Penas más duras, no es la panacea para las víctimas de delitos ni para la sociedad

Febrero 13, 2013 4292
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Cuando echamos un vistazo a la programación de una cadena de televisión cualquiera, un día cualquiera, lo que vemos básicamente son dos clases de programas: los dedicados a contarnos con lujo de detalles los delitos que más alarma han creado y los destinados a desvelarnos las intimidades de los famosos, es más la mayoría de estos, tienen un formato doble. Pero es que va más allá de una forma u otra, estos programas viven del delito y del dolor que muchas personas arrastran, tras sufrir las terribles consecuencias de un crimen. Veo con tristeza víctimas continuamente hablando y reviviendo el daño que sufrieron, sin haber podido superar este rol de víctima, sin poder atravesar las distintas etapas del duelo, y para mí, el hecho de estar en televisión un día sí y otro también recordando, no las ayuda en nada.

Comprendo el derecho de los medios a la información, a contar lo que está ocurriendo pero en muchas ocasiones también me pregunto ¿Dónde está el límite? Un ejemplo claro de lo que estoy diciendo son los suicidios, habitualmente no salen a la luz pública porque los expertos creen que generan un efecto llamada, sin embargo, ahora se conocen los suicidios derivados de la crisis y concretamente de la gente que va a ser desahuciada. No sé si esto es bueno para que los políticos y los gobernantes tomen conciencia del daño y la situación de la población, probablemente lo hagan por eso, pero el seguro efecto llamada que puede originar en personas que se hayan en una situación similar,  puede ser grave. Insisto ¿el derecho a la información prima por encima de todo? No lo sé, quizá el respeto a los demás debe ser lo esencial. Estos programas tienes cosas muy buenas como el efecto solidaridad que pueden crear en nosotros, la empatía hacia los que sufren y sobre todo nos acerca a la realidad que en ocasiones no vemos o no queremos ver.

Sin embargo, también producen efectos muy nocivos en los ciudadanos como la constante puesta en duda de la justicia y más concretamente, trasladan a las personas un sentimiento de insatisfacción con respecto a la justicia penal y un clamor por penas más duras, como si esto fuera la panacea de todos los problemas de la sociedad.

Es más muchas víctimas hacen de su bandera, el aumento de las penas como si esto fuera a ayudarlas a cicatrizar y superar el delito o al menos a sobrellevar dignamente el dolor que arrastran. Esto lógicamente genera más insatisfacción y las hunde más en su condición de víctimas, sin posibilidad de despojarse de esta etiqueta que no solo las marca de una forma trágica sino que no las favorece en su recuperación. Entiendo que quién lea esto y sea víctima de un delito, crea que no tengo derecho a hablar porque no he sido víctima de un delito grave, por supuesto que puedo entender su dolor y ponerme en su lugar pero nunca podré al cien por cien saber por lo que están pasando, sin embargo es mi obligación, nuestra obligación ofrecer a las víctimas y a la sociedad complementos a la justicia penal tradicional,  que puedan suponer una ayuda en su camino como dice Howard Zehr, en su viaje al entendimiento y superación del delito. Por eso flaco favor nos hacen muchos medios, cuando reclaman penas más duras como la única solución, sin pararse a pensar que existen otras vías mucho más interesantes y positivas para las víctimas del delito y para la comunidad y que obviamente no implican ser blandos con los delincuentes, esta vía es la justicia restaurativa. Al contrario de lo que parece, esta justicia es más dura con el infractor, ya que  trata de enfrentarlos con sus acciones, intenta que asuman el daño y que su actitud sea activa ( que se comprometa a mitigar o reparar el dolor que causó porque es su obligación ya que quién hace mal a otro, debe intentar compensar este daño como un acto de responsabilidad y de actitud constructiva), mientras que la actual justicia hace que el infractor adopte una posición pasiva, esperando a recibir su condena sin más actividad que intentar defenderse, negar el daño o justificarlo.

Una vez más, también he de reconocer que esta justicia tampoco es la solución universal de todos los delitos, ni servirá para todas las víctimas y todos los delincuentes pero la combinación de ambas formas de ver la justicia, que no son sino dos caras de la misma moneda, va a permitir abordar el delito y sus consecuencias de una forma  más global, adaptada a cada caso concreto y a las circunstancias de las partes.

A este continuo clamor por penas más duras tampoco ayudan algunos operadores jurídicos, porque que algunos digan a sus clientes (y también víctimas) que no existen delincuentes que se reinsertan en la sociedad y  que no se evita la reincidencia, es algo así como negar ante los que sufren, la eficacia del sistema y claramente esto, lejos de reconfortarlas, las indigna como es lógico aún más.Que un abogado  y además de prestigio haga este comentario a una víctima,  me hace  pensar que son muchos los que trabajan para la justicia penal y que incluso defienden de manera habitual a los delincuentes pero que no creen en la eficacia de la justicia penal y en sus fines. Y esto poca seguridad puede dar a los ciudadanos y al resto de la sociedad.

De acuerdo con la doctrina jurídica  y filosófica los fines de las penas son la retribución, prevención y rehabilitación.

Con la retribución, se trata de castigar al delincuente por el mal que causó y así aminorar este daño. Es la respuesta de la comunidad al delincuente por el mal que hizo, yo diría que más bien es la respuesta del estado ante este daño.

Desde la función de la prevención tanto general como especial, se intenta que otros delincuentes y el mismo, no vuelvan a cometer delitos.

Con la rehabilitación se trata  que el infractor vuelva a la sociedad de la que se separó al cometer el delito y vuelva como un hombre nuevo y productivo.

Estos tres objetivos ayudan de igual forma tanto a las víctimas como a la comunidad (que está en riesgo de ser futura y potencial víctima)

El castigo o retribución supone una compensación para la víctima por el daño que sufrió, es un cierto alivio pensar que estará unos años (más o menos) en prisión por causarla un gran dolor. Sin embargo en este apartado, la retribución por sí sola no repara el daño a la víctima, de una forma adecuada a sus necesidades sino que más bien la víctima por defecto, asume como suya la reparación que necesita el estado (el ingreso en prisión del culpable por haber vulnerado una norma creada por él). Aquí, la Justicia Restaurativa trata de potenciar primero, que la víctima sea oída y escuchada, participe activamente durante todo el proceso y pueda decidir qué necesita para sentirse reparada o al menos para mitigar en parte su dolor. Después, en segundo lugar, por supuesto que si el delito es grave la retribución decidirá el castigo adecuado.

La prevención es un aspecto importante. Muchas víctimas desean que lo sucedido no vuelva a ocurrir. Esta prevención da más seguridad y devuelve la confianza a la sociedad que como víctima potencial, ve que hay menos riesgo de que el delincuente vuelva a delinquir. No voy a negar que el castigo sea preventivo ya que durante el tiempo que el delincuente esté en la cárcel, por supuesto que al menos él no reincidirá, pero inevitablemente llegara un día más tarde o temprano en el que tenga que abandonar,  la prisión. Ese día como personas solidarias que somos queremos que lo haga teniendo claro que no quiere cometer más delitos. Solo castigando, cuanto más tiempo mejor estamos retrasando el problema y derivándoselo a las generaciones futuras, y nuestra labor es intentar que cuando salgan sean personas reinsertadas y con el firme deseo de ser hombres de bien o simplemente podemos dejar para el futuro, un delincuente peligroso al que el tiempo en prisión no le ha servido nada más que para afianzarse y crecer en su carrera delictiva. La Justicia Restaurativa en la prevención, juega un papel relevante en la especial, al menos, ya que si conseguimos que el delincuente se dé cuenta del daño que causó y no tenía derecho a hacerlo, el impacto del crimen y sus consecuencias a buen seguro y así lo revelan las estadísticas de esta justicia, habrá menos delincuentes reincidiendo. Una vez más la justicia restaurativa puede resultar un complemento importante para la actual justicia.

La reinserción no es una utopía sino una realidad palpable y que nos conviene a todos. Al igual que con la prevención debemos por nuestro bien (para no convertirnos en futuras víctimas) y por el bien de nuestras generaciones venideras, intentar que la reinserción funcione con el mayor número de infractores posibles. La justicia retributiva actual,  pone a los infractores en una actitud negativa y pasiva, sino se dan cuenta del daño que han causado, pueden estar años y años en la cárcel pero incluso sintiéndose ellos mismos, víctimas. Con la justicia penal con enfoque restaurativo se va a intentar que los delincuentes se vuelvan activos y positivos y acepten que deben devolver a la víctima y/o comunidad algo de bien a cambio del mal que hicieron y deben ver esta actividad no como un castigo, sino como una prestación socialmente constructiva. Muchos al leer esto pensaran que es algo puramente teórico pero es más que eso, es una realidad, no niego que no todos se rehabilitaran, ojalá fuera así pero si es cierto que con que uno lo haga, todos nos sentiremos más seguros y tendremos la confianza en que no estamos dilatando el problema y dejando para nuestros hijos, un futuro repleto de delincuentes no reinsertados que saldrán de prisión en los próximos años. Por eso  me gustaría pedir a los medios, operadores jurídicos y políticos que no confundan a las víctimas y al resto de la población, que penas más duras menos delitos, es una aseveración facilona pero que deja en el aire muchos otros problemas importantes y fundamentales, no solo para las víctimas actuales sino para las que en un futuro irremediablemente puedan y lleguen  serlo, porque nadie somos inmunes al hecho de poder sufrir un delito.

No soy abolicionista y al igual que muchos, creo que el castigo es en ocasiones la única solución pero no podemos tapar el sol con un dedo y si queremos un mundo mejor, ayudar a las víctimas a que dejen de serlo, y cooperar para que el número de hechos delictivos se reduzcan drásticamente, es hora de introducir la Justicia restaurativa y no como alternativa sino como complemento Esta justicia será además importante en determinados casos y para algunos infractores como los jóvenes, ya que educando y concienciando es más probable que el joven se aparte del delito y con eso haya menos delincuentes adultos y reincidentes.

Virginia Domingo

(Burgos, 17 de mayo 1975)

Soy periodista frustrada, estudié derecho, por defecto  y a pesar de todo,  me gustó. Fui durante más de ocho años  Juez Sustituta, lo que me hizo ver la realidad de la justicia y  su falta de humanidad, así llegué en el 2004 a la Justicia Restaurativa. Actualmente soy la coordinadora del Servicio de Mediación Penal de Castilla y León (Burgos) y presidenta del Instituto de Justicia Restaurativa-Amepax ( la entidad que proporciona este servicio). Soy experta y consultora internacional en Justicia Restaurativa. Mediadora Penal y Presidenta de la Sociedad Cientifica de Justicia Restaurativa. Miembro del Comité de investigación del Foro Europeo de Justicia Restaurativa, participo regularmente en las reuniones de este Foro y he ofrecido varias charlas a nivel internacional, asimismo he realizado diversos trabajos de investigación sobre Justicia Restaurativa y mediación en materia penal. Y sigo luchando porque se regule la Justicia Restaurativa como un derecho más para las victimas de cualquier delito con independencia del lugar donde lo sufran.

 

www.justiciarestaurativa.es/