La semana pasada exponíamos los cambios en el clima como agravante de conflictos y actitudes violentas. La alteración en el régimen de precipitaciones es uno de los indicadores del cambio climático y está íntimamente relacionado con la disponibilidad de agua potable. Las lluvias torrenciales dificultan la retención en depósitos que en situaciones normales hubiesen recogido estas aguas y puede tener consecuencias negativas en la agricultura; en contrapartida, períodos prolongados de sequía amenazan las reservas y pueden dar lugar a la sobreexplotación de acuíferos. La disponibilidad de agua potable se ve agravada también por cuestiones ajenas al clima, tales que: el tamaño de las ciudades o la titularidad de la gestión del agua.