Conocí a Carlo en el bar en el que trabajaba su novia. Bajo el manto de murmullos que conformaban las conversaciones del resto de parroquianos (el bar estaba a rebosar, pero todo el mundo charlaba en voz baja, como si estuvieran en un museo), le conté a Carlo algo de mí. Él, a cambio, me contó algo de sí. Nacido en Florencia, pasó una infancia algo delicada debido a su situación familiar. No hablamos de una familia desestructurada al uso, sino de un historial de maltrato que aun hoy, a sus veintitantos años, le pesa. Previsor y prudente, Carlo se pasó toda su adolescencia ahorrando cuanto se le diera, y en cuando llegó el momento, preparó su estancia en Milán, al lado de la universidad a la que deseaba acceder.   Actualmente vive en una pequeña ciudad cerca de Milán, trabajando a media jornada en un restaurante cuya especialidad aborrezco (los percebes), pero en breve presentará la carta de dimisión para empezar a trabajar en otra parte.