Ruth Alvarado Sánchez

Ruth Alvarado Sánchez

Doctora en Sociología, especializada en desviación social y género.

Especialista en Investigación Criminal.

Apasionada de la justicia y la igualdad.

Intentando continuar la estela de las grandes mujeres y excepcionales penalistas Doña Concepción Arenal y Doña Victoria Kent en la creencia de que el delincuente (y la delincuente) es una persona y por ello su comportamiento y sus necesidades deben ser estudiados, conocidos y de ser posible (en la medida de lo posible) dar una respuesta y solución.

“La libertad de maternidad es lo que hace a las mujeres, auténticamente mujeres”

Hace algunos meses, cierto político, imbuido por el espíritu de la (mala) conciencia o la necesidad de honestidad (o quizá ya en campaña electoral, aún no lo tengo del todo claro…), declaró su admiración, en forma de paga anual, por todas las mujeres de su comunidad, mujeres que lucharon por la democracia en nuestro país durante los terribles años de la dictadura y entregaron su silencio, sus lágrimas y su dolor para que la democracia llegara.

Hay una juez en Argentina que dice que durante la dictadura franquista se cometieron en nuestro país delitos de lesa humanidad: tortura, detención ilegal, fusilamientos… y que por lo tanto se debe juzgar a los responsables denunciados.

Me resulta sorprendente que en pleno siglo XXI haya que explicar a determinadas personas, a las que se les presupone cierto nivel de cultura, que no de inteligencia, la tipología criminal para que dejen de sembrar dudas y rencores que por otro lado es lo que desean para justificar según qué determinadas posiciones, actitudes y decisiones.

Las guerras y los conflictos armados dejan una huella indeleble que persigue a las personas que los viven: hambre, miedo, miseria, dolor… las mujeres además añaden a todo ello convertirse en objeto de cambio y en víctimas mudas de los hombres de poder (de cualquier hombre que cree estar legitimado por un derecho divino a poseer todo aquello que le rodea, sobre todo de una mujer).

El cuerpo de la mujer ha sido usado, abusado, ultrajado, vejado y manipulado en todos los conflictos y revueltas acaecidas en cualquier época histórica de cualquier lugar del mundo.

Hubo un tiempo de progreso y avance en el que las teorías arcaicas y estereotipadas cayeron en su propia mentira y por fin la sociedad se enteró de que las mujeres y los hombres eran iguales y tenían la misma capacidad de entendimiento que les confería, por tanto, los mismos derechos y libertades, era un tiempo en el que con paso lento pero firme se avanzaba en una sociedad más justa y realista, sin nadie por encima de nadie, sin que unos fueran más listos por naturaleza divina que otros.

El tiempo siguió avanzando y nadie parecía acordarse de las teorías que defendían la inferioridad de las mujeres, hasta que llegó el año 2014 y los defensores de ideas retrógradas y melancólicos de tiempos funestos se quitaron la máscara y de repente… las mujeres españolas se volvieron imbéciles.

Hay mujeres que cumplen condena sin haber sido juzgadas, que sufren castigo sin haber cometido ningún delito, que viven una existencia marcada por la violencia de unas penas impuestas por poderes, mujeres que son prisioneras de la calle*.

Mucho se está hablando estos días sobre los niños robados en nuestro país, una noticia que indigna y enfada a partes iguales a todo aquél sensibilizado con el dolor ajeno y propio.

Los resultados judiciales que estas familias enajenadas de sus hijas e hijos están obteniendo es nulo, lo que hace el sufrimiento más atroz, los jueces y la fiscalía no quieren remover un asunto que va más allá de médicos y monjas, brazos ejecutores de una política que hunde sus raíces en las estrategias más despiadadas desplegadas por el régimen franquista.

Hola, mi nombre es…. bueno no importa, mi nombre es lo menos importante, no sólo porque haya dejado de interesar sino porque podría ser todos y cada uno de los nombres de aquellas mujeres que han dejado de existir, todas y cada una de esas mujeres que sufren, han sufrido y sufrirán en silencio y sin compasión el abuso, el maltrato y la humillación de sus parejas.

"Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia". Julia Conesa

Al finalizar la guerra los juicios sumarísimos, las detenciones, las torturas y las ejecuciones estaban a la orden del día y a pesar del comunicado oficial donde se decía que aquel que no tuviera delitos de sangre no sería condenado a la pena capital fueron muchos los españoles (sobre todo mujeres) para los que esta afirmación resultaría una cruel falacia.

Página 1 de 3