¿Satisface la actual Justicia penal las necesidades de las víctimas?

Julio 11, 2012 4046
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“ Un ciudadano francés residente en Madrid que pasaba unos días de vacaciones en Murcia falleció por el impacto de una piedra de 15 Kg lanzada contra su coche por un niño de 13 años, en un puente  que une la Manga del Mar Menor con Cartagena”

Esta es una de tantas y tantas noticias de sucesos y delitos trágicos que todos los días podemos ver en prensa escrita y televisión. En este caso además el chico no puede ser juzgado porque no tiene la edad mínima legal. Por supuesto, que muchas voces ya habrán vuelto a clamar por “justicia”, o lo que últimamente parece lo mismo,  que estos menores puedan ser juzgados y condenados, otra vez equiparación entre justicia y castigo. ¿Pero se haría justicia metiendo a este chico en  un centro de internamiento?

Veamos la idea de la actual justicia punitiva o retributiva trata acerca de infligir al infractor un castigo adecuado, un daño similar y proporcional al que causó ¿Alguien tiene una formula matemática para medir  el dolor? Realmente creo que este sistema es arbitrario porque ¿cómo se cuantifica cuantos días, meses o años  son un castigo justo y equitativo para los delitos? Y yendo un poco más allá, y como ejemplo, imaginemos un padre que mata a sus dos hijos, solo matándolo dos veces podríamos equiparar un poco las dos vidas inocentes sesgadas por la mano de su progenitor. Por eso hablar de justicia retributiva se torna una contradicción porque se me antoja imposible encontrar una fórmula justa entre pena y delito, entre dolor que se infrinja al delincuente y el dolor causado por el delito a las victimas y sus allegados.

Además erróneamente se ha hecho creer a las victimas que el castigo compensará el daño causado y que va a recuperar su vida solo con ese acto pero la realidad demuestra que la mayoría no sienten que se ha hecho justicia ¿por qué?

Pues porque la ecuación castigo-daño no es ciencias exactas, de ahí que para una persona que ha sufrido un delito,  la condena a prisión nunca contempla los años suficientes para restaurar el daño causado por el delito. Son las propias victimas las que nos  están diciendo a gritos que el sistema de justicia no funciona, cada vez que se indignan porque el numero de años no es suficiente para mitigar la muerte o la violación de un ser querido….por ejemplo, y lo hacen de esta forma porque es la única opción que conocen o que tienen a su disposición: el castigo.  Las victimas es lo único que tienen, lo único a lo que se pueden aferrar para poder intentar recuperar su vida. Y sin embargo,  lo que se daña cuando se comete un delito es imposible de cuantificar en la mayoría de los casos, sobre todo si se trata de un homicidio pero por supuesto, que tampoco es posible al 100% en otros delitos como el robo, porque además del daño material que si es cuantificable hay uno que es moral y es muy complicado de valorar.

Esto no significa que sea partidaria de la teoría abolicionista por la cual muchos partidarios de la justicia restaurativa opinan que la Retributiva debiera desaparecer en favor de la restaurativa. Obviamente reconozco que determinados delincuentes por sus características y circunstancias deben estar recluidos en prisión en aras a salvaguardar el sentimiento de seguridad de la comunidad. Eso si teniendo en cuenta y pensando que algo habrá que intentar hacer con este infractor, porque más tarde o más temprano saldrá de la cárcel, y no podemos dejar ese “problema” para los que vengan detrás.

Sin embargo para otros, como el caso de este chico de 13 años, la Justicia Restaurativa puede ser un complemento importante para su reducación y responsabilización por el daño que causó. Este  chico no puede ser juzgado pero debería poder tratarse su asunto desde un punto de vista restaurativo, que le haga aprender que todas las acciones tienen sus consecuencias y que debe tomar conciencia del daño que causa con su comportamiento. Aquí la restauración en si misma es imposible porque el hombre fallecido no volverá, pero al menos si podemos recuperar a este chico, como un ser humano nuevo que se reintegrará en la comunidad, intentando hacer el “bien” para mitigar el daño que causó, así al menos  la familia del fallecido tendrá la confianza y todos nosotros también, de que nadie más volverá a pasar por lo mismo que ellos. Esta Justicia Restaurativa permite personalizar la respuesta frente al delito, adaptarla a cada supuesto y cada persona, generalmente se cree que el castigo es justo, siempre y en todo caso porque teóricamente se hace sobre la persona culpable exclusivamente. Sin embargo y tristemente, esto casi nunca es así. La Justicia Retributiva recae no sólo sobre el culpable sino también sobre el inocente, porque sus efectos lo sufren también las personas que no han hecho nada malo. Una condena a prisión afecta a la familia, amigos y allegados, si el sentenciado es empresario, sus trabajadores lo sufrirán también, y como estos ejemplos muchos más. Todos son también victimas indirectas pero no solo del delito que se ha cometido por su allegado, sino también del sistema de justicia penal.

Por eso creo que es hora de apostar por una reforma  de la justicia, eso si no encubierta para acabar siendo más de lo mismo, porque entonces no serviría de nada. La idea es dar más voz a las víctimas, que ellas puedan decidir si desean que su caso sea tratado con un enfoque restaurativo, eso sí, informándolas someramente de los muchos beneficios que esta justicia tiene para ellas. ¿Cuáles son estos beneficios?

Las victimas van a ser escuchadas y sus necesidades atendidas, lo que es un paso importante para que puedan superar el delito. Howard Zehr, el “padre de la Justicia Restaurativa” así lo ha establecido, añadiendo además que cuando se trata con victimas a veces no se encuentran las palabras, sin embargo, la mayoría de ellas pasan por una serie de etapas desde que sufren el delito.

Según Howard pueden llamarse “viaje” porque dependiendo de las personas, para unas victimas cada etapa o viaje será mas largo o mas corto.

Estas etapas serían:

  1. Viaje al entendimiento
  2. Viaje al honor
  3. Viaje reivindicativo
  4. Viaje hacia la justicia

En la primera y segunda etapa, las víctimas se enfrentan a un proceso psicológico e interno en el que su necesidad primordial es intentar convivir con lo que han sufrido y poder superarlo. Se trata de reconstruir la historia, incorporando el delito como una parte más de sus vidas y trayectorias personales, además se intenta transformar la humillación, que supone sufrir un delito en honor (no es algo deshonroso ser víctima, sino que es un honor poder superar el trauma y salir adelante)

En la tercera etapa, las víctimas reflejan el proceso interno de las dos anteriores etapas en el mundo exterior a través de las reivindicaciones. En este momento, las víctimas necesitan saber que una persona (infractor) es la responsable. Necesitan que desaparezca el desequilibrio de poder entre ambos (victima e infractor) y que la balanza se equilibre lo más posible.

En la cuarta etapa, en la que el delito ha llegado a los tribunales (a la justicia), las víctimas tienen una serie de necesidades, según mi experiencia son:

Seguridad, se sienten satisfechas si creen que hay menos posibilidades de que el infractor vuelva a cometer nuevos delitos

Información y respuestas, las víctimas dicen que una de las mayores frustraciones es la dificultad que tienen para encontrar información sobre la evolución de sus casos. De hecho alguna víctima afirma que es lo único que desearían conseguir del sistema judicial.

Participación, necesitan participar y ser consultadas durante todo el tiempo que dura la tramitación. Desean que se las cuente la verdad y se las dé el "poder" para tomar parte en un hecho que las afecta de forma protagonista: el delito.

Muy relacionada con esta necesidad de participación es la necesidad de:

Reconocimiento, las víctimas quieren que se las estimule para sentirse partes de la Justicia. A través de la participación, restauración emocional y reparación material del daño se las está dando el reconocimiento y el valor que tienen como personas y como víctimas para que así la experiencia de la victimización se resuelva de forma satisfactoria. En cuanto a la restauración emocional, se puede decir que mientras los juzgados y los abogados hacen referencia al daño y sufrimiento experimentado y en ciertos casos son adoptadas sentencias con condenas económicas para compensar este daño, las víctimas suelen afirmar que el daño moral solo puede ser sanado por un acto de reparación emocional.

La mayoría de los delitos son estresantes, conllevan sentimientos de vulnerabilidad, enfado, desconfianza, vergüenza o auto culpabilidad.

El problema es precisamente que el sistema de justicia tradicional falla porque trata todas las ofensas de la misma manera, a pesar del diferente impacto que causan en las diferentes víctimas. Por supuesto que en ocasiones, la reparación material también resulta importante para las víctimas, y prefieren que se haga directamente y de forma voluntaria por el infractor. Como se puede ver, la mayoría de las victimas por si solas no buscan más castigo, sino ser tratadas como personas, de una forma más humana y no como meros objetos o pruebas del delito. Lo que ocurre es que la influencia mediática y la desesperación de no tener más apoyos, hace que las victimas clamen por penas más duras, sin embargo cuando todo ha acabado y el infractor ha sido sentenciado, se dan cuenta que el dolor, el vacío y la desesperanza continúa. Por eso se hace más necesario que nunca avanzar hacia una justicia que atienda a las victimas en cada etapa del viaje a su recuperación, intentando satisfacer sus necesidades de cada momento.  Se trata de cambiar el orden de prioridades primero victimas y luego infractores, más que el que la hace la paga, sería el que la hace debe reparar o hacer algo para compensar su mal comportamiento.

Virginia Domingo

(Burgos, 17 de mayo 1975)

Soy periodista frustrada, estudié derecho, por defecto  y a pesar de todo,  me gustó. Fui durante más de ocho años  Juez Sustituta, lo que me hizo ver la realidad de la justicia y  su falta de humanidad, así llegué en el 2004 a la Justicia Restaurativa. Actualmente soy la coordinadora del Servicio de Mediación Penal de Castilla y León (Burgos) y presidenta del Instituto de Justicia Restaurativa-Amepax ( la entidad que proporciona este servicio). Soy experta y consultora internacional en Justicia Restaurativa. Mediadora Penal y Presidenta de la Sociedad Cientifica de Justicia Restaurativa. Miembro del Comité de investigación del Foro Europeo de Justicia Restaurativa, participo regularmente en las reuniones de este Foro y he ofrecido varias charlas a nivel internacional, asimismo he realizado diversos trabajos de investigación sobre Justicia Restaurativa y mediación en materia penal. Y sigo luchando porque se regule la Justicia Restaurativa como un derecho más para las victimas de cualquier delito con independencia del lugar donde lo sufran.

 

www.justiciarestaurativa.es/