No es la primera (ni será la última) vez que los estudiantes llegan al final de su aventura académica descubriendo que aquellos que debieron ser sus tutores y defensores, les dejan ignominiosamente en la estacada. La palabra criminología ha supuesto un terrible estigma para sus estudiosos a la hora de enfrentarse a la realidad laboral. Aun contando entre sus filas con verdaderos talentos, los responsables de su promoción en la esfera pública y privada han desaprovechado a todas esas personas que han hecho de esta disciplina su presente y su futuro.

En 1846, el poeta italiano Francesco Dall´Ongaro publicó en Trieste un drama histórico titulado Il Fornaretto, que se basaba en una injusticia que, al parecer, se cometió en Venecia a comienzos del siglo XVI. Se dice que, en 1507, el joven panadero Pietro Tasca –enamorado de la camarera, Annella, que trabajaba en casa de la familia del magistrado Lorenzo Barbo– fue a repartir el pan, como cada mañana, cuando se encontró en el Puente de los Asesinos una daga de plata ensangrentada junto al cadáver del noble Alvise Guoro, que era el amante de la mujer de Barbo, Clemenza, y, al mismo tiempo, también cortejaba por las noches a Annella, por lo que dio motivos al Consiglio dei Dieci (la máxima autoridad penal veneciana) para considerar que Tasca lo había matado por celos.