Desde el nacimiento de la Justicia Restaurativa y la puesta en marcha de las llamadas prácticas restaurativas han pasado algunas décadas. El ordenamiento jurídico español contempla una batería de medidas alternativas al cumplimiento de una pena en régimen de privación de libertad, aunque, en la práctica, la ejecución de estas medidas no siempre se lleve a cabo.

Vivimos en un mundo en el que nos gusta “etiquetar” y prejuzgar, es cierto, parece que ésta sea la esencia del ser humano…y con las víctimas pasa igual, nos gusta pensar en ellas, con ciertos estereotipos. Pensamos en las víctimas como personas muy vulnerables, necesitadas de protección y sobre todo de que otras personas, “decidan por ellas”. Y es paradójico porque aun así, además pensamos que son muy punitivas y que buscan siempre venganza. De ahí, que ciertos ciudadanos,  cuando hablamos de los procesos restaurativos, no pueden creer qué beneficios puede reportar a las personas que han sufrido un delito, porque precisamente, parten de estas ideas preconcebidas sobre cómo son las víctimas.

El pasado diciembre fue aprobado por la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados,  el Estatuto de las víctimas.

Este estatuto será la primera norma con enfoque restaurativo, en el derecho español y la primera que contemplará de forma expresa la referencia a los Servicios de Justicia Restaurativa. Tiene un claro enfoque restaurativo por varios motivos, el principal es que devuelve el protagonismo a los realmente afectados por el delito: las víctimas. Hasta ahora para el Sistema Penal Tradicional, el delito es una violación de la norma creada por el estado y es precisamente el estado el que se erige en víctima. Las necesidades de las verdaderas víctimas, pasan a un segundo plano, y por lo general se ven reducidas a expectativas materiales,  que poco o nada tienen que ver con lo que realmente requieren.

“En 2009 Segismundo Arribas, incapaz de controlar su drogodependencia sustrajo objetos de una obra por valor de 476 euros y fue acusado también de cometer un delito de resistencia a la autoridad y lesiones. Esto le puede llevar a la cárcel tres años”

Siempre se habla de la necesidad de que la Justicia sea ágil, para dar una mejor satisfacción al ciudadano que se ha visto afectado por el delito, sin embargo, creo que la Justicia, al menos la penal, lo que debería ser es más humana y adaptada a cada caso y sus circunstancias.

Se cumplió un año de la liberación de las tres secuestradas en EEUU por Ariel Castro, el cual fue encontrado muerto en su celda. Para algunos, el hecho de que no fuera juzgado puede haber creado en las víctimas y en la sociedad, sensación de que no se he hecho justicia porque no ha pagado sus crímenes. Mientras, una de sus víctimas afirmó que le perdonaba.

La Justicia Restaurativa puede y debe aplicarse a cualquier clase de delito con independencia de su gravedad, debe ser un derecho de todos los afectados para de esta forma,  poder tener la oportunidad de superar el delito y el impacto que éste ha causado de una forma más sanadora y humana, fomentando el fortalecimiento de los lazos sociales, desquebrajados precisamente por el hecho delictivo.

Por eso, la Justicia Restaurativa se revela como un baluarte importante en delitos como terrorismo porque estos pueden hacer y de hecho hacen tambalear la convivencia y la paz de todo un pueblo, y  a través de esta justicia se pueden lograr precisamente respuestas más justas y sanadoras para todos.

Sin embargo, lo que puede valer para reequilibrar y favorecer la cohesión social  como la Justicia Restaurativa,  pierde su eficacia y sus beneficios, si se hace sin tener en cuenta a todas las partes afectadas.

El otro día hablaba de uno de los valores que promueve la justicia restaurativa: el empoderamiento. Este empoderamiento se da en todos los afectados por el delito: víctima, infractor y comunidad pero es a la víctima, a quién más beneficios reporta. Como decía Rappaport, “el empoderamiento implica que no concebimos a las personas como niños con necesidades o simples ciudadanos con derechos que deben defenderse por un agente externo sino como seres humanos integrales que tienen derechos y necesidades y que son capaces de tomar el control de su vida”. Y  precisamente esto es una explicación clara de lo que ocurre en el proceso penal y cómo la Justicia Restaurativa trata de evitarlo. Para ilustrar esto, nada mejor que un ejemplo real: un hombre y una mujer pegan “salvajemente” a otro hombre, este muy malherido es llevado al hospital y muere, cuando le hacen la autopsia descubren que la muerte se debe a un virus hospitalario, claramente sino le hubieran pegado no hubiera estado en el hospital y no hubiera muerto. Los familiares del fallecido llegan a un acuerdo con los delincuentes y evitan el juicio.  Aceptan cuatro años de privación de libertad y la responsabilidad derivada del delito.

“Se trata de restaurar la situación anterior al hecho delictivo cometido tanto para el autor como sobre todo para la víctima” Esta es una de las muchas afirmaciones sobre la Justicia Restaurativa y sus herramientas como la mediación penal, que generan muchas dudas y sobre todo, crean objetivos erróneos de esta Justicia.

Para empezar quizá sea conveniente, retrotraernos al origen de la palabra restaurativa, esta es una traducción del inglés restorative. Pero como suele suceder no es muy correcta, lo más acertado hubiera sido justicia restauradora aunque para muchos sea más bien reparadora.

“El colectivo de presos de EPPK (de ETA) reconoce en un comunicado el sufrimiento y el daño multilateral generados como consecuencia del conflicto...”

“Tras reconocer su responsabilidad sobre las consecuencias de su actividad política dicen que podrían aceptar que su excarcelación fuera utilizando cauces legales”

La Justicia Restaurativa puede aplicarse a delitos graves, y es un hecho corroborado por otros países como EEUU e Inglaterra. Además, hay estudios que determinan  el gran efecto sanador de la Justicia Restaurativa en las víctimas de delitos más serios. Esto es fácilmente comprensible puesto que  son las víctimas de estos delitos graves, las que más pueden necesitar la ayuda, atención y comprensión para poder “recuperarse” del trauma del delito, y es que es muy importante la labor que los procesos restaurativos hacen en favor de la reinserción de la víctima y del infractor ( generando la responsabilización del delincuente por su conducta y la posibilidad de que la víctima pueda despojarse del rol perpetuo de víctima, para pasar a ser superviviente) Todo esto, como no podía ser de otra manera, repercute en la sociedad que como víctima indirecta, ve como vuelven a integrarse de nuevo en ella, las víctimas y también muchos infractores, disminuyendo el riesgo de que reincidan y de que haya nuevas potenciales víctimas.

Página 1 de 8