Tras la anulación de la doctrina Parot, no hay un día que no se hable en los medios, de la salida de prisión de uno o varios presos peligrosos. Además de que no creo acertado tanta publicidad porque tal parece que se estuviera metiendo el dedo en la “llaga” y por ende, nada puede favorecer a las víctimas directas ni a la sociedad en general, esta propaganda sobre la excarcelación de presos calificados como muy peligrosos es inexacta ¿por qué? Porque la información parece mostrarse como si fuera una salida contraria a derecho o antes de tiempo, y la realidad por mucho que nos duela, es que estos presos han cumplido su condena. Por eso, al haber saldado su deuda con el estado, el abandono de la cárcel es lo ajustado a derecho. Muchos de ellos, sino la mayoría han estado más de veinte años encarcelados, con lo que el estado como víctima que sufrió la vulneración de una norma creada por él, está satisfecho y reparado. 

Una vez examinado el anteproyecto de ley orgánica del Estatuto de la víctima del delito, he de reconocer que estamos ante una de las primeras normas con un enfoque realmente restaurativo, y aunque en algunos aspectos, que luego expondré son mejorables, realmente sí ha cumplido con algunos de los conceptos básicos sobre Justicia Restaurativa, y que están inspirados en el padre de la Justicia Restaurativa, Howard Zehr.

Por eso, antes de examinar más profundamente algún aspecto del estatuto de la víctima, me gustaría partir de ciertas premisas sobre esta Justicia:

“El conductor que conducía el coche en el que murieron dos jóvenes, dio positivo en el control de alcoholemia. Uno de los fallecidos, era precisamente el hermano del conductor.”

Solemos tener tendencia a uniformizar y establecer mecanismos, casi matemáticos por los cuales el infractor es un ser “sin escrúpulos”, que ha delinquido con conciencia y voluntad y la víctima es un ser indefenso cuya vida (si es un delito con resultado de muerte) no ha sido valorada por el delincuente. Esto nos ayuda a hacer frente al delito de una forma racional y así poder hacer más fácil la respuesta a por qué el crimen y el necesario castigo al infractor.

El pasado viernes, el  gobierno aprobó el Estatuto de la víctima del delito, para reforzar sus derechos y garantías procesales. Esta norma hace de España el primer país en incorporar a su derecho interno, la directiva 2012/29/UE del Parlamento europeo y del Consejo de 25 de octubre de 2012 por la que se establecen normas mínimas sobre derechos, apoyo y protección de las víctimas de delitos y por la que se sustituyó (aunque algunos, aún hoy no se han enterado) la decisión marco 2001/220/ JAI del Consejo.

La importancia de esta norma puede enfocarse desde un punto de vista estrictamente victimológico o también desde una perspectiva mixta restaurativa-victimológica.

Cuando el otro día vi en un periódico, este titular: “una justicia restaurativa para presos de ETA”, me di cuenta que estamos promoviendo una visión de la Justicia Restaurativa, (que una vez más y al igual que la justicia tradicional), centrada en el infractor, olvidándonos de nuevo de las víctimas. Por supuesto, que la Justicia Restaurativa ayuda a las personas en general (víctima, infractor y comunidad) a restablecer los lazos quebrados tras el delito, sin embargo, olvidarse de que la víctima es el objetivo central de la Justicia Restaurativa es tanto como olvidar que surgió para hacer frente a las necesidades de las víctimas, en contraposición con la justicia tradicional que da papel protagonista exclusivamente al infractor y al Estado.

Cuenta una leyenda japonesa, “el hilo rojo del destino”, que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse a pesar del tiempo, del lugar y a pesar de las circunstancias. El hilo puede tensarse o enredarse pero nunca podrá romperse. Según esta leyenda, el hilo rojo invisible nos acerca a las personas en esta tierra y nos une a pesar de los inconvenientes.

Esta historia refleja a la perfección algo que es incuestionable, todos estamos conectados y lo que uno hace afecta a los demás y viceversa. La Justicia Restaurativa surge precisamente por y para las víctimas,  para ayudarlas a reconectar dentro de la comunidad, sin perjuicio que ayudándolas a ellas también lo hacemos con los infractores. Hoy hablo de reconectar, en lugar de reintegrar o reinsertar ¿Por qué?

Cada cierto tiempo sufro un deja vu porque cuando un crimen que ha creado alarma social, se juzga y sentencia, muchos no se cansan de proclamar infundadamente que en España, “sale barato delinquir”

Si anteriormente fue el juicio, ahora es la condena,  la que está acaparando todos los programas de televisión y es que parece que con el Caso Bretón nos estamos alejando de la realidad de que un padre mató a sus hijos, los quemó y fingió su secuestro. Digo esto, porque si uno ve la televisión,  el debate se centra en si cumplirá los cuarenta años a los que ha sido condenado, si a los veinte podrá salir en libertad, si con doce gozará de beneficios penitenciarios o si podría estar rehabilitado. Es un debate centrado en el delincuente de forma exclusiva, una vez más, parece que las víctimas y el daño sufrido han pasado a un segundo plano. Suele decirse que el Estado roba el conflicto y el delito a la víctima, sin embargo, frecuentemente veo como algunos medios, amparados en la libertad de información, se apropian del hecho delictivo y del dolor de las víctimas. El duelo por la pérdida terrible de los dos niños, no queda en la esfera privada de la madre y los familiares, sino que “deben” compartirlo con todo el mundo.

“La religiosa María Gómez Valbuena, conocida por Sor María tras salir del anonimato a raíz de la investigación sobre los niños robados, ha fallecido sin aclarar ante el juez su presunta participación en esta trama, ya que la única vez que compareció ante el juez se negó a declarar”

Efectivamente no se puede negar que los códigos penales actuales, como el español en su artículo 130 contempla como primera causa de extinción de la responsabilidad criminal: la muerte del reo. La justicia penal que representa al Estado (como víctima) recae sobre el infractor o presunto culpable, faltando éste, al que debe aplicársele la posible pena, entonces se extingue la acción penal y así se deja de perseguir el delito.

Me gusta el cine, lo reconozco, el clásico para mi es el mejor pero tampoco se puede despreciar las películas modernas. El cine siempre me proporciona alguna enseñanza y he decidido que tenía que unir dos de mis pasiones en un artículo como este: el cine y la justicia restaurativa ¿Imaginación? En absoluto. Todo empezó con Django Desencadenado, una película de acción con mucha sangre, típica de Tarantino, y lo cierto es que uno disfruta cuando ve sufrir a los malos, me vi reconfortada y riendo cuando el protagonista poco a poco va logrando su venganza y los “malos” reciben su castigo. Me gustó la película, no lo niego y cuando llegué a casa, me puse a reflexionar y me pregunté: ¿realmente creo en la justicia restaurativa? Porque esta película es claramente todo lo contrario: retributiva, fomenta la venganza y el ojo por ojo. La respuesta es fácil, claro que creo en la justicia restaurativa, esto es lo bueno de esta justicia que ante el daño y el sufrimiento, la reacción humana normal es el deseo de venganza pero esta justicia restaurativa más humana va más allá pues la venganza al final no satisface a las víctimas y no proporciona su curación total. Esta justicia no habla de ser blandos con los infractores, trata de confrontar al infractor con su acción delictiva y sobre todo revaloriza el papel de la víctima. Es ella la principal preocupación,  sin olvidar el castigo al culpable si fuera necesario. Lo que nos ocurre viendo películas como esta, no es otra cosa que la empatía, sí, efectivamente como seres humanos, la mayoría somos solidarios con el dolor de los demás, nos ponemos en su lugar y por eso la venganza forma parte de una manera de canalizar el daño y la ira de haber sufrido un delito o una acción injusta.

Las calles de Nueva Delhi registraron manifestaciones para clamar justicia  y exigir seguridad para las mujeres tras la muerte de la joven violada en un autobús por una pandilla de seis hombres. Los autores de la violación fueron detenidos. El secretario de educación Shashi Tharoor abrió este miércoles un debate al proponer una nueva ley que castigue más severamente las agresiones sexuales y lleve el nombre de la chica. Habitualmente se mantiene en el anonimato el nombre de las víctimas de crímenes sexuales para evitar que ellas o sus familias sean estigmatizadas”

Esta terrible noticia me lleva a plantearme una pregunta ¿con un simple endurecimiento de las penas se evitarían estas conductas tan terribles e inhumanas?