Con frecuencia oímos a las víctimas  decir que lo único que quieren es que se haga justicia. Pero lo más difícil es concretar y entender qué se quieren expresar con  querer justicia.

La justicia nació por la necesidad de mantener la armonía entre los miembros de la sociedad. Según Ulpiano es la “constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”

Esta definición de justicia está muy relacionada con la Justicia Restaurativa, por cuanto habla de cierta individualización y cercanía, parte de la premisa que la Justicia debe tener en cuenta al ser humano  y sus circunstancias. Por eso, más que Justicia igual para todos, la justicia debería comportarse de forma que pueda satisfacer las necesidades de cada víctima y tener en cuenta las circunstancias personales y sociales de cada infractor. Más que igual debe abordar cada delito como un caso único y tener en cuenta que afecta a seres humanos y no simples números de expedientes, y por eso mismo, cada persona es diferente de la otra y sus necesidades serán también distintas.

Muchos podrán pensar que esta idea de justicia puede resultar incompatible con la justicia en general pero más bien se trataría de coordinar las dos vertientes de justicia.

Uno de los grandes beneficios de la Justicia Restaurativa es su capacidad para abordar y gestionar el delito así como la sanación de todos los afectados de alguna manera por él.

En cambio, la Justicia tradicional se centra en la violación de la norma y en quién debe ser castigado, la víctima no es la protagonista, curiosamente cuando debiera serlo por cuanto es la que más tiene que decir sobre un hecho que la ha afectado tan directamente como es el delito. Y esta justicia tradicional contempla además, la reparación del daño de  una manera que genera dos inconvenientes:

Por un lado, se da generalmente en favor de las directamente afectadas por el delito o en ciertos casos de muerte, a sus familiares (no tiene en cuenta que junto con las víctimas pueden existir otras personas “tocadas” por el delito)

Por otro lado, la reparación para esta justicia se centra en un aspecto puramente mercantilista, solo tiene en cuenta la reparación material, busca armonizar el equilibrio entre las partes a través del pago. Sin embargo, para la mayoría de las víctimas es esencial la reparación emocional, moral y psicológica, ya que el mismo delito impacta de forma diferente en distintas víctimas.

Como la mediación está de moda, es frecuente sino habitual confundir conceptos y llamarlo a todo, mediación. Claramente no todo es mediación y ni mucho menos  mediación y justicia restaurativa son conceptos equivalentes.

Para ilustrar las diferencias, nada mejor que poner un ejemplo real: “existen unos mediadores de conflictos internacionales, algunos los llaman facilitadores y están “verificando”, palabras textuales de ellos mismos, el proceso de desarme de la banda terrorista ETA en España”.

El otro día hablaba de uno de los valores que promueve la justicia restaurativa: el empoderamiento. Este empoderamiento se da en todos los afectados por el delito: víctima, infractor y comunidad pero es a la víctima, a quién más beneficios reporta. Como decía Rappaport, “el empoderamiento implica que no concebimos a las personas como niños con necesidades o simples ciudadanos con derechos que deben defenderse por un agente externo sino como seres humanos integrales que tienen derechos y necesidades y que son capaces de tomar el control de su vida”. Y  precisamente esto es una explicación clara de lo que ocurre en el proceso penal y cómo la Justicia Restaurativa trata de evitarlo. Para ilustrar esto, nada mejor que un ejemplo real: un hombre y una mujer pegan “salvajemente” a otro hombre, este muy malherido es llevado al hospital y muere, cuando le hacen la autopsia descubren que la muerte se debe a un virus hospitalario, claramente sino le hubieran pegado no hubiera estado en el hospital y no hubiera muerto. Los familiares del fallecido llegan a un acuerdo con los delincuentes y evitan el juicio.  Aceptan cuatro años de privación de libertad y la responsabilidad derivada del delito.

La Justicia Restaurativa es una filosofía que ve y entiende el delito como un daño, este daño es una herida para la víctima y para la comunidad en general. Esta Justicia utiliza la responsabilización y la curación para con los afectados por el delito como medio para hacer las cosas bien y reparar el daño. Las víctimas son el centro de atención y la llave de la justicia restaurativa.

“Se trata de restaurar la situación anterior al hecho delictivo cometido tanto para el autor como sobre todo para la víctima” Esta es una de las muchas afirmaciones sobre la Justicia Restaurativa y sus herramientas como la mediación penal, que generan muchas dudas y sobre todo, crean objetivos erróneos de esta Justicia.

Para empezar quizá sea conveniente, retrotraernos al origen de la palabra restaurativa, esta es una traducción del inglés restorative. Pero como suele suceder no es muy correcta, lo más acertado hubiera sido justicia restauradora aunque para muchos sea más bien reparadora.

“Continúan los disturbios en el barrio de Gamonal de la ciudad de Burgos, tras la manifestación contra la reconversión de una de sus calles en Bulevar”

Los vecinos de un barrio de una ciudad de España se han levantado contra una decisión de su Ayuntamiento, con la que parecen no estar de acuerdo. Esta “pequeña revolución” puede generar muchas simpatías, ya que con la crisis, los ciudadanos cada día somos más pobres,  mientras asistimos con absoluta indignación a casos de corrupción generalizados,  incluidos los de gente de “alta alcurnia”.

“Archivada la denuncia por difundir un video sexual de una universitaria. El Juzgado lo ha sobreseído provisionalmente. La joven retiró la denuncia para evitar la exposición pública a la que se estaba viendo sometida”

Esta es una noticia más, de tantas que podemos leer en los medios de comunicación, sin embargo, revela una vez más que la Justicia Tradicional está fallando a las víctimas. Muy mal se debe estar haciendo, si la víctima abandona para no sentirse señalada, es como si la víctima dentro del proceso penal dejara de ser víctima, para convertirse en victimario. Esto no es otra cosa que lo que los autores han venido a llamar la victimización secundaria y que se ve agravada durante todo el tiempo que dura el proceso penal, ya que los rígidos y fríos protocolos de la Justicia retributiva, no favorecen en nada la atención a las necesidades de las personas que han sufrido un delito.

“El colectivo de presos de EPPK (de ETA) reconoce en un comunicado el sufrimiento y el daño multilateral generados como consecuencia del conflicto...”

“Tras reconocer su responsabilidad sobre las consecuencias de su actividad política dicen que podrían aceptar que su excarcelación fuera utilizando cauces legales”

La Justicia Restaurativa puede aplicarse a delitos graves, y es un hecho corroborado por otros países como EEUU e Inglaterra. Además, hay estudios que determinan  el gran efecto sanador de la Justicia Restaurativa en las víctimas de delitos más serios. Esto es fácilmente comprensible puesto que  son las víctimas de estos delitos graves, las que más pueden necesitar la ayuda, atención y comprensión para poder “recuperarse” del trauma del delito, y es que es muy importante la labor que los procesos restaurativos hacen en favor de la reinserción de la víctima y del infractor ( generando la responsabilización del delincuente por su conducta y la posibilidad de que la víctima pueda despojarse del rol perpetuo de víctima, para pasar a ser superviviente) Todo esto, como no podía ser de otra manera, repercute en la sociedad que como víctima indirecta, ve como vuelven a integrarse de nuevo en ella, las víctimas y también muchos infractores, disminuyendo el riesgo de que reincidan y de que haya nuevas potenciales víctimas.

Las noticias de corrupción están desbordando los medios, y se han convertido junto con el “morbo” de los crímenes más violentos, en el tema “estrella” de la prensa, en general.

Actualmente parece que se ha cubierto el “cupo” de los casos de corrupción y se están desbordando, de ahí que los jueces exijan medidas de refuerzo y los casos se cuenten por miles en los juzgados. Y para empezar este tema,  me hago una pregunta ¿qué es la corrupción? Si acudimos al diccionario, nos habla de abuso de poder o mala conducta, sin duda una definición en consonancia con lo que vemos constantemente en los medios de comunicación. Sin embargo, también se habla de degradación de algo, y este concepto no puede dejarse de lado en estos delitos porque si bien la corrupción se produce a través del abuso de poder, la consecuencia es la degradación de la comunidad  y de la confianza en las personas. Y es que a  nadie escapa una conclusión lógica, ante la avalancha de casos y es que todo el que tiene la oportunidad de “aprovecharse” y conseguir beneficios, lo hace. Esto quiebra la confianza  en el ser humano y en las personas que nos rodean. Para una visión restaurativa, lo esencial es partir de esta idea del daño moral que los casos de corrupción nos producen.