Viendo todo lo que ha acontecido con el caso de Marta del Castillo y lo que continua sucediendo con los imputados, la verdad es que no me extraña nada en absoluto que la gente afirme con rotundidad que no hay justicia. Simplemente y a primera vista ya se aprecia un gran desequilibrio entre victimas e infractores ¿Por qué digo esto?

Los infractores tienen un montón de derechos (lógico y normal por otra parte porque por eso nuestro país es un estado social y democrático de derecho): tienen derecho a no declarar contra si mismos, no confesarse culpables, a un juicio con todas las garantías y un largo etcétera, mientras las victimas tan sólo tienen derecho a declarar en el juicio como testigos, sin tener apenas nada que decir durante todo el proceso. Algo que debería cambiar puesto que una de las necesidades de las víctimas es la de sentirse informados, poder decidir como quieren que continúe el proceso y sobre todo sentir que alguien es responsable del hecho y que además del castigo, este infractor no volverá a hacer lo mismo a otra persona.

En el caso de Marta del Castillo es indignante ver como la falta de humanidad de la justicia actual, el “ceñirse de forma estricta a la literalidad de la ley” y sobre todo y como dicen muchas personas “el hecho de que quién hace la ley hace la trampa” ha llevado a que este juicio parezca una representación teatral por parte de los imputados y lo que más me espanta es que escuchándolos,  tan siquiera parece que estuvieran hablando de un ser humano, una chica y mas concretamente una amiga a la que han matado, claro está de momento hasta que acabe el juicio, presuntamente.

El lunes pasado en la llamada “conferencia de paz” vimos paseando, por San Sebastian, como si actores de Hollywood se tratara, a unos cuantos actores extranjeros (y eso que el festival de cine de esta ciudad hace semanas que acabó).

De ese día se han podido leer noticias como la siguiente de la que he hecho un resumen: “Se refieren al terrorismo de ETA como “conflicto vasco”. Partiendo de este punto los representantes que se reunieron el lunes en la conferencia de Paz de San Sebastian, reclamaron por un lado el fin de la actividad violenta y por otro que el Gobierno español y el francés accedan a una negociación sobre el desarme de la banda y el futuro de los presos. La declaración de los reunidos habla de “reconocer, compensar y asistir a las víctimas”. Los mediadores engloban en víctimas a los heridos y muertos en los atentados junto con los terroristas detenidos y fallecidos…”

Lo primero que me pregunto es ¿por qué nadie les ha dado a estos señores un diccionario de conceptos o una enciclopedia, porque aunque estamos en la época de las tecnologías modernas, está claro que estas personas deberían haber usado un diccionario como los que utilizábamos en el colegio los que tenemos más de treinta años. ¿Por qué? Porque desgraciadamente han confundido “churras” con “merinas”.

Hace unos días mientras se aprobaba la ley de reconocimiento y protección integral alas víctimas del terrorismo, los presos de la banda terrorista ETA escenificaron su adhesión al llamado acuerdo de Guernica, texto promovido hace un año por la izquierda abertzale para conseguir la paz en el País Vasco por medios exclusivamente políticos. El colectivo de reclusos quiso que dos de sus miembros históricos Jon Agirre Ageriano y Gloria Rekarte plasmasen su rúbrica en el documento y así reivindicase un papel activo en el proceso de paz.

Lo triste es que por ejemplo este Agiriano nunca ha mostrado arrepentimiento por los tres asesinatos que cometió entre ellos la de un niño de trece años en la localidad de Azpeitia.

Pero quizá lo más penoso o inquietante es que el gobierno valore como un paso importante e inédito  el anuncio del colectivo de presos, al sumarse al acuerdo de Guernica, aunque eso sí, matizan que no es el que esperaba la sociedad y por tanto no es el paso definitivo que anuncie el fin de la banda.

Menos mal, sólo faltaba, ¿acaso todo vale, todo olvidado con la actitud en teoría menos violenta de los presos de ETA? ¿Qué respeto se tiene a las víctimas, dando una “palmadita” en la espalda a los terroristas por anuncios tan ambiguos y engañosos?

Tras acabar mi anterior columna con la pregunta acerca de si era aconsejable o posible la reconciliación con el infractor, he estado buscando noticias que me pudieran responder a esta cuestión en sentido afirmativo y he encontrado una bastante interesante. De forma resumida, la noticia es la siguiente:

Mark Stroman, era como muchos tejanos, un firme defensor de la pena de muerte en EEUU pero no contento con la teoría, se tomó la justicia por su mano hace 10 años, para vengar de forma muy personal las muertes de 3000 compatriotas en el 11 S. Por eso no deja de ser irónico que fuera condenado a muerte dos meses antes del décimo aniversario de la matanza.

El 21 de septiembre cuando Stroman tenía 31 años disparó al empleado de una gasolinera en Dallas, Texas. Se llamaba Rais Bhuiyan, este hombre grabó la imagen del hombre armado, tatuado, ataviado con un pañuelo, gafas de sol y una gorra de béisbol. Bhuiyan fingió estar muerto para que no le volviera a disparar. No era el primero ni el segundo, en recibir los balazos de Stroman y es que el delincuente llevaba seis días aplicando una cruzada personal contra todos los musulmanes de EEUU, en venganza por el 11S. Mató a dos personas antes de que le detuviera la policía.

Bhuiyan el musulmán de Bangladesh, que sobrevivió a su ataque estuvo luchando por salvar su vida. Una semana antes de su ejecución, Bhuiyan habló con el Daily Telegraph “todavía tenía 35 perdigones en la sien pero quería perdonarle. Estoy convencido de que era ignorante e incapaz de distinguir el bien y el mal. Si se le da la oportunidad creo que podría convertirse en portavoz, podría contar su historia para evitar crímenes como los que cometió. Su ejecución erradicará una vida humana pero no parará los crímenes de este mundo. Si sale con vida y cambia, ya es un logro pero si muere estamos perdiéndolo todo. Me dicen que estoy loco por intentar salvar a alguien que merece morir. Hay quién ataca mi fe islámica porque dicen que predica violencia y odio pero ese no es el problema, el problema no es el cuchillo, sino la gente que lo esgrime. Lo mismo pasa con la religión”. Días antes de su muerte Stroman era otro hombre: “es difícil de explicar pero me siento en paz. Ya no tengo odio ni miedo”. El día clave, hora y media antes de la ejecución, Bhuiyan recibió una llamada de teléfono, era Stroman desde la cárcel “.

Hace unos días, estando próximo el décimo aniversario del 11S, me estremecí al leer la historia de la amistad de dos madres, enfrentadas por lo que aconteció aquel fatídico día.”Una de ellas, Phyllis Rodríguez, 68 años, profesora a tiempo parcial de adultos analfabetos. El 11 de septiembre de 2001 cuando volvió a casa después de dar un paseo, su portero la avisó que las Torres Gemelas estaban ardiendo. Subió corriendo, encendió la televisión y vio que no era un incendio, era el mayor ataque terrorista perpetrado en EEUU y justo donde trabajaba su hijo, Greg. Intentó llamarle pero fue inútil. Con el paso de las horas, la verdad se hizo innegable, Greg había muerto.

El dolor que se adueño de ella en los días siguientes, fue dando paso a la ira.

La otra madre, Aicha El-Wafi, mulsumana de origen marroquí. El 13 de septiembre tuvo que aceptar que su hijo Zacarías Moussaoui, era el hombre más odiado, había sido identificado como uno de los autores intelectuales de los atentados. Ella sabia que no debía sentirse  responsable por las decisiones que había tomado su hijo, sin embargo, se sentía culpable porque le había dado a luz. Durante esos días Phyllis vio la foto de Aicha en el periódico. Se dijo que querría conocerla pero no dejaba de pensar que era la madre del posible asesino de su hijo, por eso no podía llamarla.

Sin embargo, un año después el presidente de una asociación en favor de la reconciliación de las víctimas, la propuso que se conocieran. Ambas aceptaron y lo que pasó allí cambió sus vidas. Aicha miró a Phyllis, y dijo “no sé si mi hijo es culpable o inocente pero quiero pedirte perdón por lo que te ha pasado a ti, y tu familia”. Phyllis la abrazó. El perdón que le otorgaba a Aicha, actuó como bálsamo instantáneo para el año de luto, dolor e ira.

Las mujeres se fueron conociendo, Aicha era valiente. Se había casado joven, fue víctima de violencia doméstica y crió a sus hijos sola. Al terminar la reunión Phyllis la dijo que quería darla todo el apoyo que necesitara durante el juicio de su hijo. Hoy en día la amistad de ambas mujeres sigue intacta.”

Pensé que ya no quedaban políticos responsables y comprometidos con la sociedad, al menos la imagen de ellos que tengo últimamente es la de más preocupados por el poder, por criticar al partido contrario y que además cuando algo grave ocurre automáticamente se apuntan a la opinión que creen más votos les hará ganar. Sin embargo, parece que sí, ¡hay esperanza!, existen políticos que asumen su responsabilidad y lejos de actuar guiados por propaganda populista actúan en aras al bien común y para la mejor atención de los ciudadanos.

Me estoy refiriendo a Nick Clegg, viceprimer ministro de Inglaterra, en una noticia de hace unos días en el periódico  “the Guardian” se podía leer lo que opinaba acerca de los disturbios en su país y cómo van a enfrentar el conflicto.

“Las personas condenadas por los delitos de disturbios deberían mirar a sus víctimas en los ojos, y debemos hacer un ejercicio de compromiso publico para establecer cuales son las causas de estos disturbios”

“Afirma que la gente culpable de saqueo o violencia harán servicios a la comunidad o participaran en programas de justicia restaurativa”

“Deberán ver ellos mismos las consecuencias de sus acciones y trabajar reparando el daño y la destrucción causada para no hacerlo de nuevo”

“las victimas solo son realmente protegidas si el castigo conduce a los infractores a no volver a cometer delitos”.

Desde que ayer escuché que dos niños de 13 años apalearon a un compañero discapacitado de la misma edad, además de someterle a múltiples vejaciones sobre mi cabeza ronda una aseveración: “algo mal debemos estar haciendo…”Ayer oí como la madre del menor agredido decía que su hijo estaba muy asustado, pues claro su hijo como víctima debe de estar “espantado” y con un miedo terrible y por supuesto que necesita todo el apoyo y ayuda posible. Pero además cualquiera de nosotros con un mínimo de empatía debemos de estar asustados y yo añadiría preocupados.

Cuando un delito muy grave ocurre, pensamos que no hay justicia y quizá guiados en parte por los medios de comunicación solo tenemos una cosa en mente, que el infractor sea castigado de forma severa, con penas muy duras para  de esta forma dar ejemplo, sin embargo nunca hasta hace muy poco me había dado cuenta de que nos olvidamos sistemáticamente de las víctimas, de qué queremos para las víctimas. Nuestro centro de atención es el infractor como mucho pensamos que con el castigo ejemplar al delincuente, la víctima se va a sentir mejor. ¿Pero realmente siempre es así o quizá los que nos sentimos mejor somos nosotros, muchos de los cuales nunca hemos sido víctimas directas de un delito, con lo que no podemos saber por lo que están pasando las verdaderas víctimas?

El hecho de que las víctimas soliciten penas más duras es algo lógico puesto que son sentimientos normales propios de los seres humanos. Partiendo de ahí, la gran pregunta es ¿si es bueno que una persona sea considerada víctima toda la vida? Un ejemplo de esta pregunta puede ser los padres de Marta del Castillo.

El hecho de haber estudiado derecho, automáticamente hace que en ocasiones conocidos y familiares recurran a mí, preguntandome: ¿cómo puede ocurrir esto? ¿ es que no hay justicia? ¿pero esto puede ser así?... Yo que a pesar de todo, creo en la justicia y nuestro sistema intento pacificar y explicar el por qué de decisiones judiciales, de leyes y demás temás jurídico-penales que por "hache o por b" han creado alarma social. Sin embargo, en ocasiones se me hace cuesta arriba esta defensa, y es que el otro día el tio de mi marido me dijo: "la justicia me dá pánico" y realmente no puedo negar que a veces a mí también. Estoy pensando en el preso más antiguo de España, que desde el año 1976 encadena condenas si alguno no conoce el tema, estará pensando que deben ser delitos de sangre y que será un preso muy violento....pues no!. Se trata un preso común con delitos menores que lleva más de 30 años en prisión ( más de media vida).

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