén. El nacionalismo norteamericano se erige en sus cómics como el estandarte de la libertad y la prosperidad del capitalismo contra los fascistas lunáticos de Hitler y Mussolini, y la bestia roja comunista del camarada Stalin. El europeo presenta personajes cuya crítica a los totalitarismos es más sutil 1, y reivindican sus países y hogares como espacios idílicos –nunca amé más la campiña gala que cuando leí las aventuras de Spirou y Fantasio–, mientras se adentran en los fantasmas de su pasado colonial explorando el mundo que ya no poseen.
  • El ciudadano ideal: el superhombre nazi somete y conquista. El superhombre norteamericano defiende América y lucha contra el crimen, siempre desde una perspectiva racial blanca, en consonancia con la clase de enemigo al que se enfrenta la nación. Nietzsche se tira de los bigotes. Mientras tanto, el héroe que proponen los autores europeos son seres humanos ávidos de aventuras y, casi siempre, ingeniosos y valientes.

Es en este período cuando se gesta la figura de un superhéroe, Batman, cuya oscuridad fue más visible en los años sucesivos a la primera publicación, y de su archinémesis, Joker, cuya naturaleza asesina apareció ya en la primera publicación exclusiva (Kane & Finger, 1940). Originalmente concebido como una mezcla entre genio detectivesco al estilo Sherlock Holmes y justiciero enmascarado como el Zorro, la figura de Batman pretendía transmitir misterio. El Joker, por otra parte, ya había sido pensado como un criminal especialmente aterrador y duradero.

El análisis de Bruce Wayne y de Batman no se ciñe tanto a su salud mental como a su sistema de pensamiento intrapersonal, y la traducción de éste en su lucha contra el crimen.

La relación de Batman y Joker se caracteriza por las aparentes contradicciones que envuelven ambos personajes y sus sorprendentes similitudes; el orden contra el caos, aun cuando Batman doblega la ley a su gusto para proseguir con su cruzada contra el crimen; la locura contra la cordura, aun mostrando Bruce Wayne patrones de comportamiento violentos y anormales según los cánones de lo que se define como una “psique sana”; amor y compasión frente a odio y crueldad, si bien el Joker logra inspirar una tenebrosa lealtad entre sus compinches, y llega a despertar emociones en su amante eventual, Harleen Quinzel.

La evaluación de ambos personajes no puede –ni debe– ceñirse solo a su idiosincrasia interior, sino alcanzar la relación que éstos tienen con su entorno. Este artículo no entrará en detalles sobre su relación, sino que observará a Batman y a Joker como dos entes independientes.

DEL SUPERHÉROE DE CÓMIC AL DE CARNE Y HUESO: EXTRAPOLACIÓN DEL VIGILANTISMO

Es común en las versiones originales leer el término vigilante 2 para definir a los superhéroes. El fenómeno del vigilantismo –si bien precisa de una mejor conceptualización– es la adopción, por parte de una persona u organización, del rol legalmente reservado a cuerpos de seguridad y al poder judicial, entendiéndose por ello la persecución de delito y el castigo a los delincuentes.

La práctica del vigilantismo se asocia a la pérdida de confianza en las fuerzas policiales y/o gubernamentales (Haas, de Keijser & Bruinsma, 2015). Sus variantes más extremas envuelven la creación de organizaciones paramilitares o milicias más o menos toleradas por los gobiernos, lo cual se engloba en una problemática propia de los weakstates, o estados débiles (Schuberth, 2013). No se conoce tipificación del vigilantismo en ningún código penal; Hines (1998) señala que ello se debe a que, de hecho, “ningún estado reconoce un ‘vigilantismo justificado’ o ‘defensa comunitaria’ frente al delito. En consecuencia, el sistema legal no trata a los vigilantes de forma distinta a otros ciudadanos” 3.

El fenómeno del vigilantismo tiene, además de la geográfico-cultural, una lectura sociopolítica vinculada a la “securización” del delito. Con el ejemplo de Sudáfrica, Schuberth (2013) señala la demanda de seguridad en aquellos espacios donde la marginalización de parte de población –la población negra en el caso de Sudáfrica– incrementa el sentimiento de inseguridad. La fuerte presión pública a la que las fuerzas de seguridad se ven sometidas facilita que éstas toleren la irrupción de grupos vigilantes.

El apoyo social al vigilantismo no es fácil de evaluar, y exige medir conceptos como la confianza en las fuerzas del orden, la percepción personal sobre qué es justicia y qué no lo es y las reacciones empáticas según el escenario delictivo (Haas, De Keijser, & Bruinsma, 2012). Los Estados Unidos, país con una gran tradición a favor de la propiedad privada y crítica con la intromisión del gobierno en la vida de sus habitantes, ha sido tierra fértil para las organizaciones patriotas y paramilitares (Garza, 2014; Hornaday, 2012; Percy, 2015), si bien su existencia es defendida como una necesidad para que la población conserve su soberanía personal (Hines, 1998).

La popularización de los héroes de cómic provocó una idealización de la imagen del héroe enmascarado que protege a la población del crimen y las injusticias, provocando una proliferación, más bien anecdótica, de personas individuales que patrullan las calles de grandes ciudades anglosajonas, despertando suspicacias entre la ciudadanía y las fuerzas y cuerpos de seguridad; las leyes, al fin y al cabo, tipifican prácticamente cualquier comportamiento de los que se presuponen en un caso de vigilantismo. Igual de inquietante es la explotación del vigilantismo como espectáculo televisivo en programas como To catch a predator (Yagher, 2004), y cuya naturaleza engañosa para atraer a posibles agresores sexuales ha suscitado problemas legales graves como la provocación para delinquir –o entrapment–, tipo penal existente tanto en España como en Estados Unidos, sede del programa To catch a predator.

BRUCE WAYNE, O “CORDURA EXTREMA”

El origen de la obsesión por combatir el crimen del cruzado encapotado fue el asesinato de sus padres a manos de Joe Chill, un criminal común (Detective Comics, #33). Semejante experiencia marca el deseo irrefrenable de Bruce Wayne por luchar de manera perpetua no contra el hombre que destruyó su inocencia, sino contra aquello que representa: el crimen.

Un evento como presenciar la muerte violenta de los progenitores puede conllevar, como alteración psicológica principal, Síndrome de Estrés Post-Traumático (American Psychiatrist Association, 2015), un diagnóstico aparentemente plausible para describir el nacimiento de Batman (O’Neill, 2008). El SEPT es un trastorno cuyo diagnóstico es la manifestación de uno o más síntomas característicos tras la vivencia de uno o más eventos Traumáticos (DSM-V, 2015), siendo el recuerdo constate del evento uno de los síntomas más comunes. O’Neil (2008), señala la presencia de los criterios diagnósticos para dar validez a la presencia de estrés post-traumático en la figura adulta de Bruce Wayne.

A lo largo de las publicaciones sobre Batman, Bruce Wayne aparece como un adulto con capacidad de control sobre los recuerdos relativos a la muerte de sus padres. En relación al segundo criterio, las veces en que el cruzado encapotado parece no controlar sus recuerdos son inducidos para desestabilizarlo mentalmente, ya sea a través del gas del miedo de Jonathan Crane –el Espantapájaros– (Loeb, Sale & Wright, 1996), como con el diseño de un escenario teatral con grabaciones de voz con las voces y con maniquíes de sus padres a manos del doctor Hugo Strange (Moench, Gulacy & Austin, 1990).

La disciplina en múltiples facetas de la vida –laboral y personal–, el entrenamiento físico y el cuidado puesto en el control de dos vidas paralelas serían indicios de la ausencia de un trastorno mental según la primera parte de la definición del DSM-V, en la que el trastorno mental es:

…un síndrome caracterizado por una alteración clínicamente significativa de la cognición, la regulación de las emociones, o del comportamiento que se traduce en una disfunción en los procesos psicológicos, biológicos y de desarrollo relacionados con el funcionamiento de la mente. Los trastornos mentales suelen asociarse con un malestar significativo en el desarrollo de actividades sociales, laborales y demás (p. 20).

Queda patente que el estrés post-traumático no es, en absoluto, un elemento presente en la psique de Bruce Wayne ni juega un papel relevante en el nacimiento de su alter ego, si bien este artículo buscará otros elementos relevantes en la idiosincrasia del héroe.

DISFRAZARSE PARA NO VOLVERSE LOCO: DESMONTANDO EL MITO DE LA ENFERMEDAD MENTAL

El principal rasgo definitorio de los trastornos disociativos de personalidad –experiencia de ser poseído, o convertirse en observadores de los actos de uno mismo– (DSM-V, 2015) es determinante para dar un diagnóstico negativo a Bruce Wayne, si bien su alter ego se manifieste en él en la forma de un auténtico murciélago que irrumpe súbitamente en los momentos en los que el magnate parece dudar o echar de menos a Batman (Miller, Janson & Varley, 1986; Miller, Mazzucchelli & Lewis, 1987).

El trastorno por disociación de identidad puede guardar relación con síndromes de estrés post-traumático en tanto que la posible cronicidad en el tiempo del trauma (Sar & Ozturk, 2007), y algunos de los patrones de comportamiento de Batman en detrimento de Bruce Wayne pueden percibirse como propios de un trastorno disociativo.

El énfasis en el desarrollo de la personalidad de Batman, aunque evidente, no responde a una pérdida de la autonomía de la persona de Bruce Wayne. Los indicios de una doble personalidad o de una superposición de Batman jamás parecen evidente a lo largo de su historia, por bien que Bruce Wayne sigue respondiendo por su nombre en aquellas ocasiones en las que Alfred, su fiel mayordomo, le llama a través de la batcueva.

La cordura manifiesta de Bruce Wayne puede resumirse en las palabras de Rosenberg en su libro What’s the Matter With Batman?: An Unauthorized Clinical Look Under the Mask of the Caped Crusader (2012): “Personalmente, no creo que [Batman] tenga algún trastorno de personalidad más allá de la depresión.

Se trata, simplemente, de un introvertido muy racional que tomó una decisión muy extraña, la cual la mayoría de la sociedad consideraría una terrible locura” 4.

LA JUSTICIA DEL CRUZADO ENCAPOTADO: RACIONALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA

El presente apartado tiene por objetivo ofrecer una explicación racional a la acción vigilantista de Bruce Wayne bajo su alter ego, Batman, en contraposición de las hipótesis de la presencia de trastornos mentales.

PSICOLOGÍA EXISTENCIALISTA Y CULPA

Bruce Wayne se somete a un régimen de vida extremadamente rígido que otro ser humano sería incapaz de llevar. Pero, a juzgar por la energía y vitalidad que desprende Batman, semejantes esfuerzos parecen dotar de sentido y razón de ser al millonario heredero de Industrias Wayne. Donde Bruce tiene dudas, Batman no vacila. El hombre se hace preguntas; el murciélago es la respuesta. Bruce es un cascarón; Batman, un propósito de existencia.

La tradición filosófica existencialista ha intentado ofrecer una respuesta o, al menos, herramientas para el análisis a las cuestiones relacionadas con la mera existencia humana. La angustia provocada por dudas como el sentido de la vida, el miedo a la muerte, el anhelo de libertad o el miedo al aislamiento, síntomas todos presentes en múltiples trastornos mentales, ha despertado a lo largo del siglo XX el interés de la psicología.

La psicología existencial es una disciplina enraizada en la filosofía homónima discutida por autores como Nietzsche, Kierkegaard o Heiddeger, que evalúa las estrategias que sigue una persona para gestionar las preguntas sobre su propia existencia como ser humano (Koole, 2008).

Mientras la teoría de la tensión o anomia 5 –la presión social por alcanzar metas socialmente aceptables, junto a la falta de los medios necesarios para ello– (Merton, 1932) invita a racionalizar cómodamente algunos conflictos y delitos y permite adaptarse cual pieza de puzle a demás tesis utilitaristas como la teoría de la elección racional (Hodgson, 2012) 6,la psicología existencial mide y observa el comportamiento del ser humano como reflejo, respuesta o consecuencia de las ya mencionadas angustias existenciales. Este enfoque disciplinar parece encajar bien con algunas formas de delincuencia expresiva, aquella en la cual el acto delictivo en sí es el fin, y no un mero “paso” o estrategia para la consecución de otros objetivos, pero puede ofrecer, también, una explicación a las motivaciones del cruzado encapotado a partir de dos aspectos que la psicología existencialista considera focos de angustia en la persona: identidad y aislamiento social.

El sentimiento de culpabilidad real e imaginada, entendido como el sentimiento de malestar o responsabilidad por provocación u omisión de un peligro o daño, es un poderoso motivador para actuar (Nader, 2001), elemento primordial en la construcción del argumentario de Batman. A partir de la definición de culpa de Nader (2001), Parece plausible afirmar que el cruzado encapotado padece sentimientos de culpa reales e imaginarios:

  • Culpa imaginaria o survivor’s guilt: padecidos por Bruce Wayne por A) no haber sufrido lo mismo que sus padres, B) ser incapaz de socorrerles, y C) ser incapaz de enfrentar al victimario (Holen, 1993; Simpson, 1993, citados por Nader, 2001). Aunque un jovencísimo Bruce Wayne poco podía hacer para evitar el fatal desenlace de su familia, el deseo de haber decantado la balanza en aquél evento traumático fue arrastrado hasta su edad adulta, fruto de lo que Nader llama “culpabilidad no resuelta”. Las respuestas de este cúmulo de sentimientos pueden derivar en violencia hacia uno mismo o hacia terceras personas en un deseo por restablecer la justicia, como se verá en punto 3.2 de este texto con el concepto third-party punishment.
  • Culpa real: experimentada a lo largo de la vida de Batman, la culpa real es aquella derivada directamente del comportamiento de quien la padece, siendo los ejemplos más evidentes de dicha culpa en Bruce Wayne la reiterada puesta en peligro de Robin –menor de edad en algunas publicaciones– (Dixon, Beatty, Pulido & Martín, 1992), e incluso su propia muerte a manos de Joker en Batman: A Death in the Family (Starlin, Aparo & DeCarlo, 1989).

Otra arista de la culpabilidad poliédrica de Bruce Wayne para justificar la vida de Batman tiene que ver con el sentido de la responsabilidad propia de aquellas personas cuyo trabajo consiste en proteger y asegurar el bienestar de otros, como sería el caso de agentes de policía, médicos o bomberos (Nader, 2001), siendo entonces su labor parecida a la de estos colectivos. En consecuencia, el control y confinamiento de criminales peligrosos y el rescate de inocentes supone no solo una obligación, sino una fuente importante de estrés y un factor de riesgo para la irrupción de un posible síndrome de estrés post-traumático (Brown, 2003).

La identidad de Batman es un instrumento para infligir miedo a los delincuentes y crear un personaje mítico al que temer y, a su vez, provoca fuertes reacciones y acalorados debates en la sociedad de Gotham (Miller, Janson & Varley, 1996). La vitalidad de Batman es absoluta en el imaginario de la ciudad a la que protege, y, por ende, la conciencia de ser de Bruce Wayne sale reforzada. Batman necesita a Wayne para existir; la mera interacción del mundo exterior obliga al millonario dueño de Industrias Wayne a vivir, algo que la psicología existencial catalogaría, a todas luces, de éxito terapéutico.

El aislamiento social, otro de los pilares del existencialismo, parece no hacer mella en la persona de Bruce Wayne, siempre y cuando Batman siga existiendo. El proceso de disociación o trasvase de personalidad mencionado en el apartado 2.1 se refleja en este punto; todos los seres con los que Bruce Wayne comparte un vínculo social profundo conocen a su alter ego enmascarado 7.

IMPARTICIÓN DE JUSTICIA Y CONTROL DE LA VIOLENCIA POR IMPERATIVO MORAL

Uno de las características clave en la estrategia de Batman por combatir el crimen es la acción directa mediante la coacción o neutralización violenta de los delincuentes. A este respecto, el hecho de que su actuación recaiga solo sobre la interrupción del hecho criminal y la neutralización del victimario se circunscribe en el espacio del derecho que tienen las fuerzas de la Ley de infligir un castigo a terceros –o third-party punishment–, esto es, la respuesta del estado, y no de víctimas específicas, a la ruptura de las normas sociales y legales. Fehr y Fischbacher (2004) concluyeron en un estudio que el grado de aceptación y de colaboración al castigo de las conductas anti normativas en la población es elevado, y, además, motivado por sentimientos negativos hacia los delincuentes. Sin querer hacer de este estudio una generalidad, sus conclusiones invitarían a pensar que las acciones violentas de un tercer actor sin afán de venganza –Batman– contra delincuentes serían aprobadas por el ciudadano medio, que podrían percibir al cruzado encapotado como un cooperante a favor de las normas sociales 8.

El control que ejerce Batman sobre la violencia a la hora de administrarla sobre sus enemigos sirve para ver en su uso una justificación fría y razonada, a favor de una idea, en contraposición a una respuesta emocional a su sufrimiento. Mientras los sentimientos de ira explicarían una violencia retributiva “a toda costa”, el castigo a terceros puede asociarse también al deseo de reforzar la confianza en la justicia entre miembros de un grupo o comunidad (Nelisen & Zeelenberg, 2009), en este caso, a los ciudadanos y ciudadanas de Gotham. Así pues, los actos de Batman se acercan más al altruismo por empatía hacia las víctimas de actos delictivos (Nelisen & Zeelenberg, 2009) y a las teorías de la prevención tal y como las interpreta Bentham (1826), celebrando y reafirmando la conciencia social de la norma que Jakobs y Hassemer consideran propia de la prevención general positiva (citados por Mir, 2006).

JOKER

Las primeras apariciones de Joker en las publicaciones de Batman presentaban a un asesino en serie psicopático, limitando la imagen de delincuente guasón a series de televisión, y siendo rara esa imagen en los cómics.

La figura del Joker es, en contraposición de la de Batman, un agente del caos cuya interacción con el entorno es histriónica, con afán de notoriedad, extrovertida y, a todas luces, excéntrica; las irrupciones que Joker realiza en el sistema social de la ciudad son tan directas y brutales que ejerce un contagio que el mismo cruzado encapotado reconoce (Kane, Staton & DeMatteis, 2008), y su actuación tiene siempre un efecto más palpable –y devastador– que el de Batman 9. De hecho, una ciudad acostumbrada la actividad continuada del Joker reconocería ciertos efectos secundarios a corto, medio y largo plazo similares a los de la población sujeta a actividades terroristas (Bleich, Gelkopf & Solomon, 2003).

Las motivaciones de Joker para delinquir varían desde instrumentales hasta expresivas, como resultado del punto de vista que los guionistas han tenido del archinémesis de Batman a lo largo de su historia, pero el componente de violencia expresiva siempre ha permanecido, a diferencia de los crímenes con ánimo de lucro.

La popularización de la lógica positivista en una época de descubrimiento científico provocó la formulación de teorías absolutas sobre la desviación de la norma peligrosamente deterministas (Lombroso, 1896). Lejos de ser refutada, la idea primordial de Cesare Lombroso ha sido sometida al escrutinio científico y a una radical reformulación, con el objeto de hallar un hipotético gen del crimen o, al menos, para dilucidar de manera fiable la responsabilidad criminal del reo (Zavatta, 2015). A este respecto, si la observación directa de Batman y de Bruce Wayne basta para descartar trastornos mentales graves, una evaluación neurológica de Joker sería recomendable para dilucidar la responsabilidad final de sus actos.

Teniendo en cuenta que se estudia un personaje de ficción, la observación de Joker a lo largo de nueve publicaciones sirve para visualizar patrones más o menos estables de comportamiento en el conjunto de sus apariciones. La siguiente tabla identificará pautas de comportamiento que casan con la sintomatología de varios trastornos mentales plausibles en Joker a lo largo de nueve publicaciones en forma de checklist:

La conclusión de las siguientes tablas es la ausencia de un patrón de síntomas propios de personas con problemas mentales específicos, salvo, quizá, un posible trastorno de personalidad antisocial, caracterizado por la impulsividad y la reiterada violación de las normas sociales, así como el desprecio más absoluto hacia la vida humana, y cuya definición en el DSM-V reza así:

[…] Patrón persistente de desprecio y violación por y de los derechos de los demás con inicio en la infancia o pre-adolescencia y sigue durante la edad adulta. Este patrón ha recibido también el nombre de psicopatía, sociopatía, o trastorno de personalidad disocial. […] Las personas que padecen este trastorno tienen dificultades a la hora de respetar las normas respecto a actuar conforme a la legalidad (p.659-660) 10.

Y es que el criminal más implacable de Gotham, si bien impredecible, tiene control sobre sus actos y capacidad para planear acciones a corto, medio y largo plazo. A la capacidad de planificación se une la posesión de las cualidades intelectuales y sociales básicas para gestionar organizaciones criminales y negocios provechosos; en definitiva, habilidad, vitalismo e ingenio para obtener recursos tanto físicos como económicos, talento difícil de desarrollar padeciendo trastornos mentales graves.

Los vastos conocimientos que posee el villano en la elaboración de bombas y de productos químicos letales presuponen una formación superior, típica de niveles universitarios, o, cuanto menos, de una altísima inteligencia, rasgos considerados atípicos en personas con personalidad psicopática 11 (Pedersen, Kunz, Rasmussen & Elsass, 2010). Los autores citados citan –valga la redundancia– el CAPP (Comprehensive Assesment of Pshychopathic Personality) como instrumento idóneo para cubrir toda la sintomatología psicopática a través del estudio de treintaitrés síntomas disponibles, sin desdeñar el PCL:SV (Psychopathic Checklist Screening Version) (Pedersen et al., 2010).

El CAPP ofrece, según los autores, una imagen dinámica y flexible plasmable que permite no solo evaluar la virulencia de los rasgos psicopáticos de un individuo, sino también los riesgos de reincidencia. El uso del CAPP y su plasmación mediante una curvatura de operación del receptor (COR o ROC) 12 determinarían, de manera fiable, la sensibilidad de Joker a determinados estímulos según los síntomas psicopáticos que se le presupondrían.

Cabe esperar de Joker una lectura de corte sistémico, puesto que el reto sería minimizar el impacto que provoca su contacto con el mundo que lo rodea, resultado de una adaptación desquiciada al mismo. En palabras de la doctora Ruth Adams, psicoterapeuta en Arkham Asylum: A Serious House on Serious Earth (1989):

Es posible que su caso sea el de una cordura extrema. Una nueva percepción humana […], adecuada para la vida urbana de finales del siglo XX. […] A diferencia tuya y mía, Joker parece no tener control sobre la información sensorial que recibe del mundo exterior. Solo puede tolerar el flujo caótico de información al dejarse llevar por la corriente (p. 27).

EL JOKER Y LA TEORÍA GENERAL DE LA TENSIÓN

La relación entre Batman y Joker es muy compleja; basta con leer, a través de las páginas de los cómics, las intervenciones de uno y otro y las motivaciones para comunicarse. Mientras Batman intenta detener la locura genocida de su adversario con el diálogo, Joker construye los suyo mediante chistes, gracietas y acercamientos burlones, cuando no homoeróticos, con cachetes en el culo y preguntas del estilo “¿Qué tal el chico maravilla, Batman? ¿Ya se rasura?” (Morrison & Mckean, 1989; Miller & Janson, 1986).

El presente artículo ha presentado a Batman como la solución mental de Bruce Wayne a sus dudas existenciales, y desdeñando –u obviando con temeridad– cualquier trastorno psicológico. Tomando como punto de referencia las nueve publicaciones abordadas (ver tabla 4), la supuesta locura de Joker puede ser la respuesta a una serie de eventualidades que han presentado el mundo y su forma de regirse de igual manera tanto al payaso asesino como al cruzado encapotado, siendo sus visiones iguales, pero sus respuestas antagónicas.

La teoría general de la tensión (en adelante, TGT) se basa en la noción de que diversos factores estresantes o de tensión pueden aumentar la probabilidad de desarrollar emociones negativas tales como ira o frustración (Agnew, 2006). A falta de mecanismos para afrontar dichas emociones, algunos individuos usar el delito como estrategia para reducir o eliminar esa tensión (Agnew, 2006).

Según Agnew, la tensión se divide en objetiva –aquella generalmente molesta para la mayoría de un grupo o población– y subjetiva –aquella molesta para individuos específicos, a menudo porque solo la padecen ellos–. La tensión objetiva suele enmascarar el grado de malestar que pueden generar en personas concretas –p.ej., presión social por obtener ciertos bienes materiales, como una vivienda o un coche, o alcanzar ciertas metas sociales, como tener pareja o un empleo de categoría– según su círculo personal; lo que en un grupo social puede no importar, en otro grupo puede ser vital, y sus miembros vivirán esas exigencias de distinta forma.

Los tensores más proclives a provocar respuestas criminógenas están relacionados con características propias de los individuos:

  • Control social bajo
  • Falta de habilidades sociales
  • Falta de habilidades de afrontamiento y resolución de problemas
  • Locus de control externo (tendencia a no tomar responsabilidad de sus propios actos, culpando a los demás

La transversalidad de la TGT en relación a condiciones específicas de los sujetos tratables permite aplicar la teoría a ejemplos extremos, como el de Joker. La risa asesina (Moore & Bolland, 1988) presenta un origen del personaje aplastado bajo el peso de la responsabilidad de cuidar de su esposa, de su futura hija, y de sí mismo. En el cómic, un comediante fracasado lleva una vida miserable y que, carcomido por la culpa, decide aceptar un encargo que pasa por cometer con unos matones un robo en una planta química. Casi de inmediato, la muerte de su esposa y de su hija sobrevienen a un hombre muerto de miedo que, al día siguiente, se enfrentará sin desearlo a un temible guerrero –Batman–, provocando su salto en un tanque de productos químicos, alterando su rostro, quemando su piel, de manera que parezca un payaso. Al verse el rostro en un charco de agua, la risa que le sobreviene es demencial.

Una cascada de eventos terribles pasados y presentes –pobreza, fracaso profesional como comediante, muerte de su familia, terror por Batman y parecerse literalmente a un payaso– crean un nuevo ser, un alter ego, que permite al protagonista afrontar la tensión que el mundo ha puesto sobre él. Joker nace con el mismo objetivo que nació Batman; como estrategia de afrontamiento a la vida y a todo lo que conlleva. En este punto, la existencia como líder criminal y asesino se convierte en algo estable cuando, como irónico colofón, la balanza expectativas/éxitos de Joker es mucho más positiva que la de su alter ego no delincuente.

CONCLUSIÓN Y REFLEXIÓN

El propósito de este artículo es, y ha sido, romper una lanza a favor de la salud mental de ambos personajes. De hecho, se han obviado un gran número de trastornos de personalidad que fácilmente podrían asociarse tanto con Batman como con Joker. En una sociedad obsesionada con etiquetar todo y a todos para comprender, la evaluación de nuestro entorno a través de un prisma multidisciplinar y no de absoluto contribuye a la racionalización de la realidad de manera sensata. No debemos olvidar las aportaciones de las teorías de corte sociológico a la etiología del delito y de sus principales actores –víctima, victimario, comunidad–, cuya racionalización del fenómeno nos ayuda, en opinión del autor, a usar con más tiento terminología tan peligrosa como “enfermo”, “loco” o “psicópata”.

Joker percibe el mundo igual que el resto de nosotros, pero entiende que su núcleo es un río de caos, el nihilismo más absoluto. En consecuencia, y para no perder de verdad la cabeza, se deja llevar por él. Ese es, en definitiva, su mecanismo para afrontar los golpes de la vida. En La risa asesina, el personaje reprochaba a su mujer que esta pudiera creer que se tomaba la vida como un gran chiste. Paradójicamente, Joker llega a la conclusión de que, en efecto, el mundo es una broma cruel, y debe actuar en consecuencia para mantener una suerte de cordura.

Batman, por otra parte, se niega a ser arrastrado por ese torbellino de caos que, de hecho, le llama una y otra vez en forma de villanos “dementes”. Como Bruce Wayne no puede hacer mucho para comprender ese sinsentido que se llevó a sus padres y que a veces daña a sus seres queridos; como Batman, sin embargo, puede responder a ese dolor, enfrentarse a él, ponerse una armadura –de materiales plásticos o de metal futuristas o de látex y cuero, según lo hortera que sea el artista que lo interprete 13–, y vencer a la locura.

Un personaje se afronta a la tensión y a la angustia de existir fluyendo con ella; el otro, luchando contra ella. La rivalidad entre los dos enemigos es un diálogo macabro en el que uno intenta arrastrar al otro a su terreno sobre una misma disputa; cómo gestionar el sufrimiento.

La reflexión final que se desgrana es la siguiente: no deberíamos diagnosticar solamente al individuo, sino el entorno y, con ese diagnóstico, trabajar por mejorarlo. A veces, el mayor factor criminógeno subyace en ese entorno de presión y competitividad, de la búsqueda urgente de un éxito definido por terceros irresponsables, que, un día, termina de convencer a un tipo como Joe Chill, el asesino de los padres de Bruce Wayne, para que apriete el gatillo.

Como diría Joker: Solamente se necesita un mal día para llevar a un hombre cuerdo a la locura 14.

BIBLIOGRAFÍA

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1Ver, en Spirou, la figura de Zorglub como genio científico convertido en dictador patético; en Astérix, un Júlio César que intenta someter las culturas extranjeras ante la romana, con un final amable en el que el césar cede Roma a los galos; Figuras en Tintín como el general Plekszy-Gladz, que dirige una nación con estilos propios de las dictaduras fascistas y soviética.

2En inglés, del original.

3Traducción del autor: No state currently recognizes a 'Justified Vigilantism" or "Community Protection" defense to criminal prosecution." As a result, the established legal system treats vigilantes no differently than other citizens

4Traducción del autor: Personally, I don’t think he has any real mental disorders outside of depression. He is a just a very rational introvert who made a very strange decision that most of society would see as a terrible, and downright crazy idea.

5Una expansión de la “anomia” definida por Émile Durkheim.

6Una frase de Hodgson que evidencia la relación entre teoría de la tensión y teoría de la elección racional es la siguiente: “Otra noción prominente sobre la racionalidad es que la gente intenta hacer lo mejor que pueden según las circunstancias. […] Esta noción de ‘hacer lo mejor que se puede’ no es del todo vacía de contenido,

7Ignorando a los enemigos: Alfred pennyworth, mayordomo; Dick Grayson, JasonTodd, Tim Drake, Robin en sucesivas publicaciones; Talia al’ Ghul, amante; Selina Kyle, Catwoman; Lucius Fox, empleado de Industrias Wayne; Shondra Kinsolving, amante de Bruce Wayne; Jean Paul Valley, aliado de Batman, etc.

8El estudio de Fehr y Fischbacher (2004) llega a una conclusión igualmente interesante; las personas afectadas por el comportamiento antinormativo (en el estudio, aquellas cuyo patrimonio se veía afectado), eran proclives a exigir un castigo mucho mayor que el que exigían las personas no afectadas directamente por el comportamiento anti normativo. Este aspecto, haciendo un ejercicio de imaginación, podría amoldarse a la razón por las que Batman es capaz de modular el nivel de violencia que ejerce sobre sus enemigos, y el por qué no comete actos más graves, como asesinarlos.

9Ataque a la población en diversas publicaciones con “gas de la risa” (Mahnke, Baron & Leigh, 2008; O’Neill & Blevis, 1993), uso de bombas, secuestros,

10Traducción del autor. “[…] pervasive pattern of disregard for, and violation of, the rights of others that begins in childhood or early adolescence and continues into adulthood. This pattern has also been referred to as psychopathy, sociopathy, or dyssocial personality disorder. […]deceit and manipulation are central features of antisocial personality disorder. […] Individuals with antisocial personality disorder fail to conform to social norms with respect to lawful behavior”.

11Aspecto discutible si tenemos en cuenta los individuos señalados como “psicópatas socializados”.

12Las curvas ROC determinan el comportamiento de un individuo en relación a la detección de estímulos que se le presentan. El objetivo es definir su nivel de sensibilidad y los criterios que sigue, identificando en las pruebas errores, aciertos y falsos positivos.

13Ver Batman Forever, película de 1995 dirigida por Joel Schumacher.

14Traducción del autor: “It only takes one bad day to drive an ordinary man insane”.

 

Modificado por última vez en Lunes, 12 Diciembre 2016 17:40
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