En los últimos días es noticia la ruptura de la disciplina de voto por parte de algunos diputados autonómicos del PSC, con ocasión de la moción soberanista  (póngale el nombre eufemístico que deseen) planteada en el Parlamento de Cataluña.

La siempre cuestionada disciplina de voto que obliga (supongo que más moral que jurídicamente) a votar lo que la mayoría “establecida” del partido acuerda, no siempre es objeto de un debate de fondo y generalmente su ruptura se cierra en falso, con una reprimenda pública o, en el mejor de los casos, con una pequeña sanción, pero el tiempo pasa, todo se olvida y todo queda como estaba.

Coincidamos o no con los planteamientos de Artur Mas, que dicho sea de paso, aprovecha esta crisis y el descontento social de Cataluña para azuzar el nacionalismo, lo que no nos cabe en la cabeza es la respuesta dada a esta presión nacionalista por parte del estamento militar: juicio castrense a los instigadores políticos que promuevan este “levantamiento”.

Durante el Gobierno del general Primo de Rivera, un breve Real Decreto de 17 de septiembre de 1923 instituyó el somatén en todas las provincias españolas  y en las ciudades de soberanía del norte de Marruecos. A esta organización cívica (…) cuyo fin primordial es el mantenimiento de la paz pública se podían alistar todos los individuos mayores de veintitrés años que tengan reconocida moralidad y ejerzan profesión u oficio en la localidad en que residen. Según el Directorio Militar que gobernaba por aquel entonces España, la implantación de los somatenes en todo el país respondió a dos razones: una de carácter práctico (por garantizar el sosiego público) y otra de índole moral (por estimular el interés ciudadano hacia una orientación activa y desinteresada).

Pero, ¿cuál era el origen de esta institución? El propio Real Decreto señaló en su “exposición de motivos” que se trataba de un organismo de rancio y glorioso abolengo español –el Instituto de Somatenes de Cataluña que reunía, desde la Baja Edad Media (en torno al siglo XI), a hombres de buena voluntad, amantes del orden y celosos de sus deberes ciudadanos– y nos aclara su etimología (sic): procede del catalán som atent (estamos atentos), en relación al repique de campanas con el que se convocaba a los vecinos, avisando de un peligro; en ese momento, los ciudadanos se prestaban desinteresadamente a formar unidades locales –dependientes de las fuerzas de orden publico– para colaborar en auxilio de la paz ciudadana y la custodia de las propiedades en el ámbito rural.

En diversos ejemplares de la Gaceta de Madrid, como la del 14 de septiembre de 1844, se daba cuenta de noticias como la que procedía de Cervera (Lérida): los ladrones que se llevaron al Sr. Capella no están lejos de esta ciudad, por lo que el ayuntamiento ha mandado tocar á somatén.Igual que ese titular, el antecedente histórico del BOE publicó numerosos ejemplos durante toda la segunda mitad de aquel siglo, en los que se tocaba a somatén en Barcelona, Vich, Sabadell, Blanes, Gerona o Manresa, convocando a sus vecinos.

Según el diccionario de la RAE, los somatenistas eran un cuerpo de gente armada, que no pertenece al Ejército, que se reúne a toque de campana para perseguir a los criminales o defenderse del enemigo. Por los acontecimientos históricos de nuestros siglos XIX y XX –I República, Restauración, II República, Guerra Civil y Franquismo– esta institución fue disuelta y reestablecida en diversas ocasiones hasta su definitiva desaparición, mediante el Real Decreto 2333/1978, de 25 de agosto, que derogó la normativa vigente en aquel momento (dos decretos sobre los somatenes armados de 1936 y 1945) estableciendo que, en el plazo de un mes, los somatenistas debían entregar sus armas a la Dirección General de la Guardia Civil.