Juan Enrique Soto Castro

Juan Enrique Soto Castro

¿Se libra una guerra contra el terrorismo? En mi opinión, no. No es una guerra contra el terrorismo sino contra un modo de civilización, el fundamentalismo islámico,  incompatible con el modo de vida occidental tal y como está conceptuado. En efecto, se trata de una guerra, pero no en el sentido convencional del término, en el que dos ejércitos se enfrentan uno a otro y en el que, teóricamente, debería salir vencedor el que tomara mejores decisiones en función de sus medios humanos y materiales y los del oponente. En esta guerra, el terrorismo es el tipo de combate elegido por uno de los bandos, un modo de combatir en el que no luchan soldados contra soldados a una mayor o menor distancia entre ellos en función de la tecnología aplicada, sino terroristas, que no emplean uniformes que les identifiquen como tales, contra población en general (en la que se incluyen soldados del bando contrario, claro está, pero también civiles), con la finalidad de generar tal estado de terror en la población del bando objetivo que sus dirigentes evalúen como inaceptables las pérdidas producidas y se dobleguen frente al bando contrario. El terrorismo ha cambiado de modo drástico el modo de guerrear del ser humano, modo en el que la incertidumbre y el terror se han convertido en armas mucho más poderosas que el más sofisticado armamento tecnológico. 

Es por ello que la expresión guerra contra el terrorismo es inexacta y puede llevar a confusión.

Supongamos el caso de un triple homicidio. Tres personas aparecen asesinadas en su domicilio, cada uno en una habitación diferente, cada uno con una cantidad y calidad de heridas diferentes. La investigación policial buscará en un primer momento averiguar la identidad de las víctimas e indagará en su entorno para inferir el posible móvil de la agresión, con el que elaborar hipótesis sobre los principales sospechosos. Al mismo tiempo, especialistas forenses tratarán de dar respuesta a las causas de la muerte de cada una de las víctimas, analizando sus heridas, datando en la medida de lo posible el momento en que se produjo, buscando indicios, vestigios o huellas que puedan haber sido dejados por el agresor o los agresores en la escena, etc., al objeto de proporcionar a los investigadores policiales datos concretos sobre lo que en el domicilio en cuestión sucedió y que serán utilizados para elaborar un teoría plausible y que, acompañada de indicios sólidos, podrá convertirse en una reconstrucción coherente del delito, identificando y deteniendo al presunto autor de los hechos y poniéndolo a disposición de la Autoridad Judicial.

En el año 2005, la Behavioral Analysis Unit -2 (dedicada a investigar los delitos contra adultos), perteneciente al National Center for the Analysis of Violent Crime (NCAVC) del FBI, organizó un Simposium sobre Asesinatos en Serie (Perspectivas Multidisciplinarias para Investigadores), al objeto de reflexionar sobre el estado actual de las estructuras dedicadas a investigar este fenómeno delictivo, para detectar problemas tanto metodológicos como de procedimiento y efectuar así un más eficiente afrontamiento policial.

El objetivo de la Ciencia es adquirir conocimientos acerca de la realidad, por lo que elegir el método adecuado para cumplir el objetivo citado deviene fundamental. Así, el método inductivo se asocia generalmente a la investigación cualitativa mientras que el método deductivo se asocia con la investigación cuantitativa. La investigación cuantitativa es aquella en la que se recogen y analizan datos cuantitativos sobre las variables estudiadas; la investigación cualitativa evita la cuantificación.

Lo que diferencia esencialmente ambas metodologías es que la cuantitativa estudia las relaciones entre variables cuantificadas, mientras que la cualitativa estudia esas relaciones en sus contextos situacionales. La cualitativa se dirige a penetrar en la naturaleza profunda de las relaciones observadas, mientras que la cuantitativa pretende determinar la fuerza de esas relaciones entre variables.

El término observación, según nos refiere la Real Academia de la Lengua Española, proviene del latín observatio y significa acción y efecto de observar, que a su vez hace referencia a cuatro acepciones, según la misa fuente, de las que nos interesan la primera: examinar atentamente; y la cuarta: mirar con atención y recato, atisbar.

Mientras que el verbo ver se refiere al proceso de percibir los objetos por los ojos mediante la acción de la luz, la observación pretende ir más lejos, al involucrar al proceso de la percepción el acto consciente de utilizar los sentidos para obtener una información que estimamos nos será pertinente.

La Constitución de 1978 atribuye a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en su artículo 104, la misión de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana, misión que es desarrollada por la Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en la que, en su apartado g, del artículo 11, se encomienda, entre otras misiones, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado investigar los delitos para descubrir y detener a los presuntos culpables, asegurar los instrumentos, efectos y pruebas del delito, poniéndolos a disposición del Juez o Tribunal competente, y elaborar los informes técnicos y periciales procedentes.

Es común entre la comunidad científica considerar que en el estudio de casos se produce un sesgo hacia la verificación en el sentido de que existe una tendencia a confirmar las nociones preconcebidas del investigador. La experiencia de este investigador le ha mostrado que muchos investigadores policiales descansan mucha de su seguridad argumental en lo que denominan “su olfato policial” a la hora de elaborar hipótesis y descubrir indicios que permiten comprobarla, cuando en realidad ignorar otros datos que las falsan totalmente.

En su empeño por alcanzar el máximo rigor científico en la elaboración de perfiles psicológicos de delincuentes violentos, los casos elegidos por el perfilador psicológico han de compartir dos características muy concretas: su relevancia y su naturaleza.

Deben ser relevantes por la gravedad de los actos que se contemplan y por las consecuencias que de ellos se derivan. Los casos, delitos violentos como el homicidio y la agresión sexual, muestran variedad de agresores que eligen diferentes tipos de víctimas y que las agreden utilizando diferentes estilos para las mismas conductas, de tal modo que evidencian ser diferentes personalidades que llevan a cabo muy similares comportamientos. Son hechos que provocan un gran sufrimiento a las víctimas y a su entorno, cuando no la muerte, a la vez que provocan un gran daño a la sociedad en la que suceden, que ve mermada su libertad y su derechos fundamentales a la vida y a la seguridad.

En el caso concreto de la elaboración de un perfil psicológico de un delincuente desconocido que ha cometido un crimen, la investigación pertinente pretenderá extraer conclusiones sobre algo desconocido (el delincuente) a partir de algo conocido (los indicios del delito), o lo que es lo mismo, pretenderá realizar inferencias a partir de éstos para llegar a aquél. Partiendo de la información obtenida en torno a un delito, se tratarán de inferir características de su posible perpetrador, de tal modo que esas conclusiones obtenidas permitan a los investigadores policiales restringir el conjunto de individuos sospechosos para proceder a una más pronta identificación y posterior detención del autor o autores del delito en cuestión.