¿Por qué se acosa?

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            Los hombres hacen daño por miedo o por odio.  

Esto ya lo decía Maquiavelo en 1513 cuando escribió “El príncipe”. Y efectivamente, es el miedo lo que está detrás de muchas conductas de acoso en el mundo laboral.

¿Y a quien o a qué se tiene miedo en una organización? Principalmente a las personas que representan algún tipo de amenaza.

Esto puede suceder, y de hecho sucede en muchas ocasiones, con los trabajadores más competentes o con mejores cualidades profesionales, pues son los que pueden dejar en evidencia la mediocridad de otros, o ser vistos como competidores.

 

Por eso, una de las principales motivaciones del  comportamiento del acosador es la necesidad de encubrir sus propias deficiencias, tanto personales como profesionales, intentando que no se perciba su inadecuación profesional. Esta conciencia de mediocridad la puede poner en evidencia la víctima, aun sin pretenderlo.  “Son el miedo y la inseguridad que experimentan los acosadores hacia sus propias carreras profesionales, su propia reputación, su posición o estatus quo  en la organización, lo que les lleva a  denigrar y acosar a otras personas” Piñuel (2003) citando a Hirigoyen.

Evidentemente, para que una persona altamente cualificada y competente sea vista como una amenaza se tienen que dar también otras circunstancias organizacionales: inestabilidad e inseguridad laboral, indefinición de puestos y funciones, inadecuada política de ascensos, estilos directivos ineficientes…La conducta del acosador y la del acosado se dan en el seno de una organización y es en la interacción  de estos tres elementos donde hay que buscar la comprensión del fenómeno.

Otras veces el temor del acosador viene por la amenaza que representan personas que conocen situaciones irregulares o ilegales y que se han negado a colaborar en ellas o a hacer la vista gorda; las que denuncian irregularidades y no aceptan chantajes;  las que se resisten a ser manipuladas  o no caen en el servilismo o sumisión, pues resultan amenazantes para las camarillas de poder.

También las personas vulnerables, atípicas o temporalmente debilitadas pueden ser víctimas, operando en estos casos más que el miedo, el deseo de ejercer poder del acosador y  la intención de hacer ver a otras personas la capacidad de ejercerlo.

Detrás de los procedimientos de acoso, como opina  Hirigoyen, no se hallan hechos patentes que lo puedan explicar, sino más bien un conjunto de sentimientos inconfesables, como el rechazo a la alteridad, la envidia, los celos y la rivalidad, que pueden darse entre colegas o entre superiores y subordinados, convirtiendo en  destructivos a los individuos.

Por eso “el miedo es el motor esencial del acoso, ya que es lo que nos convierte en seres violentos. Se puede tener miedo al paro, a no estar a la altura, a no complacer al jefe, a que los colegas no le aprecien a uno, el miedo al cambio, a una sanción, a cometer un error profesional grave, etc. Posteriormente desde el miedo se pueden desarrollar otros sentimientos como la desconfianza o la cobardía (…) las desavenencias profesionales confesadas no son origen de acoso, sino que dichas conductas están amparadas en lo inconfesable” Soria, coord. ( 2005 ) citando a Hirigoyen.

Debemos ser conscientes de que en nuestras empresas, oficinas y organizaciones,  favorecido además por situaciones de precariedad laboral, inestabilidad y cambios, hay personas que en lugar de intentar progresar profesionalmente por sus propios medios,  lo hacen destruyendo a los demás, especialmente a los más capacitados o a los que presentan mejor potencial, intentando quedar por encima de ellos, ridiculizándolos, humillándolos, o a través de una crítica continua.

Conocer que esto ocurre y detectarlo a tiempo, es el primer paso para poder defendernos.

Modificado por última vez en Lunes, 24 Septiembre 2012 17:15
mª elvira faraldo

Técnico de ejecución de medidas judiciales. Soy licenciada en Criminología por la Universidad de Barcelona y licenciada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela