Martes, 26 de abril

Miro el papelucho de la segunda comunicación. El jueves a las 10 de la mañana he de estar listo y arreglado para recibir a mi parienta y a mi madre; quizás también aparezca el viejo, aunque lo dudo. Parece ser que esta encabronado conmigo. A mi peque, bueno…, no me queda otra que hablar con él casi a diario por teléfono. La madre no lo trae y me he de conformar con un, ¿cómo estás, mi amor?, ¿qué tal el cole?, y tus amigos, ¿tienes muchos?, ¿comes bien? Y otra serie de preguntas que en un minuto, a los sumo dos, he de soltar al pobre niño que apenas balbucea las respuestas y siempre termina con las mismas dudas:

Viernes, 15 de abril

Lo primero que hago cuando bajo, es pedir la vez para el teléfono; tengo que dar la buena nueva a Pati. Pero como es habitual, ya se han instalado cuatro mendas frente al aparato. Alguno esmachaca de uno de los kies del 6. Aquí hay dos, pero cuentan con un pacto de no agresión y tienen delimitas, por acuerdo tácito, sus funciones.

Miércoles, 06 de abril

Hoy ha salido el padre de los Jiménez de permiso. Es un gitano de pro, que vive en este módulo con su hijo menor. Otro de sus churumbeles, el primogénito, se encuentra encerrado en uno de los módulos duros por dos asesinatos. El padre es un cabrón. Todos los días se lía a hostias con Enrique, su hijo, con el que comparte módulo y chabolo. Pero es que Enrique se coloca a diario con el caballo. Me da lástima. Al viejo le trae al pairo que todos estemos presentes mientras lo hostia, y Enrique, ni mú, ni protesta ni alza la mano.