Aroa Ruiz

Aroa Ruiz

24 de Junio. Una de las 52 capitales de provincia del territorio español se manifiesta en pro de los derechos, la igualdad y el reconocimiento tanto social como legal de las diversas orientaciones sexuales e identidades de género existentes. Dos chicas salen de dicha manifestación, bandera al cuello, cuando un tercero se les acerca amenazándoles. “No os pego porque sois chicas, pero la próxima vez que vea esa bandera en esta ciudad, os lleváis una paliza”. Una doble agresión. Ataque machista a la vez que homófobo. Doble vulneración a los Derechos Humanos.

Hace unos días, en una página de entretenimiento leí una publicación en la cual un chico se quejaba de los malos tratos que recibía por parte de su novia, de los cuales decía acabar con sangre y moretones. En la publicación añadía que no se atrevía a defenderse por miedo a que ésta le denunciase. Seguí leyendo y mi sorpresa fue ver que, de los 20 comentarios que leí, tan solo uno o dos le aconsejaban denunciar mientras que el resto proponían cortar la relación, alegando que si estaba con ella es porque quería, e, incluso, acusaban al sujeto de ser “poco hombre”.

Durante los últimos dos días, muchos me han tachado de inmoral por mostrarme abiertamente a favor de la revocación de dicha jurisprudencia. Aquí no voy a dar argumentos personales ni puramente criminológicos (sobre lo cual pido perdón por escribir una primera entrada tan poco criminológica) a favor ni en contra de la tumbada de esta Doctrina, ya que ambos posicionamientos son fuertemente defendibles desde ambos puntos de vista, tan solo voy a analizar objetivamente, y desde los principios del Código Penal, el por qué de mi posicionamiento a favor de la revocación.