Evolución de los feminicidios de pareja en España desde la Ley de Violencia de género

María Jesús Hernández y Pilar Martinez Mayo 02, 2011 9366
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No nos sorprende cuando oímos noticias del uso de armas de fuego en África, es algo conocido y además bastante extendido. Sudáfrica es el tercer país del mundo en tasa de homicidios por parte de la pareja, (Abrahams, Jewkes y Mathews, 2010). La violencia contra la mujer y la violencia en general es una característica común de la sociedad sudafricana, las armas de fuego están presentes y es fácil que en la mayoría de los hogares sudafricanos haya un arma de fuego. Por el contrario en nuestro país no están permitidas dichas armas, pero también ocurren los asesinatos de mujeres por parte de la pareja, llamados feminicidios de pareja. Pocas son las personas hoy día que se atreven a defender que la violencia de género en los hogares es un problema del ámbito privado.

Las mujeres víctimas de este tipo de violencia constituyen un sector de la población muy numeroso. La alarma social se dispara cuando aparecen datos de muertes perpetradas por la pareja o expareja (Echeburúa y Corral, 1998; Sarasua y otros, 2007). Los feminicidios en España, considerados como la forma más extrema de violencia de pareja, son el tema sobre el que va a versar el presente artículo. Cabe señalar que los feminicidios se producen en un contexto de violencia generalizada y extrema y por tanto representan un problema de salud pública, social y de derechos humanos. Se analizará la realidad existente desde la puesta en vigor de la Ley de Violencia de Género. Se verá cómo, a pesar de que el fenómeno de la violencia de pareja ha recibido atención pormenorizada en la agenda política española, la evidencia empírica acerca de la eficacia de la ley no está confirmada. La posibilidad de denunciar la violencia contra la mujer se ha incrementado en España a lo largo de este tiempo, sin embargo el riesgo de morir se mantiene.

Es de todos compartida la necesidad de una ley de estas características en España, de hecho en una publicación de Vives-Cases y La Parra (2008) aparece cómo algunos miembros del parlamento español, en concreto diez de seis diferentes partidos políticos, informaron en diversas entrevistas entre noviembre de 2002 y marzo de 2003, que un gran paso a seguir en la erradicación de la violencia de pareja sería promover la denuncia por parte de la victima ante la policía, protegerla a través de recursos específicos de atención y castigar a los agresores. Se asevera, por tanto, que los medios de comunicación, la movilización de las propias mujeres y la mayor concienciación social sobre el problema han tenido varios efectos, entre ellos el que los legisladores dirigieran su atención a redactar una nueva ley de violencia de género en la que se aunaran aspectos jurídicos, sociales, psicológicos y policiales.

Consideraciones previas

La Ley orgánica 1/2004 de medidas de protección integral contra la violencia de género se aprobó el 28 de diciembre de 2004, se publicó en el BOE al día siguiente y entró en vigor a los treinta días desde dicha fecha (28 de enero de 2005); sin embargo, los Juzgados de Violencia contra la Mujer no la aplicaron plenamente hasta el 29 de junio de 2005. Para elaborar este artículo se han considerado años naturales, por lo que se analizan los feminicidios producidos entre 2006 y 2010.

La fuente para la obtención de los casos ha sido el Centro Reina Sofía y los datos de población provienen del INE (la población de referencia son los hombres y mujeres mayores de 14 años residentes en España).

Feminicidios de pareja 2006-2010

Desde el año 2006 y hasta 2010, 353 hombres mataron a su pareja en España; cada año se produjo una media de 71 asesinatos.

Estas cifras suponen que, respecto a la población de referencia, cuatro de cada millón de mujeres fueron asesinadas cada año por su pareja.

Cabe señalar que a día de hoy (10 de Marzo de 2011) son 13 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas en España. La tabla anterior nos empuja a reflexionar que, aunque el presente artículo lleve por título "Evolución de los feminicidios de pareja en España desde la entrada en vigor de la Ley de Violencia de Género", para valorar la evolución de un fenómeno como el presente se ha de hacer de forma longitudinal (la ley lleva en vigor escasamente 6 años). Cada cifra es alarmante. Se podría hablar de éxito si no tuviéramos que redactar este escrito porque la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja hubiera desaparecido y no hubiera noticias en prensa de asesinatos de mujeres.

A continuación se describen cuáles fueron las comunidades autónomas y provincias, en las que se registraron asesinatos de mujeres.

Lugar del crimen

Comunidad Autónoma

Aunque Andalucía fue la comunidad que registró más asesinatos (71 casos), el Principado de Asturias fue, en términos relativos, el lugar en el que mataron a más mujeres, cinco de cada millón fueron asesinadas por su pareja cada año


 

 

Incidencia entre 2006-10

Prevalencia media anual

Nº casos

Media anual

Andalucía

71

14,2

4,10

Aragón

5

1

1,74

C. de Madrid

39

7,8

2,83

C. F. de Navarra

3

0,6

2,28

C. Valenciana

48

9,6

4,49

Canarias

28

5,6

6,36

Cantabria

2

0,4

1,55

Castilla y León

17

3,4

2,98

Castilla–La Mancha

16

3,2

3,80

Cataluña

55

11

3,48

Extremadura

2

4

0,85

Galicia

18

3,6

2,64

Illes Balears

8

1,6

3,61

La Rioja

3

0,6

4,41

P. de Asturias

12

2,4

4,72

País Vasco

12

2,4

2,48

R. de Murcia

12

2,4

4,18

C.A. Ceuta

1

0,2

6,55

C.A. Melilla

1

0,2

7,51


 

Provincia

Almería fue la provincia en la que se registraron más asesinatos de mujeres, una media de diez mujeres de cada millón por año.


 

 

Incidencia entre 2006-10

Prevalencia media anual

Nº casos

Media anual

A Coruña

7

1,4

2,65

Álava

2

0,4

2,96

Albacete

1

0,2

1,20

Alicante

20

4

5,01

Almería

13

2,6

9,68

Asturias

12

2,4

4,72

Ávila

2

0,4

5,38

Badajoz

1

0,2

0,67

Barcelona

32

6,4

2,71

Burgos

4

0,8

4,97

Cáceres

1

0,2

1,12

Cádiz

6

1,2

2,34

Cantabria

2

0,4

1,55

Castellón

8

1,6

6,49

Ciudad Real

6

1,2

5,49

Córdoba

5

1

2,91

Cuenca

3

0,6

6,51

Girona

11

2,2

7,27

Granada

11

2,2

5,77

Guadalajara

2

0,4

4,11

Guipúzcoa

3

0,6

1,94

Huelva

4

0,8

3,68

Huesca

1

0,2

2,08

Illes Balears

8

1,6

3,61

Jaén

4

0,8

2,87

La Rioja

3

0,6

4,41

Las Palmas

9

1,8

4,10

Lleida

4

0,8

4,62

Lugo

1

0,2

1,21

Madrid

39

7,8

2,83

Málaga

14

2,8

4,21

Murcia

12

2,4

4,18

Navarra

3

0,6

2,28

Ourense

1

0,2

1,26

Palencia

1

0,2

2,58

Pontevedra

9

1,8

3,70

S.C. de Tenerife

19

3,8

8,67

Salamanca

1

0,2

1,24

Segovia

1

0,2

2,91

Sevilla

14

2,8

3,49

Soria

1

0,2

4,88

Tarragona

8

1,6

4,88

Toledo

4

0,8

2,95

Valencia

20

4

3,66

Valladolid

6

1,2

5,10

Vizcaya

7

1,4

2,68

Zamora

1

0,2

2,23

Zaragoza

4

0,8

1,92


 


 

Vinculación

La relación más habitual entre víctima y agresor es la de cónyuges (41,79%) aunque, como se puede observar en la tabla, los agresores de pareja no representan un grupo homogéneo; la violencia ocurre en una variedad de relaciones íntimas: matrimonios, parejas en convivencia o sin ella, o exparejas, (Dutton, 2006; Johnson y otros, 2006).


 

 

%

Cónyuges

140

41,79

Ex cónyuges

34

10,15

Convivientes

68

20,30

Ex convivientes

35

10,45

Novios

24

7,16

Ex novios

34

10,15


 

Cuatro de cada diez de las mujeres que han sido asesinadas habían acabado su relación con el homicida (o la estaban terminando en el momento en el que se produce el crimen).

El momento de la ruptura es crucial en situaciones de maltrato de pareja. A saber, el riesgo de violencia física puede aumentar en el proceso de separación, sobre todo al principio del mismo o una vez tomada la decisión y comentada al cónyuge o pareja (Brownridge y otros, 2008; Walker y otros, 2004; Anderson y Saunders, 2003; McMurray, 1997; Sev’er, 1997).

Tomando como referencia el III Informe Internacional del Centro Reina Sofía (2010), se observa que en Chipre, durante el año 2006, el 75% de los asesinatos se produjo durante el proceso de separación.


 

País

Porcentaje

Puerto Rico

47,85

Austria

38,23

Chipre

75

Francia

25

República Checa

16,21


 

 

Perfil del agresor

Edad

Entre los 35 y los 44 años es el tramo de edad en el que hay más feminicidas; en concreto, cinco de cada millón de hombres de esa edad mató a su pareja.

Nacionalidad

De cada diez agresores, seis son españoles y cuatro extranjeros.

Empleo

Al menos el 28,52% de los agresores en edad de trabajar están empleados y de ellos, cuatro de cada diez son trabajadores cualificados.

Modus operandi

La forma que han elegido los agresores para matar a sus víctimas es, de cada diez

Cinco con arma blanca:


 

 

%

Arma blanca

182

54,17

Arma de fuego

43

12,80

Estrangulamiento

31

9,23

Objeto contundente

25

7,44

Paliza

18

5,36

Asfixia

17

5,06

Arrojada por un balcón

8

2,38

Quemada

8

2,38

Atropellada

2

0,60

Otros

2

0,60


 

Tres de madrugada:


 

 

%

Madrugada (0 a 8h)

86

33,46

Mañana (8 a 15h)

81

31,52

Tarde (15 a 20h)

49

19,07

Noche (20 a 24h)

41

15,95


 

Cinco en días festivos.

Siete en la propia casa de la víctima.

El agresor, a menudo, intercambia el maltrato físico, psicológico y sexual para mantener el control. El maltrato psicológico, merece especial atención. Maneja a la víctima hasta que ésta pierde su independencia, autoestima y dignidad y tiende a permanecer en las situaciones de abuso. Utiliza la manipulación, característica común a los agresores y en especial a los que llegan a asesinar a sus víctimas. Se les llama maltratadores instrumentales, hacen un uso instrumental de la violencia que se manifiesta como una estrategia de afrontamiento para conseguir lo deseado y superar las frustraciones. Su violencia es de gran frecuencia e intensidad, muestran actitudes que justifican el uso de la violencia interpersonal (Holtzworth- Munroe y Stuart, 1994; Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997; Dutton, 2007; Amor, Echeburúa y Loinaz, 2009). Las diferentes formas utilizadas por el agresor para manipular a su víctima son llamadas "brainwashing tactics" ("tácticas de lavado de cerebro"), por Mega y otros (2000); estas tácticas son similares a las utilizadas contra los prisioneros de guerra, rehenes o miembros de sectas, incluyen humillación, acusación y ataques impredecibles. Este ambiente generalizado de violencia produce miedo y éste a su vez contribuye a la creencia en las mujeres víctimas que su situación es desesperada y es imposible salir de ella. Como consecuencia desarrollan estrategias de afrontamiento para hacer frente a la situación, con la siguiente fatiga psicológica similar a la sufrida por los soldados en combate que, como las mujeres maltratadas, viven con el temor de ser asesinados o gravemente heridos.

Dobash y otros (2007) encuentran algunas diferencias en los factores de riesgo entre los agresores de pareja que llegan a asesinar a sus víctimas y los que no, entre ellas destacan que los hombres que matan son generalmente más convencionales en lo que respecta a la educación de los menores, al empleo, son más propensos a ser posesivos, presentan celos patológicos y tienen más probabilidad de haber maltratado a una pareja anterior.

Además, en referencia al perfil de los agresores, cabe señalar que también son muy violentos con los animales domésticos. Un estudio llevado a cabo por Ascione y otros (2007) muestra cómo mujeres ingresadas en casas de acogida dicen que sus parejas habían herido gravemente o matado a sus animales de compañía 11 veces más que lo que declaran otras mujeres del grupo control.

Perfil de la víctima

Edad

Entre los 35 y los 44 años es el tramo de edad en el que más mujeres han sido asesinadas; en concreto, cinco de cada millón.

Nacionalidad

De cada diez víctimas, seis son españolas y cuatro son extranjeras.

Empleo

Al menos el 26,56% de las víctimas en edad de trabajar están empleados y, de ellos, tres de cada diez son trabajadores cualificados.

Historial de maltrato

De cada diez víctimas:

Cuatro habían sufrido maltrato,

Tres habían denunciado al agresor,

Dos estaban protegidas por una orden de alejamiento.


 

Este último apartado relativo a la víctima y tras haber visualizado los datos, cabe señalar que, aunque no es el tramo prevalente, la juventud de las víctimas es preocupante. La violencia de pareja es el motivo más común de sufrimiento psicológico en las mujeres así como la principal causa de reducción de la calidad de vida. Es necesario por tanto desarrollar medidas de prevención a edades tempranas (González y Santana, 2001).

En relación a los efectos producidos por la violencia, destacar que las primeras reacciones de la víctima ante estos sucesos se caracterizan por sentimientos de humillación, vergüenza, preocupación y miedo, facilitando la ocultación de los mismos. Con el paso del tiempo se produce una pérdida de control, confusión y sentimiento de culpa que dificulta que la propia víctima se reconozca como tal (Echeburúa, Corral y Amor, 1998; Sarasua y Zubizarreta, 2000; Sarasua y otros, 2007).

Las características específicas de la violencia de pareja pueden explicar la sintomatología del Trastorno por estrés postraumático en estas víctimas. La experiencia prolongada y repetida de episodios agresivos (en la mayoría de las ocasiones la mujer víctima de maltrato lleva viviendo la situación entre cinco y diez años) explicaría la frecuente presencia de recuerdos intrusivos. Es común encontrar en mujeres que han visto peligrar su vida (mujeres ingresadas en casas de acogida) pesadillas en las que reviven los hechos ocurridos, como ahogamiento, persecución por parte del agresor, intento de asesinato y pensamientos recurrentes sobre el hecho traumático (Rasmussen, 2007). Existe hiperactivación constante ue puede ser consecuencia de la imposibilidad de predecir y controlar la ocurrencia de episodios violentos y de su percepción de volver a ser agredida.

Es elevada la pérdida de interés, la desesperanza ante un futuro desolador y la restricción de la vida afectiva. Además aparece el trastorno depresivo como el más frecuente en estas mujeres (Labrador, Fernández-Velasco y Rincón, 2010; Centro Reina Sofía, 2007).

Los informes policiales y entrevistas con mujeres supervivientes a un intento de homicidio en la ciudad de Portland de EEUU (Farr, 2002) muestran cómo durante el año anterior al suceso traumático hubo, por parte del agresor, mucha agresividad, hipercontrol, problemas de alcohol y apropiación de armas de fuego; algunas de estas mujeres habían iniciado el proceso de separación, sufrían acoso constante y en alguna ocasión tuvieron la sensación de que iban a morir.

En cuanto a la historia previa de maltrato, cabe destacar que de los casos en los que se conoce, al menos cuatro de cada diez mujeres habían sufrido maltrato, tres habían denunciado al agresor y dos estaban protegidas por una orden de alejamiento. Es fácil presuponer que estos datos sean en realidad algo mayores.

Conclusiones

Independientemente de la evolución de los feminicidios de pareja, España es el primer país que cuenta con una ley de estas características en toda Europa. Es una Ley que de modo integral y multidisciplinar aúna aspectos educativos, preventivos, civiles, penales y sociales.

Desde que se puso en vigor esta nueva ley, se cuenta con una serie de medidas de sensibilización, prevención y detección en las que se aplican protocolos de actuación que agilizan el proceso de denuncia. Existe el agravante del delito de lesiones, amenazas y coacciones leves a personas especialmente vulnerables que conviven con el agresor. Hay un mayor endurecimiento general de las penas, estableciendo que actos que antes eran tipificados como faltas ahora se condenan como delitos. Por último hay que señalar que se crean los Juzgados de Violencia contra la Mujer y esto, sin duda, es la mayor innovación en el ámbito procesal.

Era necesario contar con una ley de estas características y es obvio que su puesta en vigor ha provocado una mejora en el sistema penal, judicial y social, pero como se exponía al principio del presente escrito, habrá que esperar un tiempo para evaluar su eficacia real.

Destacar además, que todavía no se ha conseguido que la mayoría de las mujeres que sufren este tipo de lacra denuncien su situación ante la justicia, sólo tres de cada diez mujeres habían denunciado previamente al agresor. Esto puede ser por varios motivos, uno de ellos porque la mujer tiene miedo a ser doblemente victimizada por el ámbito jurídico-penal e incluso por el ámbito socio-familiar y el otro porque un elevado porcentaje de mujeres víctimas de violencia no perciben riesgo (éstas acuden antes a servicios de salud que a un juzgado de violencia o a la policía).

En definitiva conviene reflexionar sobre:

La importancia del apoyo sociofamiliar a las víctimas de violencia de pareja en el sentido real del término, es decir, apoyo incondicional a su ruptura con el agresor.

La formación profesional a todos los que se encargan de la atención a estas mujeres.


 

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Modificado por última vez en Lunes, 24 Septiembre 2012 16:51