Abel González

Abel González

Abel González, es profesor de Criminología en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), además está empeñado en dar a conocer a la sociedad la utilidad de los criminólogos y criminólogas, para algo tan importante como lo es la mejora de las condiciones de vida de las personas, en cualquier lugar y en cualquier momento.

El pasado 6 de noviembre el diario ABC nos sorprendía con la noticia de que la Conferencia General de Educación recomendaba que las Comunidades Autónomas incluyan “el requisito para el acceso y ejercicio a las profesiones, oficios y actividades que impliquen contacto habitual con menores no haber sido condenado por sentencia firme por algún delito contra la libertad e indemnidad sexual”. 

Me propongo escribir estas líneas a raíz de los comentarios que me han hecho mis compañeros Nahikari Sánchez y Pedro Torrente después de participar y asistir al II Encuentro de Representantes de Estudiantes de Criminología en Barcelona durante estos días organizado por la Sociedad Interuniversitaria de Estudiantes de Criminología (SIEC). Estos comentarios han hecho que reflexione sobre los cambios que hemos sufrido en Criminología en España desde la finales de los 90 hasta la actualidad en los que el movimiento de estudiantes ha sido importantes.

A lo largo de los últimos días existe un boom mediático con operaciones policiales contra la corrupción y por el monográfico del Congreso de los Diputados sobre este tema. Los medios se hacen eco de múltiples tramas corruptas de nuestros políticos. Pero, ¿este efecto hará que podamos prevenir mejor estas conductas?, ¿nos olvidaremos de ello en unos días y todo seguirá igual?, ¿es posible prevenirlo?, ¿cómo me afecta cómo ciudadano?, ¿las medidas porpuestas por el gobierno serán efectivas?. Para contestar a estas preguntas se expondrá lo que empezamos a saber en Criminología sobre estos delitos, la opinión pública al respecto y las medidas preventivas a aplicar, desde un punto de vista de efectividad científica.

Es paradójico que una de las principales funciones de los criminólogos sea la de insertar presos en la sociedad disminuyendo los índices de reincidencia y que no seamos capaces de insertarnos nosotros mismos en el ámbito profesional y social, o por lo menos, no lo hayamos sido hasta el momento.

Se están haciendo muchos esfuerzos, se llevan haciendo muchos esfuerzos, desde diferentes colectivos: asociaciones, empresas, agrupaciones de alumnos y antiguos alumnos. Todo es muy positivo, y digo, muy positivo porque se palpa la inquietud de los nuevos titulados y la predisposición para empezar a hacer cosas, eje fundamental sobre el que se debe asentar el inicio de la profesión.

Redondo, S. y Garrido, V. (2013), Principios de Criminología, Valencia: Tirant lo Blanch

En las próximas líneas nos proponemos hacer un breve resumen de la obra de Vicente Garrido y Santiago Redondo y su implicación en el desafío profesional de la Criminología. Esta obra, ya desde su primera edición, en la que contaba también con Per Stangeland, se configuró como la obra principal y aglutinadora del saber criminológico y su desarrollo social y científico en los últimos años. Supuso una obra de referencia para profesores y estudiantes, y también para los primeros criminólogos que iniciaban su andadura profesiona. Con el paso de los años la obra se fue quedando obsoleta en algunos planteamientos, pero sobre todo, en los datos que se aportaban, así los autores decidieron refrescarla de arriba a abajo y configurar, con la experiencia de las pasadas ediciones, una obra centrada en la Criminología española y Latinoamericana.

Os voy a hablar de un pequeño grupo de personas que pueden hacer que el ciberespacio (sí el ciberespacio, algo inabarcable), sea más seguro para todos, pero sobre todo, para los más jóvenes. Este grupo se compone de personas, con multitud de conocimientos, que por separado no son tan eficaces como cuando se juntan todos ellos. La cibercriminología, campo en el que son expertos este grupo de criminólogos, aporta conocimientos sobre conductas problemáticas o delictivas en el ciberespacio y su trasvase a la vida real, aporta conocimientos sobre las consecuencias para las víctimas, pero lo más importante, aporta conocimiento para la prevención de estas conductas.

Con las últimas reformas del Código Penal, Ley de Seguridad Ciudadana, Ordenanzas Cívicas en algunos ayuntamientos y todo el elenco legal disponible se empeñan en vendernos que así conseguiremos prevenir la delincuencia. Mi contribución en estas líneas será explicar por qué no va a funcionar y comentar brevemente qué es lo que se ha demostrado que puede funcionar desde el conocimiento de la Criminología.