Solo acudiendo al origen de delitos tan crueles, se pueden prevenir otros.

Enero 09, 2013 2984
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Las calles de Nueva Delhi registraron manifestaciones para clamar justicia  y exigir seguridad para las mujeres tras la muerte de la joven violada en un autobús por una pandilla de seis hombres. Los autores de la violación fueron detenidos. El secretario de educación Shashi Tharoor abrió este miércoles un debate al proponer una nueva ley que castigue más severamente las agresiones sexuales y lleve el nombre de la chica. Habitualmente se mantiene en el anonimato el nombre de las víctimas de crímenes sexuales para evitar que ellas o sus familias sean estigmatizadas”

Esta terrible noticia me lleva a plantearme una pregunta ¿con un simple endurecimiento de las penas se evitarían estas conductas tan terribles e inhumanas?

 

Para contestar esta pregunta me gustaría empezar por cuales son los fines del derecho penal, está claro que este derecho penal surge en primer lugar para proteger determinados bienes jurídicos que el estado considera que son dignos de protección. Algunos lo son por cuestiones morales y/o éticas por ejemplo la vida humana, es un bien que debe ser protegido porque nadie debe atentar contra otro ser humano, otros bienes son protegidos por cuestiones sociales, tecnológicas, del momento concreto que nos ha tocado vivir o simplemente por razones políticas por ejemplo revelación de imágenes privadas difundidas por medios electrónicas y/o informáticos.

En segundo lugar, otro fin del derecho penal es la disuasión o lo que algunos llaman motivación. Se trata de que  a través del ius puniendi del estado los individuos aprendan a abstenerse de realizar conductas que atenten o lesionen los bienes jurídicos tutelados. Se trataría de una amenaza del estado a los ciudadanos para que se abstengan de cometer delitos. Delitos van a existir pero el objetivo es evitar los más posibles y así se proporciona a los ciudadanos el marco más idóneo,  donde poder vivir en paz (da seguridad a la población). Sin embargo, la función disuasoria no tiene en muchas ocasiones los efectos deseados y a pesar del aumento de las penas, esto no ocasiona una disminución de los delitos, ni de la alarma social que crean cuando los hechos son tan crueles como lo que sufrió esta joven india. ¿Por qué?

Porque el binomio penas más duras, menos delitos solo funciona en determinados casos. Y es que la fuerza disuasoria del derecho penal (destinada no tanto al que ya ha delinquido sino a los futuros delincuentes para que no cometan nuevos delitos) no funciona a no ser que el infractor se ponga a pensar acerca de la probabilidad de ser “pillados”, calcule que el riesgo es alto y sabiendo el castigo tenga miedo. Si alguna de estas condiciones falla y se comete el delito, entonces surgen los problemas:

La amenaza que estaba destinada a disuadirlo de cometer el hecho hará que quiera escapar del castigo. Intentará negar los hechos, minimizarlos o incluso estará dispuesto a hacer cualquier cosa por cruel que sea, con tal de librarse del castigo.

Si la pena consiste en prisión y ésta se lleva a cabo, esto hará que el delincuente sea más propenso a repetir conductas delictivas porque la cárcel rompe sus relaciones personales, le hace más difícil conseguir trabajo, un lugar donde vivir… Además durante su estancia en prisión irá desarrollando sentimientos de ira y vergüenza.

En este caso concreto, está claro que los agresores no tenían nada de miedo al castigo, por lo terrible de la agresión que cometieron y por eso actuaron de forma tan cruel. El problema es que aunque el castigo que les puede esperar es la pena de muerte o la más dura de las penas, les dio lo mismo y  agredieron a la joven y esto es porque el efecto disuasorio de la pena y del derecho penal, no produce en ellos el efecto deseado, tal y como lo he explicado antes.

Por eso la Justicia Retributiva tal y como la conocemos en el sentido de más castigo ante el delito, menos delincuentes, a menudo no resulta eficaz, es necesario caminar hacia una Justicia Restaurativa, una justicia más humana que fomente los valores sociales, humanice a las personas y sobre todo tenga en cuenta a los seres humanos que sufren un delito y si son más vulnerables, con más razón. Sería hora de tomar en consideración la apuesta de Thomas Kuhn por un binomio totalmente diferente y relacionado con esta Justicia Restaurativa, haciendo que el delincuente se comporte bien, no por la amenaza del castigo sino porque han desarrollado empatía. Es decir porque el delincuente ha aprendido que no debe delinquir porque ha comprendido que con su actitud está dañando a un ser humano y no tiene derecho a hacerlo, todo ello con independencia del castigo que pueda recibir por cometer el delito.

Estos hombres que agredieron a esta chica no tenían miedo al castigo, ni empatía nisiquiera se pararon a pensar que esta chica podría ser su madre, su hermana, su mujer….su falta de empatía, de ponerse en el lugar de la víctima les hace ser totalmente indiferentes ante el daño que han ocasionado y sus repercusiones. Por eso los valores y principios restaurativos deberían inculcarse en los colegios y familias, para que desde pequeños, los niños y jóvenes aprendan a respetar a todos los seres vivos y que no deben hacer a los demás lo que no quieran que les hagan a ellos. Si empezamos la “casa” por los cimientos es más fácil lograr unos “cimientos sólidos”, o lo que es lo mismo seres humanos con conciencia, valores y ética.

 Está claro también que uno de los fines de las penas es la reinserción del delincuente, y también aquí la Justicia Restaurativa juega un papel importante, intentando que el infractor se responsabilice, quiera reparar o mitigar el dolor que causó y sobre todo que todos los miembros de la comunidad, incluido él, respeten a las víctimas, sin embargo ante la crueldad de delitos como este, no es difícil adivinar lo complicado de la reinserción de estos agresores, puesto que este crimen revela precisamente que el origen está en su infancia o al menos en su educación, en su falta de respeto hacia sus semejantes y en creerse por encima del bien y del mal y por supuesto de la ley.

Otro problema relacionado con este delito y muchos otros es el maltrato a la mujer, la falta de respeto hacia su persona por el mero hecho de ser del sexo femenino, no hablo de igualdad literal, porque opino que no somos físicamente iguales a los hombres, ni querría serlo. Se trata más bien de una falta de respeto hacia la diversidad, falta de consideración hacia la mujer y su valor como ser humano, en este sentido somos totalmente iguales y parece que algunos todavía no se han dado cuenta. Para mí, se trata de igualdad de seres humanos con independencia de su sexo, raza, religión u orientación sexual. Esto es y vuelve a ser un problema de raíces, de educación machista y sexista que quizá en países occidentales no es tan común y recuerda a épocas pasadas, sin embargo en otros lugares del mundo es habitual,  muchos de ellos influenciados por una religión mal interpretada y por una cultura tradicional anticuada que considera a la mujer como algo inferior, igual que antaño ciertas razas se consideraban superiores a otras. Por eso una vez más, reitero la imperiosa necesidad de educar en valores restaurativos para evitar así futuros delitos y la creación de potenciales delincuentes y educar en el respeto a la vida de todo ser vivo, por el mero hecho de serlo.

También me apena cómo muchas mujeres se ven obligadas a seguir reivindicando por sus derechos más elementales, porque siguen reprimidas mientras muchas otras, especialmente en países occidentales como España, utilizan su condición de en teoría sexo débil y la discriminación positiva que la ley ofrece a su favor, para aprovecharse de los hombres. Esto pasa y desgraciadamente conozco casos muy cercanos, en los que la mujer se divorcia del marido y automáticamente se le despoja de todo, bienes materiales y el cariño de sus hijos, quedando relegados a un padre ocasional, y en una posición pésima. Incluso alienan y manipulan a los hijos en contra del padre, lo que les lleva a la desesperación, por haber perdido todo. ¿Es posible que en el SXXI y en un mismo planeta, haya situaciones tan extremas y radicalmente diferentes?. Pues efectivamente aunque no se puede generalizar porque no siempre es así, algunas veces se dan los dos extremos y por eso es importante inculcar estos valores de empatía y respeto hacia los semejantes.

Desde luego en países como los de la chica agredida tan salvajemente, es imprescindible acudir al origen del por qué estas conductas, para poder abordar el delito de una manera más eficaz, sin perjuicio de que los delincuentes reciban el castigo que merecen.  En este caso también hay que tener en cuenta a los familiares de la víctima, deben ser respetados y sentir que no son estigmatizados y que no tienen la culpa por el delito que sufrió su ser querido sino todo lo contrario. Es decir, se puede acudir a la justicia restaurativa porque aunque reparar el daño es imposible (porque la joven ha fallecido) si puede esta justicia ayudar a las otras víctimas a sobrellevar el dolor y sobre todo a sentir que no están solas. Puede ayudar a reparar no de forma “literal” pero si simbólica, moral y psicológica. Esta reparación no vendrá de los agresores `puesto que carecen de escrúpulos y conciencia, pero lo bueno de la Justicia Restaurativa es su amplitud y puede ser la misma comunidad la que también puede cooperar con esta reparación moral. Lo importante es buscar el origen del horrendo crimen, porque el castigo por sí solo no ayudará a prevenir futuros delitos. Para la víctima y sus familiares la mejor justicia además de que los delincuentes reciban su castigo, es que estos delitos no vuelvan a suceder.

Modificado por última vez en Miércoles, 09 Enero 2013 18:40
Virginia Domingo

(Burgos, 17 de mayo 1975)

Soy periodista frustrada, estudié derecho, por defecto  y a pesar de todo,  me gustó. Fui durante más de ocho años  Juez Sustituta, lo que me hizo ver la realidad de la justicia y  su falta de humanidad, así llegué en el 2004 a la Justicia Restaurativa. Actualmente soy la coordinadora del Servicio de Mediación Penal de Castilla y León (Burgos) y presidenta del Instituto de Justicia Restaurativa-Amepax ( la entidad que proporciona este servicio). Soy experta y consultora internacional en Justicia Restaurativa. Mediadora Penal y Presidenta de la Sociedad Cientifica de Justicia Restaurativa. Miembro del Comité de investigación del Foro Europeo de Justicia Restaurativa, participo regularmente en las reuniones de este Foro y he ofrecido varias charlas a nivel internacional, asimismo he realizado diversos trabajos de investigación sobre Justicia Restaurativa y mediación en materia penal. Y sigo luchando porque se regule la Justicia Restaurativa como un derecho más para las victimas de cualquier delito con independencia del lugar donde lo sufran.

 

www.justiciarestaurativa.es/