Cuando pensamos que un delincuente merece ir a prisión, en nuestra mente muchos concebimos este lugar como un sitio “terrible” donde el hecho de vivir allí , es en sí mismo un castigo (un castigo que nunca nos resulta suficiente para alguien que ha causado un daño  a otro ser humano). Incluso por nuestra mente pasan imágenes, como “mazmorras” para los delincuentes que más reproche y alarma social causan, en un intento, por otro lado lógico y humano, de apaciguar o mitigar el dolor y la indignación que la delincuencia crea no sólo en las víctimas, sino también en la sociedad.

“El hombre que arrolló a una joven y huyó no irá a prisión al pactar con la fiscalía. El acuerdo al que llegó el pasado viernes su abogado con la fiscalía para eludir la vista oral, ha servido para reducir a menos de la mitad la pena que en principio había solicitado el Fiscal. Silvia, la víctima dijo estar muy decepcionada. En su opinión se hubiera hecho justicia con la celebración del juicio y con el culpable respondiendo a las preguntas del fiscal”.

“Las denuncias por agresiones de padres a hijos se duplican en cinco años. La jueza de menores subraya que la violencia intrafamiliar obedece a que los progenitores y la sociedad han relajado el proceso educativo de los niños”

Esto es un resumen de una noticia de mi ciudad, en teoría una población pequeña y tranquila y me va a permitir enlazar con el final de mi artículo de la semana pasada, en él ya decía que donde tiene gran eficacia y será de gran ayuda la justicia restaurativa es en jóvenes infractores ¿Por qué?

Cuando echamos un vistazo a la programación de una cadena de televisión cualquiera, un día cualquiera, lo que vemos básicamente son dos clases de programas: los dedicados a contarnos con lujo de detalles los delitos que más alarma han creado y los destinados a desvelarnos las intimidades de los famosos, es más la mayoría de estos, tienen un formato doble. Pero es que va más allá de una forma u otra, estos programas viven del delito y del dolor que muchas personas arrastran, tras sufrir las terribles consecuencias de un crimen. Veo con tristeza víctimas continuamente hablando y reviviendo el daño que sufrieron, sin haber podido superar este rol de víctima, sin poder atravesar las distintas etapas del duelo, y para mí, el hecho de estar en televisión un día sí y otro también recordando, no las ayuda en nada.

“El gobierno ha indultado finalmente a la joven madre de Requena, que compró comida y pañales por valor de 193 euros. Se ha valorado que no tenía antecedentes penales, que los hechos son de escasa entidad y que la condenada es madre de tres hijos y está en una comprometida situación económica”

 La concesión de este indulto es ciertamente algo humano, aunque los que nos dedicamos a la Justicia Restaurativa, echamos en falta dos cosas realmente importantes:

Me gusta el cine, lo reconozco, el clásico para mi es el mejor pero tampoco se puede despreciar las películas modernas. El cine siempre me proporciona alguna enseñanza y he decidido que tenía que unir dos de mis pasiones en un artículo como este: el cine y la justicia restaurativa ¿Imaginación? En absoluto. Todo empezó con Django Desencadenado, una película de acción con mucha sangre, típica de Tarantino, y lo cierto es que uno disfruta cuando ve sufrir a los malos, me vi reconfortada y riendo cuando el protagonista poco a poco va logrando su venganza y los “malos” reciben su castigo. Me gustó la película, no lo niego y cuando llegué a casa, me puse a reflexionar y me pregunté: ¿realmente creo en la justicia restaurativa? Porque esta película es claramente todo lo contrario: retributiva, fomenta la venganza y el ojo por ojo. La respuesta es fácil, claro que creo en la justicia restaurativa, esto es lo bueno de esta justicia que ante el daño y el sufrimiento, la reacción humana normal es el deseo de venganza pero esta justicia restaurativa más humana va más allá pues la venganza al final no satisface a las víctimas y no proporciona su curación total. Esta justicia no habla de ser blandos con los infractores, trata de confrontar al infractor con su acción delictiva y sobre todo revaloriza el papel de la víctima. Es ella la principal preocupación,  sin olvidar el castigo al culpable si fuera necesario. Lo que nos ocurre viendo películas como esta, no es otra cosa que la empatía, sí, efectivamente como seres humanos, la mayoría somos solidarios con el dolor de los demás, nos ponemos en su lugar y por eso la venganza forma parte de una manera de canalizar el daño y la ira de haber sufrido un delito o una acción injusta.

Igualdad trabaja para que el nuevo código penal incluya reivindicaciones de las asociaciones de mujeres. Entre otras objeciones, seis entidades criticaron que el anteproyecto incluya la figura de la mediación en los casos de divorcio aunque exista denuncia por malos tratos y que en general el término violencia de género desaparezca del texto”

Realmente no sé si es la noticia la que es errónea o que la confusión de conceptos hace ponerse a las asociaciones en pie de guerra contra algo que a priori, puede ser muy beneficioso para muchas víctimas de maltrato.

Habitualmente siempre trato de mostrar que la Justicia Restaurativa no es solo mediación penal, victima-infractor,  ya que el alcance y la comprensión de los delitos y de cómo impactan en cada persona, es muy diferente y deben existir diferentes posibilidades o procesos, que se adecuen a las necesidades de cada víctima

Por eso la definición que las Naciones Unidas hace de justicia restaurativa es muy importante, y lo hace de esta manera, respuesta evolucionada al crimen, que respeta la dignidad y equidad de cada persona, construye comprensión y promueve armonía social a través de la sanación de victimas, infractores y comunidad. Esta definición es esencial porque ya no se define justicia restaurativa como un simple proceso, con unas normas tasadas sino una respuesta o una filosofía para abordar el delito y sus consecuencias en las victimas, infractores y también los indirectamente afectados, la comunidad.

Cuando un hombre se apiada de todas las criaturas vivientes, sólo entonces será noble. Buda

“Aránzazu bajó como cada  tarde a pasear a su perro Tidus. Sin embargo, en un pequeño descuido, que más tarde resultó fatídico, se le escapó. Tras un par de horas de búsqueda, por el barrio de Benimamet en Valencia, se escuchó unos ladridos desgarradores. Vio a su perro, "atado a una valla”, saltando desesperado con todo su cuerpo calcinado y envuelto en humo. Hasta el momento la policía no ha dado con los autores de este terrible hecho. Los vecinos sospechan de un grupo de personas conocidos del barrio, que días atrás tiraron piedras a gatos y hasta a un mendigo”.

Es una noticia terrible, especialmente si tenemos en cuenta que suceden más a menudo de lo que debieran y generalmente pasan muy desapercibidas, sino fuera por gente con la compañera de Criminología y Justicia,  Nuria Querol.

“La historia se repite en Burgos, los detalles que van descubriéndose sobre la muerte de Eduardo Valgañon, tras la agresión sufrida el domingo de madrugada en Belorado. La autopsia reveló una fuerte contusión en la cabeza como consecuencia de la caída del joven contra el suelo tras recibir un puñetazo de un ciudadano rumano”.

Esta es una noticia que puede aparecer en cualquier periódico, de cualquier ciudad, quizá en una ciudad pequeña como  Burgos, tiene más impacto porque todos casi nos conocemos, pero no deja de ser una historia más, tras la cual queda un reguero de víctimas sin consuelo.Son victimas que necesitan ayuda porque se enfrentan, no sólo a la muerte violenta de un ser querido sino a un más que probable aislamiento y sentimiento de incomprensión, porque por más que tengan un montón de gente a su lado, sentirán soledad, que nadie puede ponerse en su lugar. Por esto mismo, cuando hablamos de Justicia Restaurativa, decimos que esta justicia a todas luces, más humana y cercana, ayuda a la reinserción del infractor pero también de la víctima y en cierta medida de la comunidad ¿Por qué?