No somos como los asesinos, pero hay que respetar a las victimas

Agosto 22, 2012 4866
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"Instituciones penitenciarias ya confirmó el viernes pasado por la tarde la concesión del tercer grado al preso Uribetxebarria por razones humanitarias y porque entendía que pese a la entidad de los delitos cometidos, entre ellos el secuestro durante 532 días de José Antonio Ortega Lara, resulta indudable que la gravedad de la enfermedad y su previsible evolución mitigan extraordinariamente la peligrosidad del recluso. La decisión obedece a la aplicación del artículo 104.4 del reglamento penitenciario.

La Secretaria General de prisiones condicionaba la libertad condicional del recluso al cumplimiento de varias y estrictas normas de conducta, que se mantenga alejado de sus victimas y familiares, y la prohibición de participar de forma activa o pasiva en manifestaciones públicas de enaltecimiento o legitimación de la violencia. Mientras las víctimas de este preso, estudian una huelga de hambre contra la excarcelación”

Desgraciadamente una vez más hay víctimas que no han podido quitarse “el rol” y que sienten que sus necesidades no han sido cubiertas. La verdad es que algo muy mal estamos haciendo, cuando estas víctimas se oponen tajantemente a la excarcelación de este preso aún cuando parece tener una enfermedad terminal ¿Por qué ocurre esto?

Pues porque sienten claramente que nos son “escuchadas”, respetadas y atendidas, mientras que sus “verdugos” sí, gozan de este respeto y atención.

Entiendo que el Estado no se puede poner al mismo nivel que unos asesinos y que si estos no tuvieron empatía ni humanidad con sus víctimas, el sistema social y democrático de derecho en el que vivimos, si tiene empatía con el sufrimiento de las personas, aunque sean presos extremadamente peligrosos. No se trata de poner la otra mejilla, pero si se trata de erradicar el ojo por ojo. Esto da “dignidad” al estado frente a estos delincuentes. ¿ Pero quién da dignidad a las victimas?

Si nos centramos expresamente en la ley, hay varias cosas que no me cuadran, especialmente si nos ceñimos al tenor literal de este articulo 104.4 del Reglamento penitenciario “ los penados enfermos muy graves con padecimientos incurables, según informe médico, con independencia de las variables intervinientes en el proceso de clasificación podrán ser clasificados en tercer grado por razones humanitarias y de dignidad personal, atendiendo a la dificultad para delinquir y su escasa peligrosidad” Entiendo y todos podemos llegar a comprender estas razones humanitarias pero realmente ¿existe una dificultad para delinquir? Si esto es así, por qué le ponen una serie de normas de conducta como la de no acercarse a sus víctimas, y respecto de la escasa peligrosidad, por qué expresamente le prohíben participar en manifestaciones de enaltecimiento de la violencia. Claramente parece que ni el Estado ni Instituciones Penitenciarias tienen claro que se cumpla la mencionada escasa peligrosidad ni tan siquiera la dificultad para delinquir. Y es que ¿no se requiere también un pronóstico individualizado y favorable de reinserción social? En este caso, este señor ni se ha arrepentido, ni siente una pizca de empatía para con sus víctimas, por eso entiendo que la fiscalía valore su internamiento en un hospital especial, en lugar de su excarcelación.

Pero todo esto es burocracia, interpretación de leyes y valoraciones de los que están a favor y en contra pero ¿alguien ha pensado en las victimas?

Estas no entienden de estos temas, solo sienten dolor por los familiares asesinados y sobre todo sienten que no se ha hecho justicia. Todo hubiese sido diferente si este señor se hubiese arrepentido de sus delitos (algunos de ellos, como el secuestro de Ortega Lara, tan inhumano que a duras penas una persona normal puede encontrar un atisbo de humanidad, en este señor por muy enfermo que esté) o al menos hubiera mostrado un poco de respeto por sus víctimas o pidiéndole lo mínimo, si por lo menos hubiera tenido un poco de humildad durante todo el proceso, sin embargo las pocas fotos le muestran con una actitud nada humilde, como si fuera él, la víctima e incluso con aires de héroe.

Por todo esto, me pongo en el lugar de las victimas y comprendo el daño que las estamos haciendo con todo esto. No significa que esté en contra de la concesión del tercer grado a este señor, por cuanto creo que no hay mejor respuesta ante una persona que no ha respetado la vida de seres inocentes, que demostrarlo que los demás no somos como él. Pero lo que me preocupa son sus victimas, porque reitero, que algo no funciona si no hemos sabido ver sus necesidades y satisfacerlas. Aquí es donde para mi, cobra importancia la Justicia Restaurativa porque las puede ayudar de la forma que necesitan.

Es una justicia más humana, dirigida a hacerlas ver que son dignas de respeto, consideración, que su dolor es respetado y sentido por la mayoría de los ciudadanos y por supuesto por el Estado. Y que su “voz” nunca va a dejar de ser escuchada. Creo que si están enfadadas con este “tema”, es más por la publicidad, por las atenciones al caso y a la persona de este preso, que por el hecho en si, de su excarcelación o no. Al final las víctimas siempre van a tener la humanidad y empatía que a los infractores les falta, pero lo que se debería hacer es informarlas de primera mano, pedir su opinión, explicarlas el por qué, y sobre todo no abandonarlas hasta que puedan dejar de “sentirse victimas”.

La Justicia Restaurativa no es solo encuentros victimas-infractores, se puede abordar los problemas de forma individual y restaurativa, ayudando a las victimas a superar el trauma y a validarlas como personas. Tampoco podemos creer que todos los presos se van a arrepentir de sus delitos, por supuesto que no, y la Justicia Restaurativa no va encaminada a ello. Para ver esto,  no hay más que ver al preso de la noticia, aún con una enfermedad terminal, no ha mostrado un ápice de arrepentimiento.

Pero por eso hay otras formas de ayudar a sus victimas, canalizando su sentimiento de venganza (muy lógico y normal) por otros no ya de perdón (porque es algo muy personal) pero si de recuperación del control sobre su vida, de empoderamiento (si es que esta palabra existe en castellano). Me explico, cuando se sufre un delito especialmente tan grave como estos, se siente que se pierde el control de la vida y que todo gira en torno al daño sufrido. Una forma de atender a las victimas es precisamente ayudándolas a que recuperen el poder y control, requilibrando la balanza hasta entonces en favor del delincuente. Como decía una chica cuyo padre falleció por una bomba del IRA, las victimas deben sentirse supervivientes, mejor personas que los delincuentes y dignas de admiración, por poder superar el trauma, si el asesino ve que no están “hundidas”, habrá aprendido una gran lección: que su asesinato trastocó la vida por la perdida de un ser querido pero no la ha destrozado, porque las personas buenas al final reciben cosas buenas.

Todo esto puede sonar utópico, especialmente para los que no hemos sufrido un delito tan atroz, pero si cambiamos el orden de prioridades, es posible conseguir que las victimas dejen de serlo, y si además las tenemos informados y tomamos en consideración sus opiniones y sentimientos, seguro que dejaran de sentir este malestar que reflejan. Al fin y al cabo para morir con dignidad, se debe haber tenido una vida digna y matar, no dignifica a nadie. Pero sobre todo es esencial transmitir que los ciudadanos de “bien” no somos como los asesinos.

 

Modificado por última vez en Jueves, 13 Septiembre 2012 21:28
Virginia Domingo

(Burgos, 17 de mayo 1975)

Soy periodista frustrada, estudié derecho, por defecto  y a pesar de todo,  me gustó. Fui durante más de ocho años  Juez Sustituta, lo que me hizo ver la realidad de la justicia y  su falta de humanidad, así llegué en el 2004 a la Justicia Restaurativa. Actualmente soy la coordinadora del Servicio de Mediación Penal de Castilla y León (Burgos) y presidenta del Instituto de Justicia Restaurativa-Amepax ( la entidad que proporciona este servicio). Soy experta y consultora internacional en Justicia Restaurativa. Mediadora Penal y Presidenta de la Sociedad Cientifica de Justicia Restaurativa. Miembro del Comité de investigación del Foro Europeo de Justicia Restaurativa, participo regularmente en las reuniones de este Foro y he ofrecido varias charlas a nivel internacional, asimismo he realizado diversos trabajos de investigación sobre Justicia Restaurativa y mediación en materia penal. Y sigo luchando porque se regule la Justicia Restaurativa como un derecho más para las victimas de cualquier delito con independencia del lugar donde lo sufran.

 

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