¿Es el criminólogo un "animal solitario"? ¿O puede desarrollarse mejor trabajando en grupo? Estas son algunas de las preguntas que me hubiera gustado plantearme antes de terminar mis estudios de Criminología, pero que por varios motivos, no me vinieron a la mente.

Es bien sabido que el criminólogo/a padece una maldición por partida doble a la hora de desarrollarse como profesional. Esa doble vertiente es, por una parte, la falta de información sobre sus habilidades, una falta de información cuya responsabilidad recae no sólo en los que ofertan los estudios de Criminología como estudios básicos y no complementarios, sino por sus mismos estudiantes y miembros. Normalmente, el pesimismo frente a un horizonte laboral desértico provoca un choque terrible en relación a (nuestras) expectativas y la realidad.