Francisco Javier Nistal

Francisco Javier Nistal

Jurista del Cuerpo Superior de Instituciones Penitenciarias

Jurista del Cuerpo Superior de Instituciones Penitenciarias

Jurista del cuerpo de instituciones penitenciarias

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“Una forma de hacer justicia a tiro limpio”

“Ojala hoy fuera jueves y estuviéramos en Baltimore”

“Nihil novum sub sole”

El llamado “Lover Boy” es un proxeneta de nueva generación, que actúa como un verdadero predador sexual con el objetivo de obtener dinero fácil, utilizando el ardid de seducir a mujeres convirtiéndose en un falso novio de las mismas para, posteriormente, explotarlas sexualmente.

(El mayor horror de la historia de la humanidad desde la óptica del Cine)

Dedicado a quienes sufrieron en sus propias carnes la sinrazón de la crueldad humana. 

I. PLANTEAMIENTO

Tradicionalmente, se han venido manteniendo dos concepciones contrapuestas en relación con el fin de las penas. Para una de ellas, la finalidad de la pena es la expiación o retribución, es decir, el castigo que ha de imponerse necesariamente a la persona que haya cometido un delito como consecuencia del mal causado.  Para la otra concepción, el fin de la pena radica en la prevención del delito, esto es, en disuadir, en hacer desistir al autor de la perpetración de futuros delitos, resultado que puede lograrse por diferentes vías: una la de la prevención general y otra la de la prevención especial.

Teniendo en cuenta que la radicalización transita por el sendero de unas “profundas convicciones religiosas”, que tergiversadas pueden llegar a justificar el odio y la violencia es, precisamente, en este marco religioso donde queremos hacer una breve reflexión sobre el papel que la religión puede tener como posible factor radicalizador.

I.- Planteamiento

Ser famoso para recibir el reconocimiento, la atención y el agasajo del mundo entero es el sueño de casi todos los seres humanos, dado que  ello supone gozar, sin duda, de innumerables privilegios, bien es cierto que esa fama también conlleva inconvenientes, que en algunos casos no son menores, pues quien tiene una imagen pública está expuesto al acoso y al miedo a sufrir algún daño proveniente de un fan obsesivo. La realidad es que los famosos no pueden salir a la calle a tomar un simple café sin ser reconocidos, lo que no todos consiguen sobrellevar de buen grado, pues ello supone renunciar a una normalidad de la que gozamos la gran mayoría de los mortales.

I.- Introducción

No cabe duda de que nuestra cultura occidental tiene profundas raíces en la judeocristiana que se enmarca en la historia del pueblo de Israel -pueblo de Dios-. Esta historia aparece relatada en la Biblia, dividida en dos partes: el Antiguo  y el Nuevo Testamento. Dentro del Antiguo testamento, que comprende los Libros Sagrados escritos antes de la venida de Jesucristo, los más importantes, por lo que hace referencia al objeto de estudio de este trabajo, lo constituyen los cinco libros que engloban el denominado Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), donde se encuentran, prácticamente, todas las leyes penales bíblicas, que recogen las obligaciones de los hombres para con Dios y para con sus semejantes y que aparecen codificadas en el denominado Código Mosaico, compuesto por diez leyes fundamentales (decálogo).

El  derecho penitenciario que en la normativa española -Ley penitenciaria 1/1979- aparece como un derecho individualizado, donde el cumplimiento de la pena privativa de libertad se vincula a la personalidad del autor -principio de individualización científica- se está transformando en un “derecho penitenciario de estatus” para quienes han cometido un delito relacionado con el denominado fenómeno de la “corrupción política, dado que la forma de cumplir la pena los autores de estos delitos se vincula al colectivo al que pertenecen, lo que supone que en el contexto del cumplimiento de la pena, el “derecho penitenciario de estatus” operaría con criterios semejantes al conocido como “derecho penal de autor”.

1.- Planteamiento general

En el denominado proceso de individualización de la pena y su posterior ejecución se producen varios momentos o fases: la fase legislativa que le corresponde al legislador al determinar la clase de pena que corresponde para cada delito, la fase judicial practicada por los juzgadores que determinarán la pena efectiva a imponer y, sobre todo, su duración nominal y la fase ejecutiva que le corresponde a la Administración penitenciaria, bajo el control del poder judicial. Esta última es la más trascendental, por cuanto en ella se determina la forma de cumplir la pena y hasta su propia duración efectiva en prisión.