Se dice que cuando una mujer llega a ser criminal, es peor que ningún hombre. No es cierto, lo que ocurre es que influye la impresión que nos dan, y como es peor la que produce una mujer que un hombre delincuente-criminal, apreciamos el grado de maldad por el horror que inspira.

Por lo general, la mujer infringe menos las leyes, no tan gravemente como el hombre, y reincide con menos frecuencia una vez que recupera la libertad.

Hace unas cuantas  noches, justo antes de ir a dormir, encendí la radio para escuchar la tertulia “La zona cero” del maravilloso programa La rosa de los vientos. Aunque el coloquio ya se encontraba empezado me dio tiempo a escuchar cómo hacían referencia en la tertulia a uno de los criminales españoles más conocidos de la historia: Manuel Blanco Romasanta. Lo que estaban contando me llamó poderosamente la atención y recordé que hace ya unas temporadas, en el programa de televisión de Iker Jiménez, Cuarto Milenio, habían recreado la vida y asesinatos de este criminal español que pasaría a ser conocido en la historia de la Criminología como “El hombre lobo de Allariz”.

 El viernes, 22 de julio, a los noruegos se les desplomó de repente su acomodada seguridad. Una bomba estalló en pleno centro de Oslo y dos horas después un individuo acribilló a balazos a cuanta persona veía en un islote minúsculo situado en las inmediaciones de la capital. Setenta y seis personas muertas y la cifra todavía no es definitiva. Los noruegos dormían la siesta en su tumbona y alguien les despertó con una avalancha de fuego, muerte y destrucción.

"Soy un mezquino, un sucio, un forajido y un malo, soy un mal hombre que dispara a la gente". Esto ha dicho hace unos días Charles Manson a la revista Vannity Fair. Hagamos un poco de memoria.