Las consecuencias de la dejación del principio de legalidad en el Estado de Derecho

El  entusiasmo y la simpatía manifestada hacia el Movimiento pacifista, denominado “15-M” le ha convertido en el Movimiento violento y delictivo del “15-J”. Este movimiento calificado como el de los “indignados” ha pasado de ocupar de forma ilegal plazas públicas a impedir el normal funcionamiento de un Parlamento Autonómico incurriendo en el diversos delitos tipificados en nuestro Código Penal. 

La ejecución de las penas corporales correspondía a los andadores de concejo que dependían de los alcaldes y jueces a los que debían obediencia.

En nuestra Edad Media, en los delitos en los que no se consideraba justificada la pérdida de la paz, ni siquiera parcial, por constituir una sanción de excesiva trascendencia, se recurría a la aplicación de penas pecuniarias o corporales. Éstas podían imponerse como subsidiarias de las económicas o en su lugar. A veces, aun apareciendo como pena principal, era posible que se sustituyesen por una cantidad económica, siempre que lo admitiese el ofendido y la ley le permitiese elegir. De ahí la íntima conexión existente entre las penas pecuniarias y las corporales. Se aplicaban estas últimas normalmente (al margen del hurto) para lesiones y heridas (que se sancionaban, como regla general, con penas económicas) cuando revestían una especial gravedad. Ésta se establecía atendiendo al elemento objetivo y a las circunstancias externas del hecho (por ejemplo, el medio empleado, si había o no sangre y si llegaba al suelo, si el agredido caía o no, si la herida se producía en una parte del cuerpo no cubierta por el vestido, etc.).

En su empeño por alcanzar el máximo rigor científico en la elaboración de perfiles psicológicos de delincuentes violentos, los casos elegidos por el perfilador psicológico han de compartir dos características muy concretas: su relevancia y su naturaleza.

Deben ser relevantes por la gravedad de los actos que se contemplan y por las consecuencias que de ellos se derivan. Los casos, delitos violentos como el homicidio y la agresión sexual, muestran variedad de agresores que eligen diferentes tipos de víctimas y que las agreden utilizando diferentes estilos para las mismas conductas, de tal modo que evidencian ser diferentes personalidades que llevan a cabo muy similares comportamientos. Son hechos que provocan un gran sufrimiento a las víctimas y a su entorno, cuando no la muerte, a la vez que provocan un gran daño a la sociedad en la que suceden, que ve mermada su libertad y su derechos fundamentales a la vida y a la seguridad.

      Últimamente estamos asistiendo con estupor como se están produciendo en España vandálicos o fanáticos ataques dirigidos contra la Iglesia o la religión católica. La situación empieza a ser preocupante. Veamos:

     Hace unos tres meses, la Iglesia de Las Salinas de Almería apareció con pintadas de carácter satánico. Al parecer, allí se celebró una misa negra.

La investigación criminal metódica y científica es de muy reciente aparición, pero ya en los albores de la civilización europea se produjeron las primeras indagaciones y pesquisas para tratar de encontrar a los culpables de hechos penales y llevarlos ante un tribunal de justicia.

Roma –si excluimos la parte Oriental que sobrevivió hasta 1473– tuvo una vida longeva desde su fundación (Ab urbe condita) en el año 753 a. C. hasta la destitución del último emperador por los bárbaros de Odoacro en 476 d. C. Durante casi un milenio el sistema penal y la investigación de los delitos fueron cambiando, adecuándose a los diferentes cambios políticos de la urbe.

 

El comportamiento ha sido, desde siempre,  motivo de estudio para el propio ser humano. La aceptación social de un comportamiento determinado es evaluada por las normas sociales, que nosotros mismos marcamos y regulada por varios medios de control personal, medioambiental y, en definitiva, social. El comportamiento humano es analizado por varias disciplinas, incluyendo la psicología, la sociología y la antropología.

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