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La muerte súbita en el momento de la detención policial
Fotografía de fourbyfourblazer (https://www.flickr.com/photos/chrisyarzab/)
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La muerte súbita en el momento de la detención policial

RESUMEN

No son pocos los casos en los que una persona se desploma y fallece en el momento de la detención policial o a escasas horas después de haber sido aprehendida por las fuerzas de seguridad. Un estudio sobre el caso (Martínez, 2009) identificó 60 muertes de este tipo en España entre los años 2000 y 2009. Tras haber revisado en la prensa noticias sobre muertes inesperadas tras la detención policial entre 2014 y 2016, se ha hallado que 23 personas perdieron la vida de forma repentina en el momento de la detención o dentro de las veinticuatro horas después de ésta. Ante tal situación, el presente artículo tiene por objeto hacer un análisis de las muertes inesperadas que se producen justo en el momento de la detención policial o poco después. Trataré de analizar, por tanto, las posibles causas más frecuentes de ésta muerte con atención especial a las técnicas policiales de reducción y contención y a las particularidades del detenido que, en suma, provocan la muerte súbita de éste.

PALABRAS CLAVE

muerte súbita, detención policial, muerte en privación de libertad,

INTRODUCCIÓN

La muerte súbita constituye una preocupación para la población, en general, y para los profesionales de la sanidad, en particular, dado que la capacidad para prevenirla es imposible y los esfuerzos por reanimar a la persona son, en la mayoría de los casos, infructuosos. No obstante, la situación se complica, aún más si cabe, cuando la muerte inesperada se produce bajo custodia policial o en cualquier institución de encierro. Entre 2001 y 2007 fueron 462 personas las que murieron bajo privación de libertad, es decir, en comisaría, prisión, centros de menores o en el momento de la detención (Tactical, 2007) y solo en el año 2014, 82 personas murieron en el propio centro penitenciario (50 de ellas por muerte violenta), según el informe sobre mortalidad en prisión de 2014. Además, los datos sobre este tipo de acontecimientos son incompletos en España, ya que no existe un registro, salvo el informe que emite Instituciones Penitenciarias sobre los fallecimientos de internos. Únicamente es posible hallar algunos casos de muerte repentina en prensa, aun sabiendo que no todos ellos son conocidos o narrados.

Ahora bien, ¿Qué entendemos por muerte súbita? Es aquella en la que se produce el fallecimiento de la persona dentro de las veinticuatro horas inmediatas al comienzo de los primeros síntomas o de la enfermedad. La causa puede ser muy diversa, aunque la mayoría de los casos, 80% según los expertos, responden a un fallo cardíaco (Tactical, 2007). Son casos en los que una persona es vista con vida y aparentemente sana, sin padecer una enfermedad en concreto y fallece dentro de las veinticuatro horas posteriores.

Por otro lado, en la literatura anglosajona se habla de muerte bajo custodia cuando el fallecimiento se produce en alguna de la siguientes situaciones (Palomo et al, 2004)):

  • Muertes producidas en la detención y durante los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
  • Muertes de internos en centros de detención y prisión. También en centros de internamiento de menores. Se incluyen las fugas e intentos de fuga.
  • Muertes de personas ingresadas involuntariamente en centros psiquiátricos.

En España, sin embargo, el término empleado para describir las situaciones anteriores es el de “muerte en privación de libertad”. Dicho tipo de muerte tiene la misma consideración que la violenta en nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal en cuanto a la práctica de autopsia y la investigación judicial (Palomo et al, 2004). Sin embargo, nada se opone a que en España, si uno de estos fallecimientos se presenta como muerte de origen natural, pudiera certificarse e inhumarse el cadáver sin más investigaciones. Dicho todo esto, si la muerte que se produce en esa situación de privación de libertad acontece de forma repentina, hablaremos de muerte súbita en privación de libertad. Este artículo se ocupa de las primeras, es decir, de los fallecimientos inesperados en la detención o durante el forcejeo con los agentes de seguridad, pero sin tener en cuenta:

  • Las muertes ocurridas por suicidio del detenido en los calabozos, pues no responde al concepto de muerte súbita sin causa aparente, sino solo al concepto de muerte bajo custodia y,
  • Las muertes producidas por caer el sujeto de alguna altura en su intento de huir de la detención policial.

Una vez vistos los conceptos principales, es momento de describir las distintas causas que pueden ser responsables de la muerte inesperada del aprehendido.

Cualquier persona bajo una situación, emoción o susto extremo experimenta una taquicardia, esto es, su ritmo cardíaco se acelera. Si bien es cierto que, una vez desaparece la situación, el corazón recupera su ritmo normal en la mayoría de los casos, para otras personas esa taquicardia deriva en una fibrilación del corazón con la muerte como consecuencia. Cuando se juega la final de laChampions Legaue, por ejemplo, o un partido Madrid-Barça, no es de extrañar que en las urgencias de los hospitales se habilite un espacio extra para atender a los afectados por esa emoción extrema del partido. De hecho, mientras hacía mis prácticas en el servicio de Patología Forense de Cádiz, auxilié en la apertura del cadáver de un sujeto de avanzada edad que había fallecido de forma repentina tras celebrarse un partido de fútbol. El mal estado de las arterias coronarias del corazón, sumado al estrés y adrenalina generadas durante el partido, provocaron un colapso cardíaco que devino en la defunción de aquel abuelo. Según los expertos, en España mueren cada año unas sesenta mil personas por muerte súbita. El 5% de ellas a consecuencia de una emoción extrema, terror o cólera (Tactical, 2007)

No es de extrañar, entonces, que los sujetos que mueren de forma súbita cuando están siendo detenidos pertenezcan a ese 5%, pues son conscientes de las repercusiones personales, familiares, laborales y sociales que tiene para ellos la detención y su posible entrada en prisión. Esa incertidumbre y estrés extremo les hacen muchas veces intentar huir de la policía y volverse agresivos, forcejeando con las fuerzas de seguridad en un estado de ira intenso. En relación con esto, un experimento llevado a cabo con animales demostró que una ira intensa produce fibrilación cardíaca y la posible muerte. Otro estudio realizado en Harvard demostró que la ira extrema precede a la muerte también en los seres humanos (Martínez, 2009)

La adrenalina puede estar también implicada en la muerte súbita del detenido. Esta sustancia produce una contracción de los pequeños vasos sanguíneos del corazón, lo que obliga a éste órgano a aumentar su ritmo cardíaco para bombear más sangre, aumentando así el riesgo de fibrilación.

También se ha descrito por el servicio de cardiología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el “Síndrome de muerte súbita tras detención policial en varones jóvenes” (Martínez, 2009). Este síndrome puede tener un origen cardiovascular y se estudia si comparte el mismo mecanismo que el llamado “síndrome de adaptación general”, descrito hace más de cincuenta años en animales. El síndrome de adaptación general provoca la muerte súbita en los animales que son cazados. En este sentido, se describió la muerte de un cisne negro por rotura del corazón dentro de las doce horas después de haber sido capturado. En humanos se habla de una enfermedad del miocardio, el músculo del corazón, provocada por el estrés, que genera altas concentraciones de una proteína que produce daños en las fibras eléctricas del corazón que controlan los movimientos del mismo, siendo posible que ambos síndromes (el animal y el humano) compartan el mismo mecanismo, según la investigación llevada a cabo en 2009 por el Servicio de Cardiología del citado Hospital.

Teniendo en cuenta lo descrito hasta ahora, es muy posible que la situación de emoción, terror o ira intensa que se producen en la detención, sumadas a la posible patología cardíaca que puede sufrir el detenido, deriven en el fallecimiento de éste de forma repentina. Ahora bien, existen ciertas técnicas de contención y retención empleadas por la policía que, junto a esa enfermedad del corazón o asociada a un consumo de drogas por el detenido, pueden ser responsable de la muerte del sujeto. Analizo cada una de ellas a continuación.

LAS TÉCNICAS POLICIALES DE REDUCCIÓN Y CONTENCIÓN

ESTRANGULACIÓN ANTEBRAQUIAL

En muchas ocasiones, las fuerzas de seguridad tienen que enfrentarse a sujetos muy agitados, con actitudes violentas y agresivas, normalmente asociadas al consumo de drogas euforizantes que aumentan la ira y violencia del sujeto. Ante estas situaciones, los agentes de seguridad no tienen más remedio que recurrir a técnicas de contención, siendo una de ellas la estrangulación antebraquial. Esta puede llevarse a cabo de dos formas:

  1. El agente de policía sorprende al sujeto por la espalda y coloca el antebrazo de forma transversal por delante del cuello (figura 1), oprimiendo las vías respiratorias. Al faltarles el aire por unos segundos, el sujeto pierde el conocimiento por un breve periodo, lo que facilita su detención. Al emplear esta técnica, existe el riesgo de fracturar los cartílagos de la laringe en personas que los tengan calcificados por la edad.
  2. El agente del policía sorprende al sujeto por la espalda, pero esta vez coloca el antebrazo y el brazo a ambos lados del cuello (figura 2), quedando el flexo del codo por la parte delantera del cuello. Lo que se presiona esta vez no es la vía aérea, sino las arterias carótidas presentes a cada lado del cuello, lo que impide el paso de la sangre al cerebro, con la consecuente pérdida del conocimiento, que se recobra en unos 20-30 segundos cuando cesa la presión. Además, en esta segunda modalidad puede ser causa de muerte la inhibición cardíaca. Explicado de forma sencilla, es como si tuviéramos unos interruptores en las carótidas, interruptores repartidos por ciertos puntos del cuello. Presionar uno de estos puntos de forma sorpresiva para el sujeto puede estimular un nervio que, al activarse, produce bradicardia, es decir, que el ritmo del corazón disminuya a 60 latidos por minuto.

Se han descrito casos en los que el sujeto ha fallecido tras el uso de este tipo de técnicas por el agente de policía, si bien es cierto que el sujeto tenía problemas cardíacos o estaba bajo el efecto de ciertas sustancias. También han fallecido tras ser detenidos por esta técnica sujetos con arterosclerosis en las carótidas. No obstante, la estrangulación antebraquial se emplea a menudo en Judo, sin que se haya reportado ningún fallecimiento. Por tanto, es una técnica segura siempre que se emplee de forma correcta y en sujetos sanos.

En 2014, dos agentes de policía fueron imputados en Barcelona por la muerte de una persona a la que detuvieron por esta técnica. El sujeto se comportaba de forma bastante violenta y los agentes no tuvieron más remedio que reducirle. Una vez consiguieron detenerle, el sujeto perdió el conocimiento y murió. El informe preliminar de la autopsia reveló que la insuficiencia respiratoria por la comprensión del cuello fue la causa de la muerte.

LA PISTOLA “TASER”

Como en el caso anterior, la pistola eléctrica es empleada por los agentes de seguridad en casos en los que el sujeto a detener muestra una agresividad manifiesta y es demasiado corpulento como para ser abordado directamente por los agentes. Esta pistola puede funcionar de dos formas: si ha sido diseñada en forma de linterna se aplica directamente sobre el cuerpo del sujeto (siendo las zonas seguras sobre los hombros, bajo las costillas y sobre las caderas) o bien disparando. En el segundo caso, la pistola lanza unos dardos unidos por unos cables al dispositivo que tienen un alcance máximo de 4’5 metros. Ambas aplican una descarga eléctrica en el cuerpo del detenido que provoca parálisis muscular por unos minutos.

Estas pistolas tienen la consideración de arma no letal por la poca intensidad de la descarga eléctrica, pero producen ciertas lesiones, como pequeñas quemaduras en la zona de contacto o incluso lesiones en el sujeto que se golpea al caer tras recibir la descarga. También puede interaccionar con marcapasos y no puede emplearse en personas que están en el agua ni en embarazadas (Tactical, 2007)

En España no se han descrito casos de muerte por el empleo policial de este tipo de armas (el uso de éstas es escaso), pero sí en México, donde un paciente mental de 47 años falleció en 2015 una hora más tarde de que se le aplicara la descarga. Como consecuencia, el agente de policía fue destituido de su cargo por el uso incorrecto de la pistola eléctrica.

En relación con el empleo de este tipo de arma existe abierto un debate en el Parlamento Catalán, generado a través de la muerte de un vecino del barrio del Raval, quien perdió la vida en 2013 a causa de una mala praxis en la detención policial. El informe de autopsia reveló varios signos de violencia policial. Numerosas lesiones que no fueron mortales pero que, unidas a la enfermedad cardíaca del sujeto, al consumo de drogas y a la situación de estrés en el momento de la detención, propiciaron el fallecimiento. El problema radica en la dificultad para saber previamente si la persona a la que se quiere detener tiene algún problema cardíaco que interfiera con las técnicas de contención policiales. Por ello, el Doctor Mont propuso ante el Parlamento que los mossos llevaran un desfibrilador semiautomático y que fueran entrenados para su uso. “La gente, en este contexto, está muy agitada, tiene crisis de hipertensión. La policía también se puede encontrar con personas que estén tomando medicación”, añadió el experto en fibrilación al periódico La vanguardia.

SPRAYS IRRITANTES

Estos sprays están compuestos por tres sustancias distintas. En España puede adquirirse por personas mayores en las armerías y su uso está aprobado por el Ministerio de Sanidad. Tienen un alcance de 4 a 5 metros y cuando se proyecta sobre la cara del sujeto produce sensación de quemazón, lagrimeo, cierre involuntario de los ojos, irritación de las vías respiratorias, tos y opresión en el pecho. En España no se ha registrado ningún fallecimiento que tenga que ver con el uso de los sprays irritantes, aunque si pueden desencadenar el delirium agitado (Martínez et al, 2009).

En Estados Unidos, sin embargo, un hombre de 35 años falleció el pasado 2015 cuando fue rociado con gas pimienta para ser detenido. Los hechos ocurrieron en Alabama. Un sujeto estaba sentado en el patio de una casa ajena y portando un arma. Cuando la policía llegó para arrestarle, aquel huyó, siendo alcanzado en pocos metros. Su actitud violenta y el forcejeo durante la detención hicieron que los agentes le rociaran con el spray irritante antes de esposarlo. Saliendo del bosque donde fue detenido perdió el conocimiento y falleció.

INMOVILIZACIÓN

Consiste en atar al sujeto por el dorso, las manos y los pies previamente atados y colocarlo en decúbito supino (boca arriba) o lateral (figura 3). Los riesgos de inmovilizar al sujeto de esta forma es la llamada “asfixia posicional”. Esto es, la postura en la que permanece el sujeto pone en compromiso la mecánica ventilatoria, es decir, dificulta en gran medida la respiración del sujeto, produciéndose una fatiga muscular.

En España no he hallado ningún caso en los que el detenido haya muerto por el empleo de esta técnica de contención, si bien es cierto que en algunos casos analizados, el sujeto fue atado de pies y manos para reducirle, la causa de la muerte súbita parece estar relacionada más con lesiones importantes junto a un problema cardíaco que a la postura del sujeto atado en sí misma.

MUERTES RELACIONADAS CON EL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS

Las drogas estimulantes tienen una gran repercusión en las muertes repentinas durante la detención policial (Palomo et al, 2004). El mecanismo parece ser el siguiente: se libera en el torrente sanguíneo catecolaminas (las mismas que fueron halladas en los animales que morían tras ser atrapados). La liberación de estas proteínas ocurren durante las peleas y cuando se suman al consumo de drogas estimulantes y a una bajada del potasio producen fibrilación y la posible muerte. Lo vemos en la siguiente secuencia:

Una de las causas más frecuentes de la muerte súbita en el momento de la detención es lo que se conoce como delirium agitado o psicosis tóxica. En muchos países se está avisando a las fuerzas de seguridad de este síndrome, ya que con la generalización del consumo de cocaína, el delirium agitado está alcanzando proporciones considerable y es responsable de muchos casos de muertes de sujetos en los calabozos policiales (Palomo et al, 2014). Si a la policía ya se le presenta el problema de no conocer previamente si el sujeto padece alguna enfermedad cardíaca, ahora han de enfrentarse a otro nuevo. Me refiero a saber diferenciar cuando la persona objeto de detención está bajo los efectos de las psicosis tóxica o simplemente tiene una embriaguez. Ante estos casos, la piel extremadamente caliente del sujeto al tacto junto con una tolerancia al dolor y a los sprays irritantes son signos indicadores del delirium tóxico. Esa tolerancia al dolor podría confundir a la policía, creyendo que no están empleando la técnica de forma desproporcionada porque el sujeto no se queja.

Esta psicosis tóxica puede deberse a numerosos factores. Uno de ellos, que es el que interesa de cara al objeto de este artículo, es la mezcla de cocaína con alcohol, dando lugar a un compuesto llamado “cocaetileno”. La aparición de este compuesto en el organismo tiene como resultado en el sujeto un comportamiento anómalo, agresivo, paranoico, y es esa actitud la que motiva la detención policial. La autopsia de los sujetos con delirium tóxico que han muerto a escasas horas de la detención policial muestran una temperatura corporal muy elevada, incluso horas posteriores a la muerte, y un corazón muy aumentado de tamaño y peso, por lo que es fácilmente deducible que los efectos orgánicos de las drogas, sumados a la tensión y estrés emocional vividos en la detención, tengan como consecuencia la muerte del aprehendido.

El pasado año, un señor de 50 años falleció en el forcejeo con los agentes de policía, en Cádiz. De la historia clínica del sujeto destaco que padecía una enfermedad cardíaca y que era corpulento, pesando en torno a unos cien kilos. En el barrio era conocido por no hablar mucho, pero era tranquilo y amable con los demás. Sobre la época de Semana Santa, mostró un cambio de comportamiento que los vecinos atribuían a una enfermedad mental no conocida o al abuso del alcohol. El fallecido solía pasear por la calle amenazando con matar a alguien con un destornillador, por lo que la policía se dispuso a detenerlo. En el proceso, varios agentes se percataron de la agresividad y comportamiento anómalo del sujeto, incluso algún agente fue lesionado con el destornillador. Durante uno de los intentos por contenerle, el hombre de 50 años falleció.

Médicos del Servicio de Patología forense advirtieron en el periódico El Diario de Cádiz entonces que desde el año 1995 se han producido 8 muertes por delirium tóxico, el cual “es un estado de excitación mental y psicológica por una gran agitación, hipertermia, hostilidad, fuerza excepcional y resistencia sin aparente fatiga”.

Más allá del delirium tóxico, las sustancias de abuso pueden ser responsable de la muerte del detenido en otras circunstancias. Es el caso de aquellas personas que se introducen por alguna cavidad (ano o vagina) grandes cantidades de droga envueltas en látex (preservativos), con objeto de traficar con ellas o de facilitar su entrada en un centro penitenciario. Dado que la impermeabilidad del preservativo no es absoluta, la persona acaba absorbiendo siempre alguna cantidad de la droga. Si la persona es ya de por sí consumidora de sustancias tóxicas, presentará tolerancia y los síntomas serán leves, pero si no es consumidora, las altas dosis introducidas en la cavidad puede provocarle confusión, agitación, hipertermia, convulsiones y, finalmente, la muerte.

Un caso similar es el que aconteció el pasado año en Galicia. Un joven de 29 años fue detenido en un control de tráfico de la Guardia Civil. Cuando el joven salió del coche dijo que se encontraba mal, empeoró muy rápido y perdió el conocimiento. Los intentos de los agentes por reanimarle fracasaron y el joven falleció, pero ¿Qué ocurrió? Momentos antes de ser detenido, el joven se percató del control en carretera y decidió introducirse toda la droga que llevaba en el vehículo para evitar que fuera intervenida por los agentes. La sobredosis consumida fue la responsable del paro cardíaco.

Finalmente, otro reto que se les presenta a los agentes de seguridad, e incluso a los profesionales de la medicina, es diferenciar entre el estado de embriaguez del sujeto o el traumatismo craneoencefálico. En algunas ocasiones, el sujeto ingiere alcohol y experimenta algún traumatismo al caerse, por verse muy limitado su equilibrio a causa de la embriaguez. Cuando la policía interviene para detenerle puede achacar el comportamiento del sujeto, su lenguaje y su forma de caminar al alcohol ingerido, cuando realmente se debe a un traumatismo o a una hemorragia interna. Estos sujetos suelen fallecer pocas horas después a causa de la grave lesión.

CONCLUSIONES

En los dos últimos años 23 personas fallecieron en España de forma inesperada en el momento de la detención policial u horas después. La edad media de la persona fallecida es de 42 años, todos ellos varones, teniendo el más joven 25 años y el mayor 66. Todos ellos comparten un comportamiento agitado y agresivo en el momento de la detención, a excepción de un caso que no se opuso al arresto policial. La mayoría de las muertes súbitas halladas tuvieron lugar en Barcelona, incluso en 2014 dos personas murieron de forma repentina mientras eran detenidas en Barcelona en tan solo cuatro horas. También se ha descrito un caso en 2013, dos casos en 2012, un caso en 2011, uno en 2009, dos en 2008 y uno en 2005. El más reciente en España ocurrió este año, cuando un joven de 30 años falleció en la detención mientras se oponía a ser desahuciado.

Según la revista TACTICAL, un estudio aleatorio sobre las más de 300 muertes que Amnistía Internacional atribuye directamente y sin complejos al Taser, están atribuidas, mediante sentencia firme y tras análisis forense, a las más diversas causas como asfixias posicionales, abuso de drogas o delirium agitado.

Existe por tanto un problema serio que ha de ser abordado con mayor profundidad y al que se le ha de prestar mayor atención. Por si fuera poco, en numerosos casos la familia y algún testigo alegan que la muerte del detenido es causa de una actuación desproporcionada por las autoridades, que emplean los medios y técnicas de forma inadecuada o se saltan los protocolos. No es algo nuevo el hecho de que la versión policial de que el sujeto falleció de forma repentina no coincida con la de los familiares o testigos, que suelen aportar material audiovisual de la detención, alegando que la muerte tiene su origen en los golpes que los agentes propinaron al sujeto.

Ante este panorama, Palomo et al (2004) proponen:

  • La creación de un registro nacional de este tipo de muertes para conocer la magnitud y evolución del problema.
  • La información a los agentes de seguridad acerca de la existencia de un síndrome de delirium agitado, cómo detectarlo y la necesaria hospitalización urgente.
  • Establecer la obligatoriedad de que se practique el examen forense en estos casos, sin que sea posible certificar una muerte natural que permita el entierro del cadáver.
  • Incluir en los programas de formación de patólogos forenses conocimientos sobre la muerte súbita en privación de libertad.

BIBLIOGRAFÍA

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Modificado por última vez en Martes, 08 Noviembre 2016 21:49
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