En el acto tercero de Julio César, William Shakespeare pone en boca del senador Casca la frase “¡Hablen mis manos por mi!” con la que un grupo de conspiradores atacaron al dictador romano, hiriéndole con 23 puñaladas –incluyendo la que le asestó Bruto– aquel idus [15] de marzo del año 44 a.C., junto al Teatro de Pompeyo, en el Foro de Roma.