Comenzó a finales del siglo XIX, con dos protagonistas –el pueblo de Cuba luchando por su independencia y los EE.UU., dando las primeras muestras de querer ser una potencia mundial– y un convidado de piedra –España– sumida en plena crisis e incapaz de asumir que ya no existía aquel imperio de los Austrias donde no se ponía el sol.

    En 1868, el Manifiesto del 10 de octubre fue un documento de los independentistas cubanos donde denunciaban la opresión de las autoridades españolas que –según decían– gobernaban la Isla con un brazo de hierro ensangrentado, privada de toda libertad. Aquel manifiesto fue el punto de partida de la Guerra de los Diez Años que finalizó en mayo de 1878. A partir de entonces, se inició la llamada Tregua Fecunda; diecisiete años que transcurrieron entre la firma de aquella paz sin independencia y el estallido de la insurrección, el 24 de febrero de 1895.

Un preso yemení de este famoso centro carcelario fue encontrado muerto en su celda “inconsciente y sin respiración” aparentemente de un suicidio, según declara la cadena televisiva CNN citando a fuentes militares. Las labores de reanimación cardiopulmonar realizadas por el personal sanitario del centro fueron infructuosas y la muerte se certificó minutos más tarde por el médico de este centro. El cuerpo será sometido a autopsia aunque un portavoz militar insistió en que el preso no se ahorcó, sea como fuere, las pruebas forenses hablarán por si solas.