Guillermo González

Guillermo González

Nacido en 1986, apasionado de la historia y la arqueología además de la criminología. La historia humana y más adelante sus conflictos fueron los que me acercaron al deseo de conocer y entender los problemas de esta índole. Por ello, me interesé por los títulos que actualmente poseo: Graduado en criminología y Política Criminal y Licenciado en Criminología, así como algunos cursos desde las platformas Online Coursera y Udacity. Soy miembro de la Associació Interuniversitaria de Criminologia, Co-fundador de Criminólogos.eu  y subdirector de CyJ España, parte de Grupo CyJ. Siempre he tenido en alta estima la figura del emprendedor y del creador de proyectos; es por ello que me entusiasma asociarme con aquellas personas que, en vez de buscar un futuro, se lo fabrican; este es el caso del Grupo Criminología y Justicia. Combino mi labor en CyJ y Criminólogos.eu con una serie de investigaciones relcionadas con el ámbito de la seguridad y, en el terreno personal, con la escritura. Y encima, me gusta mucho el hip hop.

Correo: guillermogonzalez@criminologos.eu

Las intrigas palaciegas y los crímenes orquestados por grupos de conspiradores son algo del pasado. En nuestro imaginario colectivo podemos recrear mentalmente un crimen llevado a cabo entre nobles y labriegos, héroes y villanos.

Sin embargo, nadie sería capaz de imaginar a un poderoso miembro de la nobleza suiza sucumbir ante un gigantesco oso de peluche.

No es la primera (ni será la última) vez que los estudiantes llegan al final de su aventura académica descubriendo que aquellos que debieron ser sus tutores y defensores, les dejan ignominiosamente en la estacada. La palabra criminología ha supuesto un terrible estigma para sus estudiosos a la hora de enfrentarse a la realidad laboral. Aun contando entre sus filas con verdaderos talentos, los responsables de su promoción en la esfera pública y privada han desaprovechado a todas esas personas que han hecho de esta disciplina su presente y su futuro.

La gestión de las crisis pone a prueba la capacidad de reacción y la agilidad mental de cualquier ser humano. Un amplio rango de profesionales se encuentran con situaciones de alto riesgo con mayor frecuencia que el resto de la población: me refiero a médicos, miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, trabajadores sociales u operarios de seguridad privada. Hallarse ante un hombre o mujer armado, una persona con serias intenciones autolíticas o, sencillamente, ante una persona (o personas) que representen un peligro inminente es algo que, tarde o temprano, nos puede suceder a todos.

De entre los personajes más fascinante de los últimos siglos en Europa cabe destacar Grigori Efimovitch Rasputín (1869-1916), misterioso y carismático monje que, al ejercer una gran influencia sobre los últimos zares de Rusia (la dinastía Romanov), provocó el temor y el rechazo de algunos nobles, que decidieron acabar con su vida.

La humanidad lleva el conflicto en su ADN. Muchas de las páginas de su historia están repletas de capítulos referentes al conflicto entre grupos poblacionales que se disputan la hegemonía sobre un territorio. Veamos unos cuantos ejemplos:

  • Los vikingos asentados en Groenlandia o en Vinland se enfrentaron a los skraelings, la población thule a la que hoy en día conocemos como esquimales.

  • Los aborígenes Australianos se enfrentaron a los colonos blancos, muchos de ellos pertenecientes a las colonias presidiarias británicas.

La demanda de más dureza y menos derechos en el seno del sistema penitenciario es una realidad social. El populismo punitivo tiene un poder de presencia enorme en la sociedad civil, aun cuando ésta desconoce la realidad carcelaria.

Desde hace tiempo se ha prestado una importante atención al delincuente: Sus motivaciones, su riesgo de reincidencia (anteriormente la mal llamada peligrosidad) y sus mayores o menores posibilidades de reinsertarse en la sociedad. Por lo general, los medios de comunicación y los intereses políticos aventan la manida frase “la reinserción social es un fracaso”, en un asombroso ejercicio de ignorancia (por desconocer), gandulería (por no esforzarse en contrastar datos) y cinismo (por no querer contrastar datos), cuyo resultado es, por una parte, el minado de la confianza en todos aquellos trabajadores del sistema penitenciario y, por otra, la expansión y alteración del Código Penal. Un Código Penal (el español) que, de poder hablar, pediría que dejaran de reformarlo cada dos por tres.

A tenor de la última película referente al legendario presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, resulta interesante desde el punto de vista criminológico revisar aquellos aspectos más relacionados con la muerte del presidente. Especialmente, aquellos aspectos que ponen en evidencia la suerte que tuvieron los conspiradores a la hora de perpetrar el crimen.

En un principio, la trama tenía por objetivo secuestrar al presidente de la Unión para intercambiarlo por prisioneros de guerra secesionistas. Sin embargo, la puesta en escena del secuestro fracasó debido a cambios en la agenda de Lincoln, que lo alejaron del escenario en el que los conspiradores habían planeado abordarle. Ello precipitó un alocado intento de asesinato que se saldaría con la muerte de la mayoría de los conspiradores y la del mismo presidente, muerto éste a manos del ahora infame John Wilkes Booth.

En el estudio del fenómeno delincuencial se incluye desde no hace mucho, la figura de la víctima como un epifenómeno, aunque, en realidad, una víctima no es sólo aquella que recibe una agresión o perjuicio como resultado de una acción delictiva, sino que otorgamos ese estatus a aquella persona que resulte perjudicada en casi cualquier clase de daño, sea o no intencionado, sea o no humano (desastres naturales, accidentes, etc.).

En la parte que a los juristas, criminólogos, psicólogos y demás nos pertoca, la víctima es una figura increíblemente relevante hoy en día. El campo de la sociología, ciencia conocedora de las masas, los grupos sociales y los factores que elicitan esas figuras, halla un punto en común con la criminología en la víctima, en tanto que ésta y sus circunstancias contribuyen al mantenimiento o destrucción de la cohesión social.

El Sábado 1 de Diciembre, el jugador profesional de fútbol americano Jovan Belcher (25) disparó a su novia, Kasandra Perkins (22), causándole la muerte. Después, ese mismo día, Belcher fue a encontrarse con su entrenador y con el gerente del equipo (los Chiefs de Kansas City). Les agradeció la oportunidad que le dieron en el mundo del deporte, y enfrente de varias personas, se quitó la vida con la misma pistola que había usado contra su pareja.

La tragedia se hizo eco a través de los medios de comunicación. La gerencia de los Chiefs de Kansas City y los directivos de la Liga Nacional de Fútbol (NFL) decidieron proseguir con la agenda predeterminada; el equipo de Belcher jugaba un partido el Domingo... y lo jugó.

El pasado año tuve el honor de entrevistar a Waris Dirie, modelo africana y presidenta de la Desert Flower Foundation, una organización sin fines de lucro dedicada a combatir la Mutilación Genital Femenina alrededor del mundo.

La MGF (en iglés, Female Genital Mutilation, o FGM) es una práctica socio-cultural conocida por ser especialmente practicada en el África Subsahariana y en diversos países tanto africanos como asiáticos. Como su nombre indica, esta práctica pretende remover, dañar o eliminar por completo parte del aparato genital de la mujer. La inmensa mayoría de víctimas son niñas, sufriendo esta clase de mutilación. Según el Protocolo de prevención de la Mutilación Genital Femenina en la demarcación de Girona actualizado en febrero de 2006, se afirma desconocer el origen de tal práctica pero se considera que podría ser una práctica iniciada hace miles de años y surgida en el antiguo Egipto, previa al nacimiento y expansión del Islam, que se difundió a través de la influencia de la civilización egipcia.