Jorge Ollero Perán

Jorge Ollero Perán

Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. Master en Pensamiento Político y Social por la Universidad de Sussex. Experto en Justicia Restaurativa por la Universidad de Sevilla. Jurista de Instituciones Penitenciarias en excedencia. Actualmente coordino el Área Jurídica y de Justicia Restaurativa de la Federación Andaluza.

El actual Papa, desde el inicio de su mandato al frente de la Iglesia Católica, ha destacado por su enorme sensibilidad social denunciando con dureza las desigualdades económicas, los excesos de las élites o el sufrimiento de los inmigrantes. Recientemente decidió aportar su personal punto de vista acerca de la justicia penal y me alegro de constatar que coincide con el de tantos criminológos y juristas que señalamos que los problemas sociales no se pueden arreglar endureciendo los códigos penales. Además, apuntó que el modelo de justicia más cercano a los valores cristianos se basa en la reconciliación y la reinserción.

Tras haber vivido la experiencia del encarcelamiento en su propia piel, el noble inglés John Howard dedicó su vida a abogar por la reforma de las prisiones y la mejora de las condiciones de vida de los presos. Su obra “El Estado de las prisiones en Inglaterra y Gales”, publicado en 1777, constituye una obra clásica y el inicio de una corriente de humanitarismo penal que llega hasta nuestros días. La asociación benéfica inglesa “Howard League for Penal Reform” fue creada en el siglo XIX para continuar el legado de John Howard y continúa siendo hoy en día la más importante organización dedicada a la reforma del sistema penal. Sus tres objetivos principales son lograr “menos crimen, comunidades más seguras y menos gente en prisión”. Para ellos estos objetivos están relacionados ya que “se gasta demasiado dinero  en un sistema penal que no funciona, no hace que nuestras comunidades sean más seguras y no logra reducir la reincidencia.” Reducir el número de personas en prisión es, por tanto, una manera de luchar contra el crimen. Esta organización considera que las personas que han cometido delitos deben arreglar el mal causado y deben cambiar sus vidas, pero creen que la forma de lograr esto no es la prisión sino otras medidas que no segreguen al infractor de la comunidad.

1La Justicia Restaurativa puede definirse, de manera general, como un marco conceptual y un movimiento sociopolítico que trata de modificar el sistema de justicia penal existente. Desde su surgimiento, aproximadamente en los años 70 del siglo pasado, ha experimentado diversos cambios de enfoque y siguen existiendo debates sobre cuál debe ser la prioridad del movimiento. Pese a esta diversidad, la mayoría de las autorías coinciden en unos objetivos básicos de la Justicia Restaurativa:

Bélgica es uno de los países europeos que más han apostado por la justicia restaurativa como nuevo paradigma para afrontar los conflictos penales. Este enfoque restaurativo busca lograr una respuesta más equilibrada ante los sucesos criminales, de forma que las necesidades de las víctimas, grandes olvidadas en el proceso penal, se vean atendidas. Los programas de justicia restaurativa suelen centrarse en actuar antes del juicio, pero no una vez que el delito ha sido juzgado y el ofensor ha pasado a cumplir su pena. Sin embargo, para los autores del programa piloto “Restorative prisons” de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, los valores restaurativos pueden aplicarse a lo largo de todo el proceso penal, desde antes del enjuiciamiento hasta la fase de ejecución. Pese a parecer una contradicción en sus propios términos, las prisiones restaurativas son posibles. Este artículo es un resumen de la experiencia belga tal y como es contada por varios de sus artífices.[1]

Existe un dicho popular que reza: “dos no pelean, si uno no quiere”. Parafraseando este refrán se me ha ocurrido titular esta reflexión “Dos no debaten, si uno no quiere”, porque el debate, la contraposición de opiniones, el diálogo, requiere (más aún que en el caso de la pelea) que haya voluntad por parte de los dos contendientes.

Cuando debatimos y nos escuchan sentimos que nuestros pensamientos son importantes, que somos iguales a nuestros compañeros de debate, que somos reconocidos, que somos legitimados.

“Sobre las 17:00 horas del día X de X de 2003 cuando el señor TLM se encontraba en su taxi en la Plaza de X de la localidad de X esperando a la llegada de nuevos clientes, se le acercó el acusado JEP (mayor de edad, sin antecedentes penales) pidiendo que le diera un euro. Como quiera que el señor TLM se negó a ello, pero llevando visible en el bolsillo de la camisa un billete de 5€, metió la mano el acusado y se lo sustrajo, motivando que el taxista saliera del automóvil reclamando la inmediata devolución, reaccionando el acusado empujándolo y advirtiéndole que tenía una navaja y que lo iba a rajar, consiguiendo así marcharse con el dinero.”

La Justicia Restaurativa: marco jurídico

La Justicia Restaurativa se presenta como un nuevo paradigma en la resolución de conflictos penales. Sus orígenes se remontan a la década de los setenta del siglo XX, en la que comienzan a proliferar los movimientos que plantean la necesidad de modificar los sistemas penales ante la incapacidad de los mismos para cumplir los fines que socialmente se les exige1. En concreto, comienza a calar la idea de que la prisión no puede ser la única manera de responder al crimen y que son necesarias visiones alternativas sobre la justicia penal. Estos incipientes movimientos ejercieron notable influencia sobre las instituciones internacionales de forma que tanto la ONU como el Consejo de Europa y Unión Europea han elaborado textos recogiendo la  importancia de esta nueva visión.