La gestión de las crisis pone a prueba la capacidad de reacción y la agilidad mental de cualquier ser humano. Un amplio rango de profesionales se encuentran con situaciones de alto riesgo con mayor frecuencia que el resto de la población: me refiero a médicos, miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, trabajadores sociales u operarios de seguridad privada. Hallarse ante un hombre o mujer armado, una persona con serias intenciones autolíticas o, sencillamente, ante una persona (o personas) que representen un peligro inminente es algo que, tarde o temprano, nos puede suceder a todos.

Desde hace tiempo existe el conocimiento de que hay una relación negativa entre el desempleo y la salud. (Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, 2012).

Para muchas personas el trabajo es una seña de identidad, por la que encontrar un lugar en la sociedad. Gracias a él, podemos sentirnos útiles, sentir que nos proporciona un status social, entenderlo como un medio para entrar a formar parte de la dinámica de la vida, ser así participes y desempeñar un rol social con el que identificarse.

El término quididad fue utilizado en la filosofía escolástica medieval por Tomas de Aquino, asignándole la significación de esencia, de naturaleza. En esta misma tónica nos referiremos a quididad en la filosofía criminológica, como la esencia que constituye de manera integradora lo corpóreo y la psique del “ser-antisocial”, la cual puede ser mutable como efecto de acción directa de los accidentes.

Las anomalías de origen en la base material de la psique del hombre, predisponen su conducta hacia el rompimiento de las normas que rigen la vida en sociedad, además de la incidencia de factores diversos, inherentes a la volición o nolición en el ejercicio del libre albedrío, que constituye la quididad y los accidentes del desarrollo psíquico que producen al “ser-antisocial”.

Dentro de las teorías biologicistas surgieron, como no, autores que intentaron explicar por qué la mujer delinque desde un punto de vista psicológico, es decir, buscaron la causa de la delincuencia femenina en los posibles y perentorios problemas mentales que aquejaban a las mujeres.

Tenemos así dos corrientes de pensamiento: las explicaciones psicoanalíticas y las explicaciones psiquiátricas.

El conductismo es la escuela de pensamiento que sostiene que las conclusiones sobre el desarrollo humano deben basarse en observaciones controladas del comportamiento manifiesto en lugar de hacerlo en especulaciones sobre los motivos inconscientes u otros fenómenos inobservables. Éste en el área de la Criminología ha dado una explicación de la relación estímulo-reforzador-respuesta; por ejemplo, qué estimula al sujeto a responder con un acto antisocial; y ha servido de gran ayuda para detenernos a observar y describir los factores criminógenos (estímulos) que influyen, poder predecir las consecuencias (respuestas), también ha servido para conocer los resultados de los efectos del castigo en la conducta de los individuos (penalidades) y los modelos de prevención por medio de reforzadores positivos y negativos (Política Criminológica).