Juan Antonio Carreras Espallardo

Juan Antonio Carreras Espallardo

Policía Local, criminólogo y periodista.

http://www.carris.es/cv/

 

Representante en España de la Academia Mexicana de Investigadores Forenses 

 

Asesor de Seguridad y Tráfico del diario La Opinión de Murcia 

 

Webmaster del área de servicios de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España 'FAPE'

 

Administrador de Criminología y criminalística.

Policías infiltrados, periodistas de investigación, detectives privados. Todos buscan el mismo fin, descubrir irregularidades, pero para ello tienen que introducirse en la esfera privada de los investigados, su derecho a la intimidad, honor e imagen. Una difícil situación en la que ponderan estos derechos con otros como son el derecho a informar o el deber de perseguir delitos. Y si vamos un poquito más lejos, derechos que tienen que ser violados para proteger otros derechos de entidad superior.

El ser humano es asombroso, capaz de lo mejor, pero también de lo peor. La misma persona puede convertirse en un deportista de élite, ejemplo de superación y en un asesino a la misma vez. No sería prudente por mi parte condenarlo ya de entrada. Las pruebas apuntan a que es el único sospechoso pero tendrá que ser un tribunal el que lo condene, no los medios de comunicación, como usualmente ocurre.

El maltrato animal es una conducta que consiste en provocar dolor innecesario o estrés a un animal. El maltrato más leve se observa en la falta de los cuidados básicos del animal y el más grave es el asesinato con ensañamiento.

Cuesta comprender que existan personas que puedan maltratar a animales indefensos de igual forma que cuesta comprender a personas –hombres o mujeres- que maltratan a otras porque se sienten superiores. En realidad estos delincuentes carecen de educación, empatía y escrúpulos, entre otras lindezas. Son personas con carencias mentales graves que ven a su víctima como una presa fácil y se aprovechan de la histórica impunidad para perseguirlos. Se sienten superiores por sus absurdos actos.

Son dos fenómenos que tristemente están muy de moda actualmente. Por un lado, el suicidio, acto que ya conocen y que consiste en quitarse la vida uno mismo, no siendo delictivo si no media la incitación, inducción o ejecución de otra persona (art. 143 CP).

Se estima que las dos terceras partes de quienes se quitan la vida sufren depresión y que los parientes de los suicidas tienen un riesgo más elevado (hasta cinco veces más) de padecer tendencias al respecto. 9 de cada 10 casos de suicidio esconden una alteración psíquica (depresión, ansiedad y adicciones).

Por extraño que a usted le parezca, el botellón (botelleo le llamamos en Murcia) no está prohibido por una ley de aplicación en toda España, o sea, una norma nacional. Por lo tanto no es extraño que en algunas ciudades se pueda beber libremente en la calle y en otras seamos denunciados por hacerlo. Paradojas de la vida, que tiene de especial este país, que una misma conducta esté prohibida en un lugar y a pocos metros esté permitida. Y todo porque no se ha creado una ley nacional que ataje el problema del consumo de alcohol en la vía pública. Aunque ya lo intentó el Ministerio del Interior en febrero de 2002, dentro del Plan Nacional de Drogas, al proponer la conocida y no menos polémica ley antibotellón. Ley que no triunfó por las diversas críticas y rechazos.

Hoy voy a olvidarme de nuestros gobernantes y exgobernantes para analizar un gravísimo problema que sufren los adolescentes. El cyberbullying, la modalidad más avanzada del bullying o acoso escolar que padecen muchos menores en edad escolar. La conducta consiste en dañar psicológicamente a un menor, con acciones ofensivas de carácter físico o verbal y con una permanencia duradera en el tiempo. Si tenemos en cuenta la edad de la víctima (12-16 años), este fenómeno es extremadamente peligroso para la formación del menor, de su personalidad e identidad. La conducta más extrema llevará al suicidio de la víctima. A los agresores no podemos dejarlos olvidados, pues su estudio y tratamiento es fundamental para corregir futuras conductas delictivas.

En los últimos años, las redes sociales se han convertido en un magnífico escaparate para todo aquel que quiere vender su producto. Es innegable que el uso de estas plataformas ha crecido considerablemente. Facebook y Twiter están muy presentes en la nueva era, la era digital.

En los últimos años, la especialización de los agentes de Policía Local de la Región de Murcia ha mejorado considerablemente. Diversos municipios cuentan con equipo de atestados propio, en parte gracias a los nuevos criterios de organización interna, clasificando por unidades especializadas a los componentes de la plantilla policial. Cartagena, Lorca, Molina de Segura o Murcia son un buen ejemplo de ello, cuentan con grupo de atestados e investigación de siniestros, garantizando así la exclusividad del trabajo en detrimento de la generalidad del ‘policía para todo’.

Dicen que no existe el crimen perfecto, que cuando no se resuelve un delito es por una mala investigación, imperfecta pues. Los asesinatos, las violaciones,  los secuestros y demás sucesos no se resuelven como en CSI, metiendo datos en un ordenador y obteniendo un nombre y una localización. El proceso es más complejo. Tiempo que pasa es la verdad que huye, como decía el criminalista francés Edmond Locard. Cada segundo que pasa es fundamental y hay que analizar todas las pruebas en profundidad.

El sistema social pone las normas para que las personas que lo habitamos no traspasemos la barrera entre el bien y el mal. Sabemos que el delito más grave es el que se salda con la muerte de otra persona. No hay nada más atroz que quitar la vida a otro y por eso se castiga con prisión de diez a quince años, que pueden llegar a veinticinco si es asesinato. Pero cuando media imprudencia, la pena es tan ridícula como de uno a cuatro años.

Estas penas se aplican a mayores de 18 años, conforme a lo que establece el Código Penal. Pero cuando el delincuente es menor de esa edad se le aplica la Ley de Responsabilidad Penal de Menores, siempre que tengan más de 14 años claro. El máximo ‘castigo’ que va a recibir el chaval es que sea internado en un centro de menores.